“Si, después de morir, quieren escribir mi biografía, / no hay nada más sencillo. / Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte. / Entre una cosa y la otra, todos los días son míos”. Alberto Caeiro prevenía así, en uno de sus Poemas inconjuntos, a los desconocidos que acaso aspirasen a contar sus días y sus noches sobre la Tierra sobre la esterilidad de semejante intento, condenado de antemano al fracaso. Más allá de lo evidente, que son las fechas de llegada y de partida, las mismas que tradicionalmente han registrado los párrocos en las iglesias, nadie sabe nada de nadie. Sólo quien vive en primera persona conoce la verdad de su viaje. El resto son aproximaciones, meras navegaciones de cabotaje. Esta rotunda defensa de la intimidad existencial oculta, sin embargo, un gesto irónico. El único que sí escribió una biografía (inventada) de Alberto Caeiro fue Fernando Pessoa (1888-1935), su creador, que no sólo le concibió como uno más de sus sosias, sino que le dotaría de una línea biográfica sobre el vacío del tiempo.
Las Disidencias en The Objective.
