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Barcelona, 1918

carlosmarmol · 21 marzo, 2020 · Deja un comentario

“El naturalismo –pienso– sólo tiene un defecto: ser verdad. La frase de Carnet de que los libros naturalistas se deben leer con un ramo de rosas al lado es una frase un poco cursi, pero incluye un consejo apreciable. El naturalismo no gustará nunca mucho porque implica la descripción y el reconocimiento de la cloaca –pequeña o grande– en la cual nos movemos. Sobre la cloaca montamos nuestras endebles, miserables convicciones”. Josep Pla escribió este extraordinario párrafo en 1918. Contaba entonces con unos escasísimos 21 años y, gracias al milagro de las analogías –esas similitudes circulares que a veces nos regala la Historia–, se encontraba, como nosotros un siglo y unos días después, preso de una cuarentena. Estudiante diletante de Derecho, ambicionaba hacer carrera en el mundo de las letras, sin saber exactamente por dónde y cómo empezar. Sufría una angustia íntima: no tenía resuelta la cuestión de “la independencia” (personal, se entiende). Se había visto obligado por causa mayor a abandonar Barcelona, donde cursaba leyes, para refugiarse una temporada en Palafrugell. “Como hay tanta gripe, han tenido que clausurar la Universidad”, escribía en su dietario el 8 de marzo de 1918. Era la súbita extensión de la devastadora epidemia española, tan mortífera como la Primera Guerra Mundial, que lo había convertido en “un estudiante ocioso”. En dos años esta pandemia pulmonar mató a cuarenta millones de personas en todo el mundo –una cifra similar a la actual población de España– y contagió a bastantes más, convirtiendo la neumonía en una desgracia corriente, común e hirsuta.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

La lotería de Babilonia

carlosmarmol · 20 marzo, 2020 · Deja un comentario

«Si la Biblia no está equivocada,/el mundo va a reventar/La gente está loca, corren tiempos extraños/Estoy encerrado a cal y canto, fuera de todo alcance/Solía importarme, pero las cosas han cambiado», canta Bob Dylan en Things have changed. El desamparo es igual que una ola: horada la costa minando la orilla con la misma dedicación de un heresiarca. Cada mañana nos despertamos con el parte de calamidades y los nuevos caídos en esta guerra imposible contra un enemigo invisible, microscópico, que nos ataca porque una vez nos dimos la mano o nos besamos. Si la fortuna no te acompaña, puedes terminar atrapado en una cama de hospital, donde quien tiene que salvarte tiene exactamente los mismos ojos de espanto que tú. La Marisma se ha convertido en una ciénaga. Ninguna de nuestras sagradas instituciones -y tenemos hasta cuatro niveles distintos- está siendo capaz no ya de anticiparse a esta pandemia asesina, sino de garantizar a los soldados -que son los profesionales sanitarios- un escudo para no fenecer en el frente.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Miedo y ruina en Andalucía

carlosmarmol · 19 marzo, 2020 · Deja un comentario

El periodismo gonzo, la forma de narrar la actualidad creada por Hunter S. Thompson gracias a la inmersión del cronista dentro de los hechos, tolera la utilización de la exageración y la distorsión como fórmulas válidas para explicar la realidad. Thompson las ensayó en varios reportajes, especialmente en Miedo y asco en Las Vegas, un relato –hecho después película–sobre la cultura de las drogas de principios de los setenta. Si aplicamos su fórmula a la crisis multitarea del coronavirus, que es sanitaria, pero también política, social y económica, encontraremos que el presente en el que vive España desde hace una semana es una distopía perfecta donde lo extraordinario –las muertes, el confinamiento general, la ruina– conviven sin estorbarse. Relevándose en la tarea de destruir el frágil mundo en el que habitábamos.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

El cielo sobre nuestras cabezas

carlosmarmol · 16 marzo, 2020 · Deja un comentario

El vacío que causa la muerte -esa hipótesis que no queremos que se convierta en realidad- y la incertidumbre que provoca la enfermedad, tan extendida ahora que apocalipsis consiste en añorar la rutina, nos arroja interrogantes. Sobre todo dos: ¿Tenemos realmente un Estado del Bienestar? ¿Son las autonomías eficaces a la hora de protegernos frente al desamparo? La respuesta a ambas cuestiones es el relativismo. Depende. De esta crisis, que afecta a la salud pública, pero también a muchas de las certezas en las que hasta ahora creíamos, dependerá la consideración social del sistema público de salud y la supervivencia del deficiente servicio de atención a los dependientes, el gran grupo de riesgo ante el coronavirus.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El naufragio de España

carlosmarmol · 15 marzo, 2020 · Deja un comentario

Inmersos ya en el estado de alerta, que en realidad es de excepción, el súbito apocalipsis del coronavirus arroja algunas enseñanzas sobre el trasfondo de la perpetua anomalía política española. Por fortuna, muchas no coinciden con la actitud individual de buena parte de los ciudadanos. La conclusión esencial es devastadora: la España oficial no ha sabido –o no ha querido– adoptar las decisiones preventivas que eran a todas luces necesarias para impedir la actual situación de pánico social. Una larga cadena de ignorancias, caprichos, improvisación, egoísmos y falta de realismo nos ha conducido al punto exacto en el que nos encontramos: un confinamiento colectivo marcial, un auténtico apagón general, casi la muerte social. A pesar de ser un hecho extraordinario, no podemos decir que se trate de una patología nueva: la arquitectura de nuestro desconcierto tiene cimientos profundos, consolidados durante décadas por una insolidaridad política cuyo reflejo es la eterna disputa territorial. España es un gran carajal. Ahora que casi todos nos encontramos encerrados entre cuatro paredes, como aconsejaba Pascal, se percibe de forma nítida. Tenemos un Gobierno incapaz de enfrentarse a situaciones de urgencia, visiblemente dividido entre los obsesos del márketing político y los doctrinarios de salón, y 17 comunidades autónomas que creen ser, en mayor o menor medida, sujetos soberanos propios. Al mismo tiempo, una parte nada despreciable de la población no cree en ningún proyecto colectivo, a excepción de su bienestar o el de su tribu. La pandemia, mientras tanto, sigue cobrándose vidas, sometiendo a muchísima gente a sacrificios dolorosos y extendiendo el miedo a la misma velocidad que la desconfianza.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell