Volar es un privilegio que el Altísimo, por decirlo en estrictos términos cristianos, no otorgó a los hombres, sino a las aves. Todo lo que sube –recuerden el mito de Ícaro– un día desciende. La ley de la gravedad, que es una de las claves que explican la historia de las artes, no admite más excepciones que las circunstanciales. Por mucho que el Quirinale quiera hacer creer que la victoria (amarga) de Moreno en Andalucía no es más que un contratiempo, ellos mismos saben de sobra que en política se puede ganar perdiendo y viceversa. Y esto es lo que ha sucedido en la gran autonomía del Sur, desde la Marisma a esa otra Andalucía (la oriental) donde –como dice Manuel Arias Maldonado, politólogo– el río Guadalquivir, sencillamente, no les consta. El ingenio de los malagueños discute que el alma de Andalucía se limite al valle del Guadalquivir, cuyo centro de gravedad es el antiguo Reino (castellano) de Sevilla, del mismo modo que el Gran Laurel, despojado de su absolutísima, nunca llegó a entender que llamar “lío” a la tarea de gobernar desvelaba su escaso interés por cambiar nada en la misma autonomía que hace cuatro años lo coronase como virrey.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
