“Donde hay poca justicia es peligroso tener razón”, escribió don Francisco de Quevedo y Villegas, gloria de nuestro Siglo de Oro. Más de medio siglo más tarde, Voltaire, el impertinente ilustrado francés, explicó que esa temeridad consiste, sobre todo, en el acto temerario de contradecir los argumentarios del gobierno, señalar ante el público sus errores y denunciar sus caprichos. Una centuria y media después, Friedrich Dürrenmatt, dramaturgo suizo, condensó esta misma idea en una frase: “Son tristes los tiempos en los que uno debe luchar por lo que es evidente”. El periodismo consiste en estas tres cosas. Contar lo que sucede de la forma más exacta posible, abriendo a machete un sendero limpio en mitad de la infinita selva de las mentiras interesadas; sacarle los colores al poder –da igual su signo y quienes sean sus embajadores– y documentar la verdad, le pese a quien pese.
Las Disidencias en The Objective.
