Luis XIV de Francia, al que en Versalles los cortesanos y los poetas a sueldo comparaban sin cesar con el Sol, en una asociación que en su época perseguía exaltar su poder absoluto, pero que más de tres siglos después de su muerte admite una lectura irónica, sostenía que la primera impresión que uno se hace de alguien siempre es la más natural. Y añadía: “Una decisión del monarca siempre es legal porque deviene de mi persona”. Algo similar cabe decir del pulso que libran el PP y Vox en Andalucía a cuenta del acuerdo político que debería permitir arrancar la legislatura. La diferencia entre el siglo XVIII francés y el Sur de España en el primer cuarto del siglo XXI es que ya no se trata de una exageración cortesana, sino de una pieza de enredo cómico. Sin la primitiva dignitas latina.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
