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Mónica García: todas las formas amables de la izquierda sectaria

carlosmarmol · 23 agosto, 2026 ·

Uno de los indicios (infalibles) para detectar si un político pertenece a la vanidosa izquierda posmoderna –aquella que se sitúa siempre en el lado correcto de la Historia, por lo general sin moverse del mismo palmo de tierra e ignorando que ni el pasado ni el presente son estampas cerradas, sino lienzos abiertos– es que, con o sin motivo, acostumbran a contarte sus experiencias subjetivas –“lo personal también es político”, decían las feministas en los años sesenta– y convierten de forma mecánica sus frustraciones y anhelos personales en indiscutibles categorías universales. La izquierda populista es una izquierda yo-yo. Siempre acaba contándote su vida como si fuera la biografía de Napoleón. Y, antes de transitar desde el el victimismo al supremacismo, que son las dos caras de una misma moneda, te exige que le prestes toda tu atención, sin reparar en aquello que le escribiera José Agustín Goytisolo a su hija Julia: “Un hombre solo, una mujer / así tomados, de uno en uno / son como polvo, no son nada”.

El Bestiarium en The Objective.

Ceuta, los muros de Troya y las playas del Trampolín

carlosmarmol · 22 agosto, 2026 ·

Diez años, diez, estuvieron acampados los aqueos, venidos de los distintos reinos griegos –mayores y menores– del antiguo Mediterráneo, el viejo mar de color tinto, en las playas de Troya, a la espera de una oportunidad para tomar la ciudad amurallada del Helesponto, situada en el Estrecho de los Dardanelos. Homero cuenta el último episodio –la cólera de Aquiles– de esta larga batalla en la Ilíada, donde se presenta como epopeya la lucha por el control del comercio marítimo entre el Mare Nostrum y el Negro. La magia de las analogías permite trazar un arco entre la antigua edad del bronce de Grecia y la invasión de Ceuta, sin aqueos ni troyanos, pero con españoles desamparados por su propio gobierno –el Rey ha hecho saber ya de qué lado está– y un ejército de invasores, entre los que hay inmigrantes desvalidos, pero también gente de otra calaña. La España del Norte de África, convertida en Calcuta, es desde hace veinte días un territorio de guerra. Hay muertos –el centenar de ahogados en el mar, de los que nadie se acuerda ya ni en Rabat ni en La Mareta–, asediadores y asediados. Lo que no se ve por ningún lado es materia épica, en buena medida porque los dioses ya son objetos de arqueología y los héroes no tienen sitio en el mundo posmoderno.

Las Crónicas Indígenas en The Objective.

Raúl Núñez y todos los bares tristes que hay en el mundo

carlosmarmol · 21 agosto, 2026 ·

La vida está llena de nombres olvidados que una vez significaron algo, cadáveres perdidos, sueños rotos y ternura rancia. Por eso siempre es un placer dejarse de tonterías y regresar a casa, como dejó dicho Novalis y replica La jungla de asfalto, la novela de W. R. Burnett que John Huston adaptase al cine noir. Éste es el perfume exacto que desprenden los libros de Raúl Núñez (Buenos Aires, 1946), un escritor, hijo de la diáspora argentina, expatriado entre Barcelona y Valencia, y uno de los autores malditos –avant la lettre– de la literatura en español de los años setenta y ochenta, cuando España dejó detrás el quicio del tiempo sordo y abrazó, con una sed bíblica, la libertad del alcohol, el sexo y la impertinencia. En ese país que todavía no conocía la corrección política, y que era lo que era –un planeta en tránsito entre un pasado sonámbulo y un porvenir que no estaba nada claro– habitó Raúl Núñez hasta su temprana muerte.

Las Disidencias en Letra Global.

La Andalucía del narco

carlosmarmol · 21 agosto, 2026 ·

Las drogas viajan más rápido que la luz. Los hechos consumados tienen un impacto más profundo, irremediable e inmediato que el imperio de la ley. Andalucía, además de otros graves problemas sociales, como el desempleo o la precariedad, se ha convertido en los últimos lustros en un espacio de frontera –cosa que geográficamente es desde hace siglos– donde las mafias de la droga, con sedes en Argelia y en Marruecos, y embajadas a lo largo del litoral de Almería, Málaga, Cádiz, Huelva y Sevilla, que no tiene costa pero es la autopista náutica de los clanes que introducen hachís y cocaína desde África y de los buques nodriza que, desde destinos hispanoamericanos, surten a las lanchas que operan en el Sur, han elegido para distribuir –más rápido y de forma más efectiva– su mercancía. El menudeo de hachís y otras sustancias blandas ha sido, en términos históricos, una constante en el Campo de Gibraltar y en otras zonas de la costa gaditana. Bajarse al moro –la romería de particulares que cruzaban en barco desde Algeciras y Tarifa al puerto de Tánger y después se trasladaban en taxis alquilados hacia Chefchaouen en busca de chocolate– era, hace tres décadas, casi un rito de iniciación (no precisamente religiosa) para generaciones que ahora se aproximan a la edad de la jubilación.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Felipe II, el haz y el envés del imperio absoluto

carlosmarmol · 20 agosto, 2026 ·

Antonio Moro (1519-1578), maestro de la pintura holandesa, retrató dos veces a Felipe II, el segundo de los Austrias mayores, soberano absoluto de un imperio (el español) que tenía mucho más que ver con el patrimonio y la ambición de su estricto linaje familiar –la casa de los Habsburgo– que con una identidad nacional. En uno de estos óleos oficiales, datado en 1549, probablemente en Bruselas, alumbra la imagen del monarca en su mediana mocedad, ya como príncipe y regente designado por el emperador Carlos V, su padre, que había llamado al artista de los Países Bajos para que dotase a su primogénito de una estampa con suficiente dignitas. El resultado debió ser del agrado de la corte, pues el pintor flamenco también retrataría a las dos primeras de las cuatro esposas del futuro heredero –María de Portugal y María Tudor– y a otros personajes y notables de sus respectivos reinos. En otro lienzo suyo, fechado en 1557, esta vez de cuerpo entero, el segundo de los Austrias posa como soberano. Aparece ataviado con una armadura, un cetro y una espada después de la trascendental batalla de San Quintín. Dos retratos del mismo autor que, sin embargo, reflejan a dos personas distintas que tienen el mismo nombre.

Las Disidencias en The Objective.

Margarita Robles, la última felipista del largo sanchismo

carlosmarmol · 16 agosto, 2026 ·

Hay quien ve a Margarita Robles (León, 1956) como un verso suelto, pero la definición más exacta de la ministra de Defensa, que lleva en política desde mediados de los años noventa, siempre a las órdenes (partidarias) del PSOE, cuando fue fichada desde la élite de la judicatura en los tiempos crepusculares de González (Felipe) por Juan Alberto Belloch, ministro bifronte de Justicia e Interior, otro magistrado que se pasó al lado oscuro, coincide más con la de los fieles ejecutores, los funcionarios del imperio español encargados de cumplir y hacer cumplir la normativa regia. Nacida en León, es –junto con Luis Planas– la única ministra del gabinete sanchista que mantiene una cierta conexión con los tiempos dorados del felipismo, aunque en la pugna entre Susana Díaz y Pedro Sánchez prefirió al segundo, aunque tampoco se cerrase las puertas del bando contrario por aquello que le enseñó su preparador en las oposiciones: “Actúa, pero sin ofender a nadie”.

El Bestiarium en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell