• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo Indie

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • El Correo de Andalucía
    • Diario de Sevilla
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • La Vanguardia
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Letra Global
    • Revista de Occidente
    • Orpheus
    • Geographica
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Los Aguafuertes
    • Las Tribunas
    • Crónicas Indígenas
    • La Noria
    • Cuadernos Apátridas
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

carlosmarmol

En busca de las fuentes de la ética

carlosmarmol · 6 marzo, 2024 ·

Los conceptos verdaderamente trascendentes en la historia cultural de la Humanidad carecen de una definición unívoca. Podríamos decir incluso que su importancia deriva precisamente de esta ausencia. De la secular falta de acuerdo entre lo que son y aquello que significan. La poesía, la más alta de todas las artes para los antiguos, lleva junto a nosotros desde el comienzo de los tiempos, pero ni los grandes poetas ni todos los filósofos de la literatura han sido capaces de condensar su significado en una descripción compartida y pacífica. Lo mismo sucede con el tiempo, como resume la celebérrima cita de Agustín de Hipona: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, lo desconozco”. Algo similar cabe decir de la ética y de su semilla, la moral, entre las que existen más o menos similitudes y diferencias según quién sea el autor que aborde la ardua tarea de distinguirlas. Fernando Savater, perito en la materia, diferencia la moral –los comportamientos que son considerados válidos dentro de una determinada tradición cultural, ya sea para un individuo o en el seno de una sociedad– del estudio de otras formas de comportamiento alternativas o disonantes con la propia experiencia.

Las Disidencias en The Objective.

Eduardo Mendoza y el maravilloso encanto de la novela de (sub)género

carlosmarmol · 1 marzo, 2024 ·

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha creado su obra narrativa a partir del juego de ingenios que puede establecerse entre las cosas y sus convenciones. Cumplidos de largo los ochenta años, y con casi una veintena de novelas publicadas, sin adentrarnos en su afición teatral ni en sus libros de ensayo, acaba de desmentirse a sí mismo –flirteaba con la idea de dejar de escribir como los adolescentes fabulan con el suicidio– con la publicación de Tres enigmas para la Organización (Seix Barral), un pastiche entre el género noir y la novela de espías que lleva al límite casi todos los rasgos de su narrativa: desacralización, irreverencia, deformación, ironía y un humor fluido que oscila entre lo lúdico y lo terrible y que, paradójicamente, nunca asusta y siempre conmueve. La decisión de continuar –de momento– escribiendo y hacerlo además sin alterar el rumbo de siempre denota que el novelista barcelonés todavía se divierte con lo que hace y no piensa abdicar de su propia trayectoria sin darle una nueva vuelca de tuerca. Mendoza no se sale de sus constantes: Barcelona como marco geográfico (preferido), un sentido de la intrascendencia que muchos confunden con la militancia en la posmodernidad y esa distancia inteligente que ayuda a mirar y a soportar este mundo extraño, tan absurdo, sin dramatismos.

Las Disidencias en Letra Global.

Plaza de España: ‘No trespassing’

carlosmarmol · 1 marzo, 2024 ·

“Sevilla no tiene montaña. Ella es la cumbre de sí misma, la cima ideal, el baluarte supremo”. Ocho años antes de que Alfonso XIII inaugurase la Exposición Iberoamericana en la capital de Andalucía, Manuel Chaves Nogales, entonces un periodista debutante con menos de 25 años, publicaba en La Ciudad –su primer libro– este superlativo elogio de su urbe natal por el procedimiento –infalible– de darle la vuelta a una carencia: la ausencia de un referente geográfico de altura. La frase parece haber sido dictada por un ingenuo orgullo patriótico, pero también puede interpretarse en clave irónica. En un sitio donde casi no existe el invierno –“sabedlo, en Sevilla no se envejece”–, en el que se denomina cuesta a cualquier calle que ascienda unos pocos metros sobre el nivel del río, donde a las ancianas todavía se les llama niñas y en la que la lluvia, como escribió Borges en un verso colosal, es un hecho que sin duda sucede en el pasado, la cumbre no está arriba, sino encastrada a ras de tierra.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

La España plural malversa unida

carlosmarmol · 29 febrero, 2024 ·

A estas alturas de la película –un cuento de terror para sus protagonistas; una tragicomedia expuesta ante la atónita mirada de los espectadores– no podemos asegurar con seguridad si el guión de estos primeros cien días triunfales del gobierno frentista que (todavía) preside el Insomne Sánchez –con sus insignes señores del muro– incluye antes la autodestrucción de quienes se sientan, ufanos, en la cúspide del poder político en España o se le adelantará la escena de la disolución del PSOE tal y como lo habíamos conocido hasta ahora. El orden de los factores siempre es importante: altera el producto resultante y, en estrictos términos de composición narrativa, de su eficaz disposición depende que la peripecia de la novela devenga en una pieza solemne o mude en un grotesto. Entre Shakespeare y Rafael Azcona, en los asuntos ibéricos, siempre nos inclinamos por la segunda opción. Cuestión de tradición.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

G.K. Chesterton y el misticismo del hombre corriente

carlosmarmol · 28 febrero, 2024 ·

A la obra literaria de G.K.Chesterton, señor del arte de la paradoja y luminaria del catolicismo inteligente, puede asignársele la hermosa frase que Novalis escribió en su novela Enrique de Ofterdingen: “¿A dónde vamos? A casa, siempre a casa”. Al margen de su colosal ingenio, de su envidiable sentido del humor –epítome de la fina ironía british– y de sus altas dotes como polemista y espadachín de las ideas, cualidades más que demostradas en sus libros, sobre todo en los ensayos, que agavillan su infatigable labor como periodista (culto y de culto), en sus escritos siempre se saborea un sustrato nostálgico que tiene que ver con su naturaleza espiritual y con la certeza de que la Modernidad expresaba una aspiración que muy pronto se convirtió en estafa. La filiación con Novalis se extiende a otros ámbitos: desde la noción del tiempo –que no deja de ser la convención de unas pobres criaturas que, hayan nacido en el siglo en el que hayan nacido, siempre están sometidas a la certeza (que es a su vez una incógnita) de la muerte– a la idea de Europa como una obra cultural de la tradición cristiana.

Las Disidencias en The Objective.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 74
  • Ir a la página 75
  • Ir a la página 76
  • Ir a la página 77
  • Ir a la página 78
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 514
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell