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Los juegos florales de Aena

carlosmarmol · 3 marzo, 2026 ·

Decía Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes, a quien los hijos de la posguerra y el primer tardofranquismo reverenciaron con un entusiasmo similar a la devoción que la generación anterior profesase por Ortega y Gasset, y al que hoy no podrían leer nuestros escolares, y aún menos muchos adultos a los que una frase subordinada –“larga y con final en cola de pescado”, como decía el mestre Josep Pla– causa fiebres y sudores fríos, que “toda conmemoración es, por su propia naturaleza, apologética”. Lo cual invalida por completo la posibilidad, incluida hasta la más remota y vaga, de que exista un serio devaneo crítico en la vida cultural oficial, además de comprometer la condición artística de todas las obras que suelen ser agraciadas (término nada inocente; la gracia es una merced, no un mérito) con esa lotería de Babilonia que siempre es un galardón literario. Decimos lotería a conciencia y sin huir de la interpretación irónica, pues ya se sabe que los sorteos del Estado (y sus asimilados y colonias) reparten un trigo que no es exactamente suyo a cambio de que el ungido con laurel predique alto y con poderoso entusiasmo lo que sea menester predicar. París, ya se sabe, bien merece soportar una misa.

Las Disidencias en The Objective.

Julian Barnes, telón y adiós

carlosmarmol · 28 febrero, 2026 ·

Existen tantas formas de morirse como clases posibles de difuntos. Cada nacimiento es un hecho único y, al mismo tiempo, similar. Ninguno de los que aún estamos vivos, y mucho menos los muertos, alcanza a recordarlo. Las despedidas, en cambio, son inequívocamente dispares. Las hay de toda clase y condición: súbitas, inmediatas, agonizantes, correosas, crueles y hasta premeditadas. Morirse puede ser un calvario o un descanso, pero el recuerdo de ese instante categórico nunca pertenece al protagonista. Es el patrimonio tormentoso de aquellos que le sobreviven. Lo mejor que puede decirse de la muerte es que no deja ningún recuerdo en el cerebro de quien la espera o la sufre, aunque sus vísperas sean obsesivas, insomnes y tormentosas, incluso para los sabios estoicos, resignados a la irrupción de lo inevitable. El novelista británico Julian Barnes (1946) todavía está –por fortuna– entre nosotros, pero ya se prepara, como hacían los héroes antiguos, para la batalla final que consiste en cruzar al otro lado de la Estigia. Fiel a su educación –la tradición british, siempre discreta– ha decidido decir adiós a sus lectores con un libro –Despedidas (Anagrama)– que es una suerte de memorias conscientes del “principio del fin”, atravesada por una narración (simbólica), y con la voluntad de incurrir en un tercer género: el ensayo.

Las Disidencias en Letra Global.

El mal y otras catástrofes

carlosmarmol · 28 febrero, 2026 ·

Todos los grandes conceptos culturales encierran en su interior un misterio que, a lo largo del tiempo, que en este caso es también el curso de la historia, intentamos desentrañar. No sabemos quién es Dios –los creyentes otorgan verosimilitud a una ficción consoladora– y describimos a la muerte mediante una ausencia o negación –aquello que ya no está vivo– porque se trata de una experiencia individual e incomunicable. Algo similar sucede con el mal, cuyo arco semántico incluye desde las calamidades naturales o las desgracias personales a actos tan abyectos como el terrorismo, la tortura o la crueldad gratuita. Lo maligno, cuya representación alegórica dentro del paradigma occidental es el personaje diablo de la Biblia, señor de todas las pestes, es una invariante de la existencia que, lo que no deja de ser una paradoja, nunca deja de mutar. El mal medieval no es idéntico al de los modernos. Las desgracias antiguas difieren en su significado –aunque no en su capacidad quebranto– de las contemporáneas. Casi cabe decir que a través de la idea del mal y sus sucesivos cambios pueden reconstruirse las distintas edades del hombre.

Las Disidencias en The Objective.

Bagatelas electorales

carlosmarmol · 27 febrero, 2026 ·

En un artículo soberbio –‘El voto y la cámara de los comunes’, incluido en All Things Considered (1908)– el ingenioso G.K. Chesterton describe las tres reglas fundamentales de la elegancia que, ante un duelo electoral, debería respetar cualquier candidato. Primera: no se debe alimentar al elector de ninguna manera. Segunda: no conviene persuadir a nadie de que se haga pasar por un elector. Y tres: no es lícito amenazar a un votante con alguna consecuencia derivada de sus preferencias políticas. “Un hombre”, agrega a modo de glosa el gran escritor británico, “no tiene derecho a atender o a criar un electorado con acciones caritativas agresivas, a comprarlo con grandes regalos como parques y bibliotecas o a dar muestras imprecisas de futura benevolencia: todo esto, que se lleva a cabo sin reprensión, es soborno y nada más”. Huelga decir que Andalucía, donde se votará dentro de apenas cuatro meses algo más que la presidencia de la Junta, no es ni por asomo el Reino Unido, por mucho que geográficamente esté situada –como cantaba el rockero sevillano Silvio (Melgarejo)– “al Sur de la Gran Bretaña”.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Sor Yolanda, fin de trayecto

carlosmarmol · 26 febrero, 2026 ·

El tiempo es inmisericorde y la política un permanente ajuste de cuentas. De modo y manera que Sor Yolanda del Ferrol ha decidido –porque no le quedaba otro remedio– oficializar, por supuesto a través de una carta cuqui y un video bianco, donde nos cuenta su infancia familiar y nos habla también del mimo y de los cuidados, su renuncia a volver ser candidata de Lo Que Queda de Sumar en las próximas elecciones generales, que nadie sabe –quizás ni siquiera el Insomne– cuándo diablos serán. La renuncia, claro está, no es tal. Ni se debe a lo que dice –su voluntad– ni tampoco responde a lo que declara: “impulsar el espacio progresista”. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, que por supuesto, no contempla cesar en paralelo de sus cargos gubernamentales, certifica así su incapacidad política para dirigir un artificio –la plataforma unipersonal bautizada como Sumar– concebido para enterrar a Podemos, cuyo líder fue quien la ungió en su día como ministra y, más tarde, como su sucesora.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell