El calor de los últimos días, comienzo de un estío odiado, nos ha traído a un filósofo muerto: E.M. Cioran, el escritor del pesimismo, el escéptico más despeinado de cuantos quedaban por los diáfanos y esperanzadores bulevares de París, ciudad de vinos y naranjas, de esparto y romanticismo, condenada a ir vaciándose poco a poco, descargándose casi, de todos aquellos malditos que un día la eligieron para vivir. Y para morir. París se vacía de sus personajes y sus mitos como las mujeres acuden a la ducha: con indudable estilo. Bañarse es saludable, pero también supone desprenderse de una parte de lo que somos. La modernidad mal entendida no gusta de los genios despeinados y, menos, de los escritores fracasados. Ya lo dijo Dylan: “No hay éxito como el fracaso; y el fracaso no es ningún éxito en absoluto”. Paradojas: Cioran representó la estética del fracaso, que no es estética en absoluto. Sólo fracaso, hambre y barba de cinco días. Es el último difunto. Uno más de los que se nos han ido este año, tan cruel con la creación concebida en términos opuestos al mercado. La originalidad en estos tiempos no cuenta si no se transforma en transacción.
El grito en el cielo
No corren buenos tiempos para casi nadie. Sobre todo, para quienes deben hasta la camisa. Somos todos. Aunque ni lo sospechemos, hay quienes se han endeudado en nuestro nombre; oficialmente por nuestro bien; en realidad, contra un porvenir que ya no existe sino bajo la forma de un pagaré infinito. Nuestros políticos rescatan a la banca con dinero público, blindan sus privilegios y nos endosan la correspondiente dolorosa bajo la forma de despidos, salarios imposibles y recortes de servicios públicos. No es magia. Son los efectos de la mala política, a la que durante décadas hemos dejado todo el terreno libre.
Las Crónicas Indígenas en El Mundo.
Ferraz, segundo asalto
Hoy se reúne en Sevilla el Consejo Federal del PSOE, que es el sanedrín de los socialistas para las cuestiones territoriales. El órgano lo preside Ella. Ya se pueden hacer una idea de cuál va a ser el resultado del cónclave: la celebración de sí misma y, por extensión, del peronismo rociero, que cree ser la solución para los problemas de Andalucía y un modelo exportable más allá de las fronteras, mentales y culturales, de Despeñaperros.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
Infierno
Dostoievski veía el infierno en la incapacidad que tienen determinadas personas para amar. Podemos afirmar entonces que nuestra singular resistencia a adorar a la patria, esa estafa cotidiana, constituye un ejercicio de ciudadanía. Nos atreveríamos a defender incluso que se trata de un derecho tan vecinal y democrático como el padrón municipal, que -como el día del juicio final- a todos nos iguala. Es lo que sentimos en Sevilla, una ciudad que se imagina cumbre de sí misma, como señaló con acierto Chaves Nogales.
La Noria del sábado en El Mundo.
¿Cuándo dejamos de divertirnos?
Los sesudos escriben. Los aburridos escriben. Los genios y los aprendices escriben; lo hacen quienes prometen y los que, por mucho que ellos se las prometan muy felices, no tienen nada que hacer. El problema es: todo el mundo escribe. O por ser más exactos: demasiados redactan creyendo que escriben. Ya casi no se diferencia la ganga de la mena, la literatura de la escritura mecánica, procedimiento que consiste en poner una palabra detrás de la otra, sin más. Vivimos en los extremos: de la literatura puramente comercial, funcional, de consumo rápido, pasamos, sin término medio, a la escritura de alambrada, donde para abrirse camino uno debe encontrar la luz en la oscuridad con un esfuerzo estéril, obras escritas para uno mismo y los amigos de la capilla.
