Estar parado, además de ser una desgracia, se ha convertido en un estigma. Que a uno lo despidan carga toda la responsabilidad de la situación en la víctima, en lugar de hacerlo sobre el verdugo. Perdónenme la crudeza, pero una resolución de contrato –como llaman los abogados de empresa a un despido– viene a ser como un funeral: hay un muerto (tú), un verdugo que, como en las películas de Berlanga, dice que lo siente mucho pero es su oficio, y un largo duelo que abarca a los familiares y a los amigos (que a partir de entonces te queden).
Política
Bajada de impuestos, incertidumbre electoral
La desesperación hace milagros. Zoido (Juan Ignacio) ha decidido que su tercer año de mandato (ya no podemos decir triunfal, aunque así empezase) va a baja los impuestos a los sevillanos. Aleluya, dirá alguno. Conviene tener prudencia: la rebaja fiscal anunciada esta semana por el alcalde hispalense puede ser más relativa de lo que se augura en función de lo que haga el Estado central con el resto de sus figuras tributarias. A la espera de ver en qué queda la cosa, los datos oficiales indican que el descenso general en este tributo local será el próximo año de un 13%, lo que se traduce en un ahorro teórico de 52 euros al año en la factura del IBI. El impacto que esta decisión tendrá en las arcas municipales asciende a 33 millones de euros.
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El sentido de culpa
La cosa aburre. Llevamos años oyendo la misma cantinela sin que sirva para nada, excepto para buscar excusas con las que poder disfrazar la incapacidad sostenida en el tiempo. Esta semana el alcalde Zoido (Juan Ignacio) ha vuelto a acusar a la Junta de Andalucía de poner freno a sus proyectos, con independencia de cuál sea su naturaleza. Lo de siempre: el PSOE pone arena en los engranajes municipales; suponiendo, claro está, que haya engranajes. Yo no lo daría por seguro. El alcalde lleva así desde el mismo momento en que llegó a la Alcaldía, hace ya dos años largos.
El poblado ibero
No sé si se han fijado, pero de un tiempo a esta parte casi todas las exposiciones que se celebran en Sevilla están promovidas por la Caixa. Antes y ahora. El relativamente reciente redescubrimiento sevillano de la escultura urbana, que es una cosa muy vieja que viene de los clásicos, pero que teníamos bastante olvidada por estos pagos tan calurosos, se lo debemos, por ejemplo, a la institución catalana. En su día cedió a Monteseirín una serie de grandes piezas escultóricas –se dijo que muchas de ellas se compraron, pero nadie sabe exactamente dónde se guardaron– para que el ex regidor dispusiese del paisanaje cultural necesario para parecer europeo, sin serlo, cada vez que inauguraba alguna de las nuevas ágoras del centro, que él creía jalones de su gestión. Ejemplos de la nueva Atenas sevillana.
La espuma de los días
La infamia suele vestirse con terno de caballero respetable, como si acudiera todos los días a misa de a doce. Es curioso que en estos tiempos miserables, cuando la crisis saca de nosotros lo mejor y lo peor, algunos de los mayores impostores que he conocido parecen encarnar a seres perfectamente ordinarios, normales, educados. Hasta se diría que ejemplares. El impío espejismo de la educación y las costumbres nos permiten disfrazar nuestras miserias hasta convertir en sorprendente lo ordinario, que es una certeza: demasiadas veces el diablo se disfraza de hombre de paz.
