El curso político que comienza este mes de septiembre en Andalucía, en términos estrictos, no va a ser técnicamente nuevo. Simplemente parece novedoso y, con bastante probabilidad, acabará siendo tormentoso. Moreno Bonilla se marchó de vacaciones en agosto –interrumpidas por el incendio de Niebla (Huelva), el más devastador de la historia desde que existen registros– con el agrio sabor de boca que causa la resignación mal digerida. El Gran Laurel vive, igual que las flores de estación, una fase marchita. No tuvo más remedio que asumir el principio de realidad –ya no cuenta con una mayoría propia y tiene que pactar con Vox para casi todo– pero continúa sin mostrar mucha voluntad por naturalizar esta situación de dependencia crónica que va a marcar la legislatura recién estrenada.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
