La vida es como un viaje –sin vuelta atrás– hacia la muerte. Y la literatura el relato (subjetivo) de este trayecto. Quizás esto explique que determinados escritores, tan mortales como cualquiera, a medida que el tiempo los alcanza y los somete a su inapelable dictadura, se desprendan de las quimeras de la juventud y afronten el tercer acto de la existencia con una sinceridad tan brutal que, si a muchos todavía mueve al asombro, es porque quienes aún no han llegado a ese estrecho disparadero continúan presos de las convenciones sociales, esa carga tan pesada y tan absurda. La peripecia de la vida se dirige siempre hacia un único destino: la soledad de la vejez y la decepción moral. De ambas cosas escribió –como nadie– Rafael Cansinos Assens (1882-1964), modernista temprano, transterrado a Madrid desde el Sur, polígrafo, traductor, políglota, poeta y, sin duda, el mejor cronista de la España literaria del pasado siglo.
Las Disidencias en The Objective.

