• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo 'indie' | Literatura 'underground' | Edición 'avant-garde'

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • La Vanguardia
    • The Objective
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • Diario de Sevilla
    • El Correo de Andalucía
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Revista de Occidente
    • Letra Global
    • Geographica
    • Orpheus
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Crónicas Indígenas
    • ‘Bestiarium’
    • Las Tribunas
    • Los Aguafuertes
    • La Noria
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

The Objective

España: siempre y todavía

carlosmarmol · 23 mayo, 2026 ·

Los grandes libros de viajes, igual que las fotografías míticas, hechas en ese instante decisivo sobre el cual Henri Cartier-Bresson sustentase su particular filosofía de la creación visual, retratan un momento y un lugar concretos en el tiempo que, por su propia naturaleza, son pasajes efímeros, fugaces, incluso azarosos en su extraña perfección, pero que, gracias a la literatura –y a la perspectiva del viajero– quedan fijados en la eternidad. Sus protagonistas, por supuesto, mueren y desaparecen; y sus enclaves, que a veces son las rotundas geografías históricas y en otras ocasiones se presentan como espacios sine nobilitate, vulgares, se ven alterados por el curso del tiempo. Y aún así, milagrosamente, persisten en su ser, como diría Spinoza, exactamente igual que si estuvieran vivos. Los fotógrafos, según Cartier-Bresson, deben disparar su cámara para capturar ese segundo exacto en el que toda esta magia de lo espontáneo adquiere su sentido. 

Las Disidencias en The Objective.

Epicuro y la sabiduría de un mundo sin dioses

carlosmarmol · 16 mayo, 2026 ·

Un grupo de arqueólogos, basureros del pretérito y desenterradores de los fósiles sagrados del pasado, se topó a mediados del siglo XVIII con una colección de diminutos troncos quemados entre las ruinas grises de la antigua urbe romana de Herculano, situada en una de las laderas del monte Vesubio. Algunos se deshicieron en sus manos al tratar de liberarlos de las cenizas petrificadas; otros sobrevivieron a la erupción volcánica que en el año 79 d.C. destruyó la ciudad y la villa agrícola del patricio Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, suegro de Julio César. Eran los papiros de una biblioteca desaparecida, salvados milagrosamente de la erosión del tiempo. El responsable del hallazgo, Karl Jakob Weber, que había abierto una red de túneles para rastrear el terreno, calibró que probablemente pertenecían a una desaparecida finca de recreo que debió atesorar hasta 1.785 rollos de escritos antiguos, empaquetados de forma apresurada para un traslado urgente que acaso impidieron los gases, las cenizas, el fuego y la lava.

Las Disidencias en The Objective.

César Aira y el arte de la ‘nouvelle’

carlosmarmol · 9 mayo, 2026 ·

Hay libros que carecen de una forma definitiva y canónica, del mismo modo que una canción –véase al respecto la obra de Bob Dylan– está abierta a múltiples interpretaciones y constantes variaciones, muchas de ellas muy alejadas de su origen. La literatura tiene algo de partitura: aunque estén fijados por escrito, los textos no cobran vida hasta que un lector –que es su intérprete– se la confiere. Si la música sucede en un instante fuera del tiempo, que siempre es presente, aunque la fecha de la composición sea milenaria, hay quien, como César Aira (1949), juega con estos mismos elementos para explorar el territorio de la ficción. El escritor argentino, cuya trayectoria literaria comenzó con libros muy breves, publicados en editoriales diminutas e independientes, y concebidos a partir de calambres personales, acaba de publicar La sala (Random House). Un delicioso divertimento de 92 páginas escrito originalmente en francés hace tres décadas –publicado por el sello Éditions Minuit en 1996– que ahora vierte él mismo al español, su lengua materna. Se trata de un sabio ejercicio artístico que plantea dos cuestiones interesantes. 

Las Disidencias en The Objective.

Walter Benjamin según el duque (consorte) de Alba

carlosmarmol · 2 mayo, 2026 ·

Sostenía Juan Ramón (Jiménez), y acostumbra a repetirlo Andrés Trapiello,  que ha hecho suya la frase, que “en edición diferente los libros dicen cosas distintas”. Es verdad. Acaso por eso, con independencia de la calidad que tenga una obra literaria, que es un debate distinto y, por fortuna, infinito, hay determinadas versiones de los libros que adquieren la condición de sagradas, que no es exactamente lo mismo que la naturaleza canónica. Entre las primeras acostumbra a citarse el manuscrito del autor –que es y no es un libro–, la prueba de trabajo de los impresores y la edición princeps, la primera impresa de cualquier obra y, en ciertos casos, la que adquiere (ante la ausencia de las primeras) la condición de histórica. Son objeto de culto para los bibliófilos y un tesoro para los bibliómanos.  Existen, sin embargo, otras ediciones, ajenas a esta condición germinal, que se tornan míticas no tanto por ser el origen material de una obra de arte cuanto por fijar y difundir –más y mejor– un determinado libro.

Las Disidencias en The Objective.

Karl Rosenkranz y el arte de la vulgaridad

carlosmarmol · 25 abril, 2026 ·

Todas las formas religiosas institucionales –esto es: las iglesias– necesitan de la ortodoxia tanto como el arte, convertido en una religión alternativa por la modernidad, requiere de una preceptiva, práctica que en general asociamos a la cultura clásica pero que, aunque se camufle, también palpita detrás de la revolución romántica y en los manifiestos de las enfáticas, y a menudo fugaces, vanguardias. De una forma u otra, los movimientos culturales y artísticos, igual que los seres humanos, predican sus propias creencias, aunque no siempre las practiquen, porque ansían la hegemonía. No existe religión sin herejes ni ortodoxia sin su antónimo. También el arte aspira –y en ocasiones logra– fijar una doctrina ideal, convertirse en pauta, traducirse en norma. Es entonces cuando su conexión con la vida se quiebra, porque lo que en una determinada época histórica se convierte en convención cultural a la siguiente puede devenir en arqueología. Estos cambios de criterio, que son la materia de estudio de la Historia de las Ideas, deben ser entendidos como un inequívoco síntoma de vitalidad. El arte que no evoluciona y cambia sin cesar, o que no se cuestiona a sí mismo y a su tradición, como los hombres, acaba siendo creación muerta o, en el mejor de los casos, un arte difunto, aunque atesore la esperanza de resucitar bajo otra máscara, otro nombre o en el tiempo del porvenir.

Las Disidencias en The Objective.

Norberto Bobbio y el pie en el estribo

carlosmarmol · 18 abril, 2026 ·

“Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”. Así describe Cervantes, en el venerable prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su historia septentrional, una novela postrera de orden bizantino, que además fue póstuma, el pálpito insidioso de esa hora decisiva que todos llamamos muerte. La expresión no es original, sino herencia de una tradición que vinculaba el final de la vida con la pieza de metal, madera o cuero –dependiendo de los posibles– que ayuda al jinete a subirse o bajarse del caballo y que, en Cuba o en México, da nombre al último trago tras una noche de parranda. “Ayer me dieron la Extremaunción (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia”, explica el escritor –el 19 de abril de 1616– a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, a quien dirige su lamento. Cervantes se sabía mortal –padecía hidropesía: bebía agua sin parar, probablemente debido a una diabetes–, y su endecha no oculta, ni inventa, lo irremediable: “Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. No existe canto más hermoso a la vida que aquel que se entona en el momentum de la muerte o durante su preludio habitual, que es la vejez. 

Las Disidencias en The Objective.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Ir a la página 2
  • Ir a la página 3
  • Ir a la página 4
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 18
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell