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Los Aguafuertes

La Barcelona ‘zelestial’

carlosmarmol · 2 febrero, 2023 · Deja un comentario

El periodismo es una forma pacífica, sin dejar de ser incendiaria, de sembrar el pánico. A eso, y no a ninguna otra cosa distinta, nos dedicamos los que (todavía) tenemos como único oficio escribir en los periódicos, frente a aquellos que aparecen en los medios –muchachos, habitamos en una maravillosa galaxia transmedia donde disfrutamos de la esclavitud del periodismo multitarea– para darse un poco de lustre (imposible) a sí mismos. En efecto: es la inmensa falta de cariño la que puebla las redes sociales. La distinción entre los primeros y los segundos parece nítida: los periodistas ancien régime –que somos los realmente modernos, porque trabajamos a la contra– sabemos reírnos de nosotros mismos. Siempre. Llevamos años haciéndolo a fuerza de practicar la ruleta rusa de la sinceridad hasta donde tolera nuestra temeridad, que es considerable; los otros, llamémosles nativos digitales, en general funcionan como retrógrados (naturales) dada la exigencia actual de ser correcto y no ofender a nadie. Internet ya no es una república de libertos ni una suma de falansterios. Es una gran red (comercial) donde existe la censura tribal y, para progresar, conviene no importunar a nadie. Extraña manera (imposible, de hecho) de ejercer este viejo oficio de la irreverencia por escrito. Pero, como diría Kurt Vonnegut, “so it goes”.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

¿Puede resistir Sánchez sin Barcelona y Sevilla?

carlosmarmol · 19 enero, 2023 · Deja un comentario

G.K. Chesterton, infalible señor del periodismo ingenioso, tuvo la genialidad de proclamar que sólo un hombre que nada contra la corriente cuenta con la certeza –indudable– de sentirse vivo, aunque sea un instante antes de perecer. Nada tenemos que objetar: todos vivimos justo hasta el momentum catastrophicum en el que dejamos de hacerlo. Y quizás, a pesar de su naturaleza efímera, la agonía sea una de las altas cumbres de la vida, siquiera por ser la última. A tenor del ambiente con el que ha comenzado la carrera del 28M, el desenlace de la incógnita Sánchez –esa encrucijada entre supervivencia o deceso (político) en la que habita el Gran Insomne desde los comicios en Andalucía– cabe pensar que el presidente del Gobierno se encuentra en esta misma y apurada coyuntura. Todavía sigue vivo (libra una cruzada contra los sondeos, algunos de sus antiguos asesores; y hasta en contra de sus intereses, que ya sabemos que no coinciden con el bienestar general) pero acaso no demore demasiado, a lo sumo dos semestres, su posible funeral metafórico. Los electores, por supuesto, dirán. Después la matemática parlamentaria resolverá el misterio.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Ratzinger y los idus difuntos de enero

carlosmarmol · 5 enero, 2023 · Deja un comentario

Ninguno va a decirlo abiertamente, pero todos los gobernantes del mundo sin excepción, especialmente los democráticos, anhelan en su fuero interno un poder tan omnímodo como el que durante siglos se ha ejercido –y se ejerce– en la Santa Sede, desde donde, según la ortodoxia, se dirige a la iglesia por el designio sagrado de Dios. El anacronismo secular del Vaticano, un Estado que no distingue uno de los preceptos evangélicos a partir del cual se ha asentado una de las ideas más fecundas de la modernidad cultural –“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”–, supone, al tiempo que una extraña anomalía en el ámbito occidental, un teatro exacto sobre cuál es la verdadera esencia del poder terrestre, aquel que acostumbra a apelar al más allá para justificar su hegemonía en el más acá. El Papa ocupa la cúspide de una monarquía absolutista cuyo soberano único se elige por votación entre un cuerpo electoral previamente seleccionado desde el trono. Los católicos no eligen a su pastor. Lo hacen los cardenales.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Predio España

carlosmarmol · 22 diciembre, 2022 · Deja un comentario

Entre los sabios consejos y doctas prevenciones que Juan de Mairena, maestro de gimnasia y perito en retórica, daba en clase a sus alumnos, el ficticio profesor (sevillano) creado por el ingenio del poeta Antonio Machado, cuya sabiduría compite con la que Cervantes muestra en las pragmáticas del Quijote a Sancho Panza, gobernador in fieri de la ínsula Barataria, se incluye una recomendación que expresa un secreto hartazgo: “Preguntadlo todo, como hacen los niños. ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá? En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”. Parece imposible enunciar mejor el intenso aldeanismo de espíritu, antítesis del quijotismo universal, que lastra históricamente al paciente español. Ortega y Gasset también lo resumió –a su manera– en La redención de las provincias: “A seis kilómetros de Madrid, la influencia cultural de Madrid termina, y empieza ya, sin transición ni zona pelúcida, el labriego absoluto”. Disentimos, sin embargo, en un punto con el maestro en el erial: la capital de España no es ninguna excepción a esta regla. Más bien es el teatro de su evidencia.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

El mal nos hace mejores

carlosmarmol · 12 diciembre, 2022 · Deja un comentario

En 1710, el filósofo alemán Gottfried Leibniz escribe en sus Ensayos de Teodicea: “Vivimos en el mejor de los mundos posibles”. La afirmación causó un cierto escándalo –hubo críticas airadas por parte de Voltaire y, unos siglos más tarde, conminaciones rubricadas por Russell, una de las mentes más prodigiosas del pensamiento occidental–, pero trescientos doce años después la idea que defiende se ha convertido, sin que sus devotos lo sospechen, en una de las más sólidas convenciones de nuestro presente. Llámenla, si quieren, por su nombre prosaico: optimismo ingenuo, esa actitud que defiende la existencia de la bondad universal, con todas las evidencias en contra, y contempla el horizonte con una satisfacción cósmica. Leibniz tenía sus razones para considerar que el mal y la calamidad, que nos acompañan desde la cuna hasta el día en el que ponemos un pie en la tumba, tenían un sentido dentro de la creación. Podrían resumirse mediante una progresión lógica: Dios puede concebir infinitos universos, pero eligió el nuestro. Es el principio de razón –la causa suprema– lo que guía el entendimiento divino. Dios es bueno. Por tanto, el mundo creado por Él no puede ser más que perfecto. Es el mensaje del cristianismo, que adscribe la presencia del mal al albedrío del ser humano –réplica imperfecta del creador– o lo justifica por un (ignoto) beneficio superior. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell