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Disidencias

Amin Maalouf y el agotamiento de Occidente

carlosmarmol · 23 agosto, 2024 ·

Las culturas occidentales, nacidas en Europa y prolongadas en Estados Unidos, viven esta tercera década del siglo inmersas en una aciaga profecía que señala, con algo más que argumentos, su inevitable ocaso. Un canto del cisne entonado, en buena medida, por las propias sociedades de Occidente, en las que se ha instalado una honda sensación de vulnerabilidad. Los hechos son nítidos: la emergencia de China –el gran gigante asiático– y la amenaza de la Rusia de Putin, en guerra desde hace dos años con Ucrania, sumada a la espiral de violencia en Palestina, que vive la tragedia del enésimo enfrentamiento entre Israel y los países de la órbita musulmana, señalan que la capacidad de Occidente para gobernar el mundo ya no es la que desde la Segunda Guerra Mundial venía condicionando la geopolítica mundial. No estamos en la mejor hora de la Historia contemporánea. Esta certeza ha hecho que Amin Maalouf (Beirut, 1949), escritor libanés afincado en Francia, premio Príncipe de Asturias y miembro de la Académie française, se cuestione si vivimos realmente el hundimiento definitivo de la cultura europea y norteamericana o, en cambio, pasamos por una crisis seria pero de impacto coyuntural. El resultado de su reflexión es un ensayo político –El laberinto de los extraviados. Occidente y sus enemigos (Alianza)– donde intenta explicar las razones de este agotamiento y su consecuencia: la configuración de un nuevo (des)orden mundial.

Las Disidencias en The Objective.

Vidas, secretos y mixtificaciones de Josep Pla

carlosmarmol · 17 agosto, 2024 ·

Cualquier existencia, incluso la más vulgar, es un tesoro (desordenado) de instantes. Unos son públicos. Otros, íntimos. Los primeros perfilan la máscara de los personajes que, de forma voluntaria o tácita, todos interpretamos. Los segundos esconden, incluso en el caso de las personalidades egotistas, nuestros secretos, incluyendo los que tienen el poder de destruirnos. Esta regla infalible puede aplicarse a Josep Pla (1897-1981), sin duda, y mal que le pese a la cofradía de los nacionalistas e independentistas, el mejor prosista en catalán de todos los tiempos. Un escritor que sigue teniendo público más de cuarenta años después de su deceso e hizo por su lengua más que todos los académicos, mandarines y prebostes de la cultura catalana oficial, que no reconoce a quienes, desde Cataluña, han elegido escribir en español y manipula a aquellos que, escribiendo en catalán, nunca comulgaron con su indigenismo tribal.

Las Disidencias en The Objective.

Lawrence Ferlinghetti, un manifiesto (caprichoso) de memoria y poesía

carlosmarmol · 16 agosto, 2024 ·

“El mundo es un lugar hermoso / para nacer / si no te importa que la felicidad / no siempre sea muy divertida / si no te importa un toque del infierno / de vez en cuando / justo cuando todo está bien / porque incluso en el cielo / no se canta / todo el tiempo”. Lawrence Ferlinghetti (1919-2021), igual que otros autores de su misma generación, escribía con una fascinante combinación de oralidad e irresponsabilidad, filtrando la vida (prosaica) hasta obtener de esta experiencia de la vulgaridad, que a todos nos iguala, un fogonazo de sentido o un destello de magia. “Un hombre valiente y un poeta audaz”, dijo de él Bob Dylan, que lo conoció una mañana de 1965 –un instante fijado en el tiempo gracias a las fotos de Larry Keenan, que retrató al bardo de Minnesota junto a los escritores de la cofradía beat de San Francisco– en el callejón lateral de su librería de North Beach, City Lights Books, abierta siempre hasta mucho después de medianoche, frente al bar Vesuvio, donde solían parar todos –Allen Ginsberg, “el grandísimo trilero”, el bala perdida de Neal Cassidy, el inquietante William Burroughs o el enfurruñado Jack Kerouac– cuando exploraban las carreteras de la Costa Oeste, previo desvío (alcohólico) por los acantilados de Big Sur. Ferlinghetti aparece en esa foto de grupo con una chilaba marroquí a rayas, con la capucha puesta, acaso para disimular –lo haría a lo largo de toda su vida con sombreros y gorras– una calvicie incipiente. El pelo lo perdió pronto, pero las costumbres y prácticas ácratas nunca salieron de su mente.

Las Disidencias en Letra Global.

‘Fractal’: Trapiello abre la puerta de su ‘Salón de pasos perdidos’

carlosmarmol · 9 agosto, 2024 ·

En los diarios de Andrés Trapiello (1953) se oye crecer la hierba. La frase no nos parece del todo mala, sin que sea necesariamente buena, pero, igual que cantaba Machín en Corazón loco, el bolero que una vez bailaron nuestros padres en una remota aldea de la España provinciana, menesterosa y sentimental que ha desaparecido a medida que nosotros hemos ido cumpliendo años, merece una explicación. Y es ésta: quiere decirse que en el ciclo de libros enhebrados en esa sólida cadena que es el Salón de pasos perdidos, la vida sucede sin darse demasiada importancia, de forma directa y humilde y, por eso, es capaz de esculpir a su alrededor, con estos modestos materiales disponibles, una arquitectura hecha como de aire, con luces y sombras, transparente, dueña y señora de una naturalidad superlativa.

Las Disidencias en Letra Global.

La honestidad (brutal) de Henri-Frédéric Amiel

carlosmarmol · 7 agosto, 2024 ·

“Confiarse es exponerse y entregarse: pero ese valor conmueve a los corazones magnánimos”. Este es todo el secreto. La verdadera forma sagrada. El único método. Henri-Frédéric Amiel (1821-1881), el autor de esta frase, vivió poco tiempo y con tormento los sesenta escasos años que le deparó el destino, pero su trayectoria sobre la Tierra, más literaria que vital, nos dejó como fruto (artístico) un colosal Diario íntimo –17.000 páginas que suman hasta doce tomos– en el que cristalizarían las formas modernas de narrar algo tan vaporoso, trascendente y difícil como la intimidad individual. Nuestra pesadilla principal. Y también nuestro único tesoro. Si Gabriel Ferrater dejó escrito sobre Josep Pla que el gran prosista catalán nunca superó por completo el pavor que sufría a la hora de intentar relatar su ethos vivencial –el autor de El cuaderno gris fue un portentoso retratista y un prodigioso periodista, pero siempre escondió bajo la franqueza aparente de la literatura autobiográfica todos los grandes secretos de su vida–, de Amiel, un oscuro profesor de Filosofía en la Suiza de hace ahora dos siglos, hombre sombrío con aspecto de irremediable enfermo de espíritu, cabe decir justo lo contrario, porque su mayor aportación a la historia de las letras es haber creado el molde donde verter –sin traicionarse– y conservar –frente al tiempo– las reflexiones de una vida vulgar (como la de casi todos, por otra parte) que, a través de la escritura, puede convertirse en sabiduría imperecedera, aunque se formule bajo el disfraz y las fútiles convenciones de los calendarios.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell