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Álvaro Cunqueiro, gloria y linaje de los Montenegro

carlosmarmol · 2 enero, 2026 ·

De mayor, Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981) tenía un vago aspecto de obispo. Era alto y obeso, tenía buen saque y ejerció, junto a su admirado Néstor Luján, como dedicado crítico gastronómico. Mostraba un rostro condescendiente ante los pecados de la carne y el espíritu, quizás porque él mismo los había conocido en primerísima persona en una vida anterior, igual que Agustín de Hipona, que sin embargo alcanzaría la santidad. De rapaz –como diría él mismo en su lengua materna, que usó, sobre todo, para escribir poesía–, se asemejaba mucho a un seminarista. El hábito no siempre hace al monje, pero lo contribuye. Aunque en el caso concreto de Cunqueiro, que vino al mundo con un primer apellido expresivo e inolvidable, pero al que quiso añadir tras el nomen maternola ilustre gens de los Montenegro –segundo apellido de su padre y muestra de su lejano parentesco con los Valle-Inclán–, no está muy claro si la devoción literaria antecedió a la vida o sucedió lo contrario. Cunqueiro, conviene aclararlo desde el principio, inventó a Cunqueiro. Quiere decirse que su mayor creación (artística) fue él mismo, hasta el punto de que no puede desligarse su persona de su máscara. Ambas son una.

Las Disidencias en Letra Global.

El tornaviaje electoral

carlosmarmol · 2 enero, 2026 ·

La prospectiva electoral, cuyos augurios equivalen en nuestros tiempos a los pronósticos del sagrado oráculo de Delfos, al que toda la Antigüedad preguntaba por su futuro, funciona igual que los adivinos en las tragedias de Eurípides: en general cuentan mentiras y dicen cosas incomprensibles; de vez en cuando, sobre todo cuando aciertan, relatan algunas verdades. A seis meses de las elecciones autonómicas en Andalucía, que llegarán tras las batallas de Aragón y Castilla-León, las cábalas de los partidos señalan en una dirección y los discursos de los candidatos, incluso los de la vicepresidenta María Jesús Montero y su guadianesca candidatura, en otra.  Ninguno dice la verdad. Los políticos porque no quieren y las encuestas porque no pueden, dado que –como señaló Goethe– la verdad es semejante a Dios: no se revela de una vez; debemos adivinarla a partir de sus manifestaciones, igual que los marinos usaban el astrolabio para saber la posición de las estrellas, calcular la latitud y medir las distancias oceánicas.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

‘Proustiana’ de Año Nuevo

carlosmarmol · 2 enero, 2026 ·

Larra, articulista y suicida, escribió tras el delirio navideño de una mala noche que el corazón humano necesita creer en algo. Sobre todo en las mentiras. La ausencia de verdades condiciona la vida mucho más que la disciplina o la rigurosidad. La mentira, como es sabido, es el material esencial de la ficción y, entre sus variantes, desde antiguo figura el género de la literatura fantástica, convertida en esta nueva edad tecnológica en la mejor forma de realismo. También son ficticias las supersticiones. Incluso la ciencia. ¿O acaso una hipótesis científica, avalada por la experiencia, no puede ser enmendada si la realidad cambia? Todo es fábula. “La cuna del hombre la mecen con cuentos, / los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / el llanto del hombre lo taponan con cuentos, / los huesos del hombre los entierran con cuentos, / y el miedo del hombre / ha inventado todos los cuentos”(León Felipe).

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Isla Prosperidad

carlosmarmol · 1 enero, 2026 ·

Que el tiempo nos devora, igual que un cáncer, lo sabemos todos. Lo supo también Henry Miller después de constatar el asesinato de todos los dioses del pasado y del presente que, de alguna forma, encarnan a nuestros progenitores. “El héroe no es el tiempo, sino la intemporalidad”, escribió el novelista norteamericano. “Marcamos el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No existe escapatoria. El tiempo no va a cambiar”. Deberíamos, por tanto, considerar una inmensa suerte el hecho de poder asistir al espectáculo de esas vidas ajenas que acaban mal –todas, sin excepción, aunque mientras suene la música y dure el baile el mundo parezca maravilloso– tanto como contemplar a aquellos que encabezan el pelotón de galeotes lamentar la falta de sensibilidad de quienes les sucederán, que a su vez empiezan ya a escuchar la impugnación de los que son más jóvenes. Entre las edades del hombre, que pueden representarse bajo la forma de un viacrucis, no existe armonía ni tampoco progreso. Todo se reduce a un acto sucesivo de resignación. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Los rastros de Cervantes

carlosmarmol · 27 diciembre, 2025 ·

Todos los grandes hombres merecen, como mínimo, un libro sobre su vida. Los genios, cuya obra y personalidad no cabe en un estrecho volumen, en cambio, requieren toda una enciclopedia. La distinción no se debe tanto a una cuestión jerárquica, que también, porque en el ámbito de la cultura existe una prelación natural, sino a una razón práctica: los artistas que han dejado una huella perdurable en nuestra civilización, que la han, por así decir,  configurado –hay rastros pasajeros que acaba borrando el tiempo–, para ser comprendidos por completo necesitan un abordaje panorámico, un análisis desde diferentes perspectivas, porque lo que hicieron no fue sólo crear obras admirables, sino configurar nuevos universos. En la literatura en español –la que se escribe y se lee en ambas orillas del Atlántico– nadie como Cervantes merece este honor. Nuestro primer escritor no tiene igual. Ni siquiera Shakespeare, a quien nadie puede negarle un hondísimo conocimiento del alma humana y la capacidad para asombrarnos en cada frase, fue capaz de igualar la ternura irónica del Quijote, que es por igual un libro de risas y de espanto, la novela postrera de caballerías –en un mundo donde ya no existían caballeros– y la primera de la Edad Moderna. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell