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Obertura andalusí

carlosmarmol · 26 abril, 2026 ·

El telón ya está arriba y, sobre el escenario de las elecciones andaluzas, que en Madrid y en Barcelona se interpretan como un preludio de las generales, las dos derechas prosiguen el pulso que en Extremadura, Aragón y Castilla-León se ha saldado con tablas. Dependencia en Mérida y en Zaragoza; y un bajonazo, por usar un fértil símil taurino, en Valladolid. Los ultramontanos presentan a un candidato que es –por decirlo con Josep Pla– un encarregat, y hacen un relato alarmista que impugna la historia oficial de la autonomía, escrita con las ensoñaciones de los viejos andalucistas y de las izquierdas minoritarias de finales de los años setenta. “No votéis a Juanma Moruno”, grita Abascal, un vasco cuyo perfil recuerda más a los berberiscos que capturaron a Cervantes que a un cristiano viejo. Todos somos mezcla. Y Andalucía, territorio geográfico y nombre de la España meridional, más si cabe.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Karl Rosenkranz y el arte de la vulgaridad

carlosmarmol · 25 abril, 2026 ·

Todas las formas religiosas institucionales –esto es: las iglesias– necesitan de la ortodoxia tanto como el arte, convertido en una religión alternativa por la modernidad, requiere de una preceptiva, práctica que en general asociamos a la cultura clásica pero que, aunque se camufle, también palpita detrás de la revolución romántica y en los manifiestos de las enfáticas, y a menudo fugaces, vanguardias. De una forma u otra, los movimientos culturales y artísticos, igual que los seres humanos, predican sus propias creencias, aunque no siempre las practiquen, porque ansían la hegemonía. No existe religión sin herejes ni ortodoxia sin su antónimo. También el arte aspira –y en ocasiones logra– fijar una doctrina ideal, convertirse en pauta, traducirse en norma. Es entonces cuando su conexión con la vida se quiebra, porque lo que en una determinada época histórica se convierte en convención cultural a la siguiente puede devenir en arqueología. Estos cambios de criterio, que son la materia de estudio de la Historia de las Ideas, deben ser entendidos como un inequívoco síntoma de vitalidad. El arte que no evoluciona y cambia sin cesar, o que no se cuestiona a sí mismo y a su tradición, como los hombres, acaba siendo creación muerta o, en el mejor de los casos, un arte difunto, aunque atesore la esperanza de resucitar bajo otra máscara, otro nombre o en el tiempo del porvenir.

Las Disidencias en The Objective.

Jaime Gil de Biedma, segundo retrato

carlosmarmol · 24 abril, 2026 ·

El día que Jaime Gil de Biedma (1929-1990) escribió que en sus poemas sólo existían dos asuntos –“el paso del tiempo y yo”– estaba tendiéndonos una celada. Porque, si uno lo piensa, el decurso de los días, los meses y los años, la condena (a muerte) del calendario, es el factor que más trastoca la personalidad individual. Y el sujeto de su poesía, la voz que enuncia –y se enuncia– en sus mejores versos, falsamente prosaicos, ni es idéntica  ni se asemeja por completo al timbre del Ciudadano Gil de Biedma. De forma que la poesía del gran poeta barcelonés del medio siglo, cuyo legado no ha sido destrozado por el tiempo, cosa que no siempre puede decirse de sus coetáneos y de sus compañeros de generación, sugiere pero no desvela en su totalidad las inquietudes del hombre. Cosa natural. El poeta encarna una voz inmortal, el individuo representa una presencia terrestre. Gil de Biedma tiene la virtud de ser un escritor que, con independencia de la época histórica en la que se le lea, siempre suena a presente. Su árbol no es de hoja caduca

Las Disidencias en Letra Global.

Manual del candidato al que (casi) nadie hace caso

carlosmarmol · 24 abril, 2026 ·

Las demandas públicas y el sentir privado son cosas bastante diferentes. Quizás por eso, a menos de un mes escaso para las inminentes elecciones autonómicas en Andalucía, habría que recordar aquello que dejase escrito Alexander Pope, augusto e ilustre poeta del siglo XVIII británico: “Bienaventurado el que nada espera de nadie: nunca sufrirá un desengaño”. De forma análoga cabe medir el tono civil en el Sur de España en esta cuenta atrás para el 17M. Los candidatos de las elecciones meridionales no saben bien qué hacer, salvo tirar de manual,  para que la gente les haga caso, aunque no está claro si sus dificultades para captar la atención general se deben al calendario –Sevilla celebra esta semana la Feria de Abril– u obedecen a la ausencia de una verdadera pulsión social. En el segundo caso, para muchos sería un problema. La atonía, de todas formas, beneficia al presidente de la Junta, que adelantó la fecha de la votación para resolver cuanto antes el trance, a sabiendas de que será el candidato más votado de todos aunque no tenga garantizada –basta con que cuatro grupos parlamentarios saquen un diputado más que hace cuatro años– su segunda mayoría absoluta. 

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Príncipes y mendigos de la edición

carlosmarmol · 23 abril, 2026 ·

“Existen muchos libros que son olvidados de forma inmerecida, pero ninguno de ellos es recordado sin méritos”. El poeta británico W.H. Auden describía de esta forma la extraña lotería de Babilonia –por usar el título de un célebre relato de Jorge Luis Borges– que, igual que el famoso gesto del pollice verso en el Circus Maximus de Roma, decide la suerte de un gladiador que ha caído vencido sobre la arena tras una ardua batalla: muerte o clemencia. A una arbitrariedad análoga están condenados muchos de los libros que cada semana llegan a los estantes de novedades (ma non troppo) de las librerías. “El espectáculo de la literatura es de risa. Yo me parto asistiendo a sus canalladas y miserias; es como ver una sesión de teatro del absurdo”, contaba Roberto Bolaño, el último autor en español con una gloria (póstuma) de orden planetario. Como diría Jaime Gil de Biedma, la verdad amarga asoma en el augurio de Bolaño: “Todos estamos condenados al olvido, a la desaparición no sólo física, sino total: no hay inmortalidad”. Se trata de un hecho indiscutible: todos moriremos un día y no hay obra humana que perdure. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Norberto Bobbio y el pie en el estribo

carlosmarmol · 18 abril, 2026 ·

“Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”. Así describe Cervantes, en el venerable prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su historia septentrional, una novela postrera de orden bizantino, que además fue póstuma, el pálpito insidioso de esa hora decisiva que todos llamamos muerte. La expresión no es original, sino herencia de una tradición que vinculaba el final de la vida con la pieza de metal, madera o cuero –dependiendo de los posibles– que ayuda al jinete a subirse o bajarse del caballo y que, en Cuba o en México, da nombre al último trago tras una noche de parranda. “Ayer me dieron la Extremaunción (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia”, explica el escritor –el 19 de abril de 1616– a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, a quien dirige su lamento. Cervantes se sabía mortal –padecía hidropesía: bebía agua sin parar, probablemente debido a una diabetes–, y su endecha no oculta, ni inventa, lo irremediable: “Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. No existe canto más hermoso a la vida que aquel que se entona en el momentum de la muerte o durante su preludio habitual, que es la vejez. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell