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La ‘España invertebrada’, un siglo después

carlosmarmol · 5 junio, 2021 · Deja un comentario

La luz es el reverso de las tinieblas. Y el cielo, con todo su horizonte, el reflejo imposible que ambicionamos desde el pozo oscuro de la desgracia. Para que acontezca el milagro de la resurrección, sea metafórica o espiritual, uno debe morir primero, igual que el triunfo de un boxeador –esa figura patética que no conoce más forma de combatir el desencanto que sus propios puños– se convierte en épico cuando, instantes antes de conseguirlo, ha besado la lona del ring. Ortega y Gasset, el maestro en el erial intelectual del franquismo, la gran figura cultural de mediados del pasado siglo, esa centuria temprana que ahora cumple otra gemela, sostenía que cuando las sociedades se vuelven sordas ante los argumentos y se entregan a los delirios sentimentales, la persuasión, y por tanto el arte de la buena política, que es una cosa muy diferente al ejercicio del poder, resulta un esfuerzo estéril. La vida se torna entonces puro deseo melancólico y frustración irremediable. Es entonces necesario –escribe el filósofo madrileño– que un cuerpo social enfermo (sobre todo de sí mismo) padezca en sus propias carnes las consecuencias de sus errores para que se avenga a aprender. La humildad, fuente de sabiduría, a veces exige un encontronazo de frente con la dura realidad. Cualquiera diría que la actual hora de España, por decirlo con una expresión clásica, es justamente así.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Los carlistas andaluces

carlosmarmol · 4 junio, 2021 · Deja un comentario

La oposición entre las dos Españas, esa fatídica constante de nuestra historia, viste ropajes diferentes según el tiempo que corresponda, pero, con escasas variantes, sigue siendo uno de los ejes conceptuales de nuestra vida política, tan generosa en banderías como fértil en encontronazos sangrientos. Especialmente entre supuestos iguales. Si la Guerra Civil fue una contienda entre hermanos, algunos de sus precedentes históricos, como las batallas carlistas que noveló Valle-Inclán, muestran un siglo XIX marcado por las violentas causas de legitimidad. Los bandos en liza peleaban entonces por dinastías monárquicas. Ahora lo hacen por la hegemonía electoral, que no consiste en lograr más votos que el adversario, sino en dominarlo con menos sufragios gracias a la geometría parlamentaria de las minorías. En esta escaramuza andan enredados en Andalucía el PP y Vox, dos partidos siameses que, lo mismo que se necesitan, insisten en repudiarse, como sucede en casi todas las guerras fraternales.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

‘Yoístas’ todos

carlosmarmol · 1 junio, 2021 · Deja un comentario

Las primarias del PSOE indígena son un evento colosal. A pesar incluso de los bostezos que provocan, cuando repiten con delectación la palabra ilusión, sus tres candidatos, a los que desde aquí bautizamos como el triaparato de San Vicente, porque todos forman parte de la misma nomenclatura de siempre. La muestra es el rotundo arranque de campaña, donde unos (y el otro) han lanzado sus mensajes -sinceros y coherentes- ante una militancia que debe decidir, igual que en la noche de Halloween, entre susto o muerte. Del indulto, no preguntan. Las crónicas relatan que la batalla decisiva ha comenzado con reproches, aunque entre ellos nosotros sólo apreciamos amor (verdadero), compañerismo y un indudable espíritu de unidad. Eso sí: siempre que mande uno y no los otros. Porque la igualdad será un valor (salvo a la hora de perdonar delitos), pero siempre y cuando no cuestione el principio de jerarquía. Eso, no. La guerra de los que perdieron Troya -todos ellos, que siempre han compartido el bando de la oficialidad- es, antes que nada, una cuestión de corona. Todo lo demás es un cuento.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Indultos (con botafumeiro)

carlosmarmol · 31 mayo, 2021 · Deja un comentario

Existe una tendencia social, digamos que piadosa, que presume de no desearle el mal a nadie, aunque a diario tan constructivo sentimiento sea objeto de una impugnación íntima constante. Los santos, ya se sabe, no existen. Según esta tesis, cuando una desgracia acontece quien la sufre siempre es una víctima (inocente) y merece ser objeto de una solidaridad infinita. Igual que las medallas y los galardones, que se otorgan sobre todo a los amigos del jurado –como decía burlescamente don Nicanor (Parra)–, e incluso ad maiorem gloriam del sanedrín correspondiente, tal creencia tiene más que ver con la necesidad de quedar bien que con las circunstancias objetivas de esa virtud –tan cristiana– que se llama compasión. En el caso del indulto a los presos del procés, que probablemente son los reclusos de España con más licencias y capacidad de movilidad del mundo, se cumple fielmente esta puesta en escena: quienes los exigen en favor de una supuesta concordia –Pedro I, el Insomne y la correspondiente cofradía de heraldos– pretenden hacernos creer hasta en dos santidades consecutivas: la de los reos y la suya propia. Su planteamiento no es que sea binario, es que resulta infantil: si no estás de acuerdo en anular la pena impuesta por el Supremo, como mínimo, eres una mala persona o alguien con un perverso afán de venganza.Después están los enterados: dícese de aquellos que, en un supuesto alarde de inteligencia, te revelan –léase esto con tono confidencial– que el perdón del consejo de ministros a quienes violaron la Constitución –con plena conciencia y un sinfín de advertencias previas– o huyeron al extranjero, demostrando tener la misma valentía que el Cid Campeador, contribuirá al reencuentro y a relajar la tensión política en Cataluña, además de atraer a ERC a la senda del diálogo. Ante ambos argumentos dan ganas de bostezar. Non è vero, non è ben trovato.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Dylan, 80 secretos & algo +

carlosmarmol · 29 mayo, 2021 · Deja un comentario

Es fascinante ver la capacidad de influencia que Bob Dylan (Duluth, 1941) ejerce desde hace seis décadas en el universo cultural –léase en su sentido más amplio– mediante un método que tiene bastante de singular: el desapego extremo. Radical. Se trata de una costumbre extraña viniendo de un artista popular y millonario desde los veinte años que acaba de vender todas las canciones de su catálogo a Universal Records, su compañía discográfica, gracias a un acuerdo comercial sin precedentes (no por su importe, sino porque de inmediato ha abierto la puerta para que otros autores hagan exactamente lo mismo, estableciendo así el patrón esencial para rentabilizar una obra musical en el universo digital) y al que el dinero, con el paso del tiempo, no le ha obligado a dejar de ser un grandísimo misántropo. El reloj de la vida, por supuesto, ha marcado sus horas: el músico de Minnesota cumplió ayer los ochenta años sin más celebración –que se sepa– que la íntima. O quizás ni eso. ¿Había algo que celebrar en realidad? Para los dylanólogos, la única religión en la que el Dios al que rezas no te exige necesariamente que creas en él –“Don’t follow leaders, watch your parking meters”–, por descontado. El calendario dylanita, se sabe, se divide entre la era previa al nacimiento de Mr. Zimmerman, cuando el hombre carecía de refugio y vivía entre el barro y el agua, castigado por los obstinados vientos del Norte, y la fecunda civilización posterior. Zimmy, uno de sus apodos, usado como nombre por uno de los restaurantes de Hibbing, el pueblo donde se crió, que ha tenido que cerrar sus puertas, es un octogenario al que la última vez que vimos encima de un escenario –Sevilla, mayo de 2019– prefería tocar sentado ante un grand piano negro que ejercer de crooner, la última de sus múltiples máscaras artísticas.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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Ilustraciones: Daniel Rosell