La estrecha mirada con la que los estudiosos compendian la literatura de nuestros días, ya sea mediante antologías o agrupamientos varios nacidos al calor de alguna firma editorial, deja siempre fuera de juego a los que denominan géneros menores, esos libros en los que los críticos no encuentran materia suficiente de glosa y relegan bajo el argumento de que sólo son literatura de consumo, superficial; caprichos narrativos en los que la estética no se encuentra escondida tras metáforas imposibles o misteriosos personajes a los que poder analizar con lucimiento personal. Suelen ser éstos libros en los que las cosas están bastante claras. No hay simulacros. Son relatos de una simpleza rotunda que versan sobre asesinatos, amores, violaciones, desengaños, ajustes de cuentas; crudeza vital, en definitiva. Muchos de ellos son literatura negra.
El sueño meridional
Ahora que Donald Trump, multimillonario de flequillo imposible y postulante para la candidatura republicana a la Casa Blanca, ha certificado la muerte del sueño americano, al que las evidencias pusieron en crisis desde que los Padres Peregrinos soñaron el Nuevo Mundo sin los males del Viejo, y sin más jerarquía que la de las obras, se nos ha ocurrido preguntarnos cuál es el equivalente de este concepto cultural en estos pagos indígenas. ¿Existe un sueño meridional?
Las Crónicas Indígenas en El Mundo.
El urbanismo reversible
Los meridionales mantenemos una relación cultural de desconfianza con las leyes. Sobre todo si disponemos de normas propias. Es el caso de esta República Indígena de la Marisma, donde se confunde la autonomía con los discursos reivindicativos y el autogobierno con una cámara de estética nórdica, muy cara y que produce un corpus legislativo tan excesivo como inútil. Es previsible que, como indican todas las encuestas, no interese la labor parlamentaria: sabemos perfectamente que sus normas no van a cumplirse.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
El suicidio de la adolescencia
El nombre de Cesare Pavese (San Stefano, 1908; Turín, 1950) está escrito con letras mayúsculas en el libro de los suicidas insignes, que es el volumen que agrupa a esos cobardes que han tenido el suficiente valor de quitarse la vida y cruzar la laguna Estigia sin los visados oficiales, que sólo se conceden si la muerte es por causa natural, debida a un asesinato, por accidente o fruto del descuido a la hora de andar por las malas tierras, que uno nunca sabe –ni sabrá– cómo ni cuándo llegará el término de los días sucesivos.
Se aceptan homenajes
Bergson, uno de los filósofos que estudió la risa de forma más inteligente, todo un mérito para un francés, sostenía que la mejor cura para la vanidad es una buena carcajada a tiempo. Como saben los sabios, la risa es una cuestión seria. Razones para explicarlo, sobran. Yo me inclino por las que siguen: la risa es sinónimo de la vida; le debemos pues el mismo respeto que a nuestra propia existencia. Dos: la comicidad es un atributo exclusivamente humano. Y tres: la risa apela a la inteligencia pura.
La Noria del sábado en El Mundo.
