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Disidencias

Max Aub y la España que olvidó la izquierda

carlosmarmol · 25 junio, 2022 · Deja un comentario

Para un escritor sólo hay un infierno más terrible que escribir en vano: que la huella que pueda quedar de su obra, aquella capaz de sobrevivir al desgaste del tiempo, se interprete de forma antagónica, sesgada o interesada al verdadero significado que la alumbró. Peor que no ser recordado en absoluto es haber sido manipulado. Max Aub (1903-1972) ha pasado a la historia de la literatura española como una de las voces más importantes de la generación del exilio, formada por honestos republicanos de convicción que, tras el final de la Guerra Civil, decidieron no regresar mientras su país fuera un predio militar franquista. Un cuartel. Esta España peregrina, poblada por personas de toda condición, creencias e ideología, se vio obligada a buscar amparo y refugio en otras latitudes europeas y latinoamericanas. No se jugaba el porvenir. Arriesgaban la vida misma. La derrota bélica en la contienda española obligó a algunos los mejores escritores y pensadores españoles de aquellos momentos a buscar  resguardo al otro lado del océano, dada la imposibilidad de quedarse en España y trabajar con libertad.

Las Disidencias en Letra Global.

Baudelaire, pantomima sobre esmalte

carlosmarmol · 11 junio, 2022 · Deja un comentario

“Puedo convertirme en un grande, pero también puedo extraviarme y no dejar más reputación que la de un hombre singular”. Siete años antes de morir, en junio de 1860, devorado por la combinación de una parálisis súbita (causada por la sífilis), una afasia y una hemiplejía, Charles Baudelaire expresaba en una carta a su madre sus aspiraciones de eternidad como artista, tamizadas por un sólido sentido del realismo que le hacía pensar que la diferencia entre alcanzar el Parnaso y morir en el fondo de callejón húmedo depende, al cabo, de un mero golpe de suerte. La idea encaja bien con la época que le tocó vivir: la modernidad más temprana, un universo en formación, que estallaba haciéndose de nuevo. Sin fronteras precisas. Donde lo excelso cohabitaba con lo abyecto, la vulgaridad convivía con el idealismo y las pulsiones carnales no se distinguían mucho de los quebrantos que anunciaba la vieja y cristiana teoría del pecado. El catolicismo ya era una creencia muerta, pero sus amenazas sobre el Infierno (tan terrestre) habían sobrevivido al deceso de Dios.

Las Disidencias en Letra Global.

Francisco Umbral y el punto de fuga

carlosmarmol · 4 junio, 2022 · Deja un comentario

de los anhelos íntimos de cualquier escritor es fijar, de forma absolutista y soberana, la exégesis de su obra. Su interpretación canónica. El significado del legado que, casi siempre de forma egoísta, aspira a dejar a la posteridad, en caso de que exista semejante cosa. Esculpir la huella individual y condicionar –para siempre– el sentido de sus palabras ante sus posibles herederos, principalmente los lectores, puede ser una tarea tan obsesiva y tiránica como la práctica de la escritura, esa tortura (gozosa) que se vive en soledad. No deja de ser un afán contradictorio: quien se dedica a escribir literatura debería aceptar de buen grado, aunque rara vez suceda, la servidumbre que implica que su obra pueda ser comentada, discutida, incluso manipulada; una vez escrita, es propiedad moral de su público, aunque los derechos de autoría, antes de caducar y pasar al dominio público, reverberen en su persona o vayan en beneficio sus deudos, especialmente las viudas, cuando se trata de un hombre. La tarea, sin duda, tiene algo de quimera: los guardianes del tesoro –la ley de cualquier vida terrestre es la extinción– desaparecerán antes o después e, incluso si otros suceden a los precursores en estas funciones de custodios y cancerberos del patrimonio ajeno –el talento, ya se sabe, no se hereda–, las huellas personales irán desdibujando sus límites en esa playa de arena mojada que es el tiempo.

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James Ellroy: nadie es hermoso de cerca

carlosmarmol · 22 mayo, 2022 · Deja un comentario

La violencia, según Max Weber, es un instrumento esencial de la acción política. También de la literatura, por mucho que la galaxia de ofendidos (con la realidad) que nos rodea imponga su adolescente anatema a todo aquello que les hace parecer mejores, sin serlo y, en el fondo, sin cambiar absolutamente nada. Conviene recordarlo: los primeros versos de la Iliada cantan la cólera de Aquiles, causa de una guerra sin la que no puede entenderse el nacimiento de la cultura occidental. ¿Vamos a cancelar a Homero por contar en hexámetros milagrosos esta evidencia? ¿Por no ser el primer apóstol del pacifismo? Sólo pueden pensarlo los ignorantes.La vida real, por desgracia, es generosa de calamidades sinnúmero e injusticias constantes, pero ignorarlas como materia artística, incurriendo en la adolescente catequesis cultural, equivale a instalarse en una nube y habitar en un mundo artificial alejado del barro de la verdadera existencia. Por eso resulta tan saludable el vigor que todavía conserva la novela negra en un contexto editorial entregado a las convenciones de lo políticamente correcto y condicionado por discursos que buscan la entronización de una ideología dogmática instalada en el monopolio industrial del victimismo y alérgica al pensamiento crítico.

Las Disidencias en Letra Global.

Cervantes, rastros de humanidad

carlosmarmol · 14 mayo, 2022 · Deja un comentario

“No existe mayor desprecio que no hacer aprecio”. El sabio refrán castellano describe, con su condensación cruel, el grado máximo de frialdad y distancia mutua que puede existir entre dos personas. Lo que no explica es que, en vez de estar causada por un conocimiento de los defectos del semejante, la ignorancia consciente proyectada sobre el otro es el puente perfecto para la fabulación sobre su naturaleza. Se trata de un fenómeno corriente: muchos odios nacen del arquetipo, por lo general apresurado, que fabricamos ante quienes nos encontramos al paso. Para elucubrar sobre alguien basta y sobra con exagerar, desconocer el rumbo de su vida o quedarse con la máscara estrecha que oculta su carácter. El significado de este retrato, como los lectores de un libro, lo ponemos nosotros. Y lo hacemos encantados. Sucede desde antiguo con Miguel de Cervantes. Apenas conocemos algunos datos contados de su vida cierta; en cambio, acumulamos miles de libros, estudios, tratados y biografías (algunas notablemente creativas) sobre sus supuestas hazañas sobre la faz de este mundo. De la primera cuestión tiene la culpa la escasa estima, consideración y fama que el autor del Quijote obtuvo en los círculos de influencia artística de la España de su tiempo, obsesionada con el dogma de la pureza de sangre. La segunda circunstancia se explica por el efecto de este vacío previo, que cada cierto tiempo –infinita, igual que la biblioteca imaginaria de Borges, es la bibliografía cervantina– intenta remediar algún ingenuo y censuran, con la ira propia de los devotos de una secta diabólica, los ilustres cervantistas.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell