La crisis de soberanía provocada por la invasión magrebí de Ceuta, cuyas proporciones asombran incluso una semana después de los hechos, tiene desde comienzos de agosto su correspondiente reverberación en Andalucía. El trayecto (en barco) entre Algeciras –capital del Campo de Gibraltar– y la ciudad española del otro lado del Estrecho no alcanza ni las veinte millas náuticas. En términos terrestres esta distancia ronda los treinta kilómetros. La separación entre ambos continentes, frontera entre dos civilizaciones y dos religiones, se salva en una hora. Todos los días una veintena de barcos surcan en ambos sentidos las aguas del Mediterráneo, uniendo la Península con la urbe norteafricana, incorporada en 1580 a la Monarquía Hispánica. Los vínculos culturales entre Ceuta y Andalucía son seculares. Anteriores a la designación de la primera como ciudad autónoma y a la proclamación de la segunda como autonomía. Están unidas por el comercio, la población y una interdependencia de orden práctico que abarca desde la universidad a la organización judicial. Ceuta es una suerte de novena provincia.
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