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Crónicas Indígenas

La huella de carbono

carlosmarmol · 4 noviembre, 2022 · Deja un comentario

El Quirinale, según su vocero, se siente muy orgulloso de su última gesta: una aplicación tecnológica para que los municipios puedan calcular la huella de carbono en su territorio. Al parecer, se trata de uno de los –sin duda extraordinarios– avances de la revolución verde que Il Presidentino ha encomendado personalmente al consejero almeriense Fernández-Pacheco (Ramón, el lince) en el contexto virtuoso de la economía azul. No sabemos si en San Telmo habrá algún daltónico, pero si de verdad nos creyéramos la retórica del escabeche –no es el caso– viviríamos sobre un torbellino, dado el impulso y la sucesión constante de novedades con las que cada día nos sorprende el equipo del Gran Laurel. ¡Qué maravilla! Confiamos en que este nuevo invento funcione al menos tan bien como el Radar Covid, otro hallazgo del que ya nadie de acuerda, tal es la velocidad con la que nuestros próceres saltan de la realidad (prosaica) al mundo (virtual) de la tecnología. No sabemos de qué se queja la gente si el Quirinale tiene una aplicación para todo: medir las veces que el Reverendísimo sonríe al día, calibrar las bondades de la rebaja de impuestos, analizar la cuota de influencia del Líder Transversal en Génova y hasta calcular el insignificante grado de oposición interna que queda en el PP tras la absolutísima del 19J y la absorción (fenicia) de los liberales naranjas, que han resultado ser tan materialistas como los marxistas, esas desinteresadas almas de Dios.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Queipo, sangre sin honor

carlosmarmol · 4 noviembre, 2022 · Deja un comentario

El destino es una moneda bifronte que, según sea el carácter de cada hombre, cae de un lado, pero que perfectamente hubiera podido inclinarse por la cara contraria. Los hagiógrafos de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (1875-1951) dibujan al caudillo golpista, general por orden deAzaña, consuegro de Alcalá-Zamora y, antes, seminarista en León, soldado en Cuba y militar tumultuario en el Rif, como un valeroso héroe que detuvo la amenaza de la turba marxista en el Sur de España en el verano de 1936, pero otros retratos algo más exactos del personaje, cuyos restos salieron en la madrugada del jueves de de la Basílica de la Macarena -construida en la posguerra gracias a una extorsión piadosa de colectas y sacas de dinero público ordenadas por el general, con ínfulas de señorito y pretensiones de duque- sobre el solar de Casa Cornelio, una antigua taberna anarquista destruida en 1931 por el gobierno republicano, lo retratan como un perfecto cobarde, que es una de las condiciones genéticas del traidor.»Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es», escribió Borges.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El optimismo y la calamidad

carlosmarmol · 1 noviembre, 2022 · Deja un comentario

El optimismo, que goza de buena prensa en el mundo contemporáneo, en general adolescente, es una actitud que nace según sople el viento. “El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres”, escribió el gran Karl Kraus. Es sabido que en política, además de convencer y cosechar votos, conviene dominar las artes del astrolabio: quien identifica una tendencia social cuenta con una indudable ventaja (política) para –como cantaba Radio Futura– “aprovechar la ola”. En el Quirinale, sin embargo, donde hasta ahora han gozado de un viento de cola constante –tres años sin una verdadera oposición social y política, sanchismo, atomización de la izquierda, hundimiento de Cs–, parecen haber perdido el sentido de la contención, cosa común cuando se obtiene –sin hacer nada– un triunfo absolutísimo. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

‘Felipe Fan Zone’

carlosmarmol · 30 octubre, 2022 · Deja un comentario

Veinte años, dice el tango, no son nada. Cuarenta son el doble de nada. Y, como escribió Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. El tiempo no perdona y las “ínclitas razas ubérrimas”, a las que cantó Darío, degeneran, aunque de forma dispar. Unos lo hacen acolchados por la pensión máxima (más complementos); otros, gracias a la generosidad que los socialistas –según su autorretrato– instauraron con el dinero de todos. La memoria es una mentira. Y González, héroe del acto en Sevilla por los 40 años de la mayoría de 1982, celebrado en el auditorio de Fibes, con su vibrante atmósfera de plata, transformado ayer en una Felipe Fan Zone, advirtió: “No pretendo decir la verdad, sino cómo viví aquello”. El personal, que ya venía rendido de casa, aplaudía entusiasmado, presto a oír el cantar de gesta (sin hexámetros) de cómo los hijos de Suresnes conquistaron la Tierra Prometida. El Moisés de Bellavista –el que tuvo, retiene– comenzó, igual que Homero en la Ilíada, con una evocación de Guerra, el ausente (por orden de Ferraz), obligando así al presidente del Gobierno a mentar “a Alfonso”, retirado en la paz de los desiertos de Santa Clara, su barrio en el Sur. González, al menos para su quinta, todavía conserva el conjuro. Habló media hora. Suficiente para provocar un silencio reverencial interrumpido únicamente por los aplausos. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Queipo de Llano en la Macarena

carlosmarmol · 28 octubre, 2022 · Deja un comentario

El teatro social perdura hasta el instante (definitivo) de la muerte. Cualquier cementerio es una constelación de vanidades yermas, una escenografía con un sinfín de pompas inútiles. Unos difuntos reposan en grandes mausoleos familiares, bautizados con el apellido de la estirpe; otros, en cambio, yacen en nichos humildes o en repositorios de cenizas olvidadas. Todas las religiones antiguas comienzan con el culto (sagrado) a los propios muertos, aquellos que un día nos precedieron sobre la tierra, pero en una sociedad donde las jerarquías no dependen del talento individual, sino de la riqueza legada, los camposantos aún reproducen inútilmente la escala social de los vivos y los deudos. A los muertos estos gestos no les afectan en su silencio infinito: un cadáver es igual a otro. Los restos de ausencias eternas. Apenas unos escasos metros de diferencia separan la tumba de Queipo de Llano, el asesino golpista que tomó el Sur de España para la causa fascista, del lugar donde se fusilaba a sus víctimas, asaeteadas sin juicio contra la muralla de la Macarena. Ese trecho, donde todos los años una inmensa multitud lanza piropos a una Virgen milagrosa, está colmado de oprobio.

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Ilustraciones: Daniel Rosell