A los sesenta años uno ya no cambia. Si encima es un genio, o ha sido tocado por las sutiles manos de la maestría literaria, cualquier cambio de rumbo, de estilo, de pensamiento, resulta una tarea inútil, impensable; un completo imposible. A Umbral, el de las columnas, el intransigente niño mimado de los años de la Transición, nuestro último Larra, le ocurre esto: no puede cambiar aunque quiera. Tampoco está muy claro que quiera. El escritor madrileño es tan tozudo que dudo que haya caído en la cuenta de que su actitud, su carácter y su literatura, construida a partir de su memoria individual de resentido cósmico, requiera un cambio de rumbo, la entrada de aire fresco, una suerte de regeneración. No. Ha terminado convirtiéndose en su propio personaje: un escritor deíctico, el último de la república de las letras españolas. Un snob fustigador. Un genio que se cree todo un genio.
El nombre de las cosas
Óscar Wilde, que sabía mucho sobre la liturgia de los simulacros sociales, decía que la mayoría de las personas que se creen extremadamente originales no lo son. Sus pensamientos, en realidad, proceden de otros; han construido sus opiniones sobre los juicios ajenos; su vida es un ejercicio de emulación y hasta las pasiones, nuestros vicios más íntimos y sagrados, no son sino una mera cita a pie de página de un texto mayor. También le ocurre a las organizaciones políticas. La Noria del sábado en El Mundo.
Posesión con cojín y plasma
Marco Aurelio, el emperador romano, recomienda en sus Meditaciones que en la vida, que es una larga sucesión de desgracias con algún leve momento heroico, las cosas materiales sean recibidas sin orgullo y abandonadas sin esfuerzo. Es el sabio consejo de una filosofía que predica el desapego ante cualquier forma de báculo.
Las Crónicas Indígenas en El Mundo.
Coronación en Miami
Los socialistas celebraron ayer la coronación parlamentaria de Susana Díaz en un ambiente que recordaba a una boda, o a cualquier comunión, más que a un acto civil. Es la segunda conmemoración en cuatro días, de donde se deduce, por si a los diputados de C’s todavía les quedan dudas, que en el PSOE están muy felices. Demasiado. Tanto como para convertir las Cinco Llagas en una réplica de los casinos de Miami, donde no hay traje que no lleve brillos, las corbatas más discretas son rosa chicle y cualquier indígena cree ser la reencarnación de Alejandro Magno.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
Dietario de vulgaridades
La prosa epistolar, igual que la que se cincela a golpe de ejercicios memorialísticos, tiene una naturaleza fragmentaria que constituye parte de su irresistible encanto. Lo que se escribe y se lee en dosis mínimas, a veces, es mucho más ameno que los discursos de largo aliento, los tratados sobre las pasiones y las armonías narrativas cuya elaboración requiere años y provoca más problemas de los necesarios; el principal, la pérdida de tiempo. Es la virtud de lo breve: los pequeños bocados resultan más deliciosos que los pasteles pantagruélicos, de los que se espera mucho y, cuando no lo dan, se sufren en demasía.
