No hay más que inventarse un adversario externo para huir de uno mismo y, de paso, disimular tus debilidades y contradicciones con el socorrido argumento –en realidad, peregrino– de la defensa de una patria (autonómica) en la que no creen ni aquellos que la encarnan. Dos meses y medio después del pacto entre el PP y Vox en Andalucía –que allanó la tercera investidura como presidente de Moreno Bonilla– el saldo del nuevo ejecutivo de coalición entre las dos derechas (indígenas) no es no sea brillante o prometedor. Es que sencillamente no existe. Cero absoluto. El Quirinale, tras digerir –con sumo desagrado y a la fuerza– que ya no cuenta con una mayoría parlamentaria propia, y entregarse en manos de los ultramontanos, ha optado por asumir el tono y el fondo del programa de Vox e instalarse en una inacción crónica que no es que sea nueva –los dos gobiernos anteriores del PP nunca destacaron por su capacidad de iniciativa política– pero que, dada la debilidad de Moreno, se ha institucionalizado.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
