“Sentada en el tren me siento suspendida entre el pasado y el futuro, igual que un fantasma que atraviesa la tierra”. Nunca pudo sospechar Virginia Woolf, seducida por el sortilegio del paisaje en movimiento sucesivo que veía desde el vagón, lo exacta que un día lejano sería esta imagen íntima. Para las 69 víctimas mortales del accidente ferroviario de Urda (Toledo), que ha destrozado las vidas de los muertos, el porvenir de los heridos, la imagen internacional de España y ha situado al Gobierno del PSOE y Sumar en el fondo de un pozo moral y electoral, ya no existe el presente ni el futuro. Absolutamente todo se han convertido en un pasado ciego. Orlando Figes explica en su ensayo Los europeos (Taurus), dedicado al nacimiento de la cultura cosmopolita en el Viejo Continente, que fue el tren quien realmente creó la Europa del XIX desde una perspectiva geográfica y conceptual. Hasta entonces, para recorrer el territorio que va desde Londres a San Petersburgo, o desde Hamburgo a Sicilia, había que cruzar el mar en barcos de vapor y surcar la tierra en carruajes y diligencias.
Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.
