Una de las anomalías de nuestra democracia es que los presidentes disuelvan el parlamento, emulando el poder absolutista que ejercían los reyes del Antiguo Régimen para deshacerse de las cámaras que les resultaban hostiles. La prerrogativa rige también en las autonomías, cuyos jefes de escuadra disponen de la voluntad popular -reunida bajo techo consagrado- a su real capricho, como si el poder legislativo fuera su saloncito de estar o el cóctel donde se congrega a los pesebristas para que consumen el besamanos del anillo. Técnicamente, la disolución del legislativo es una forma de resolver los pulsos con el ejecutivo. Como un parlamento puede derrocar a un presidente, éste decide cuándo termina la legislatura.
Crónicas Indígenas
La derecha ‘cuchipandi’
La cosa está que arde. Y no es por el calor estival, que hasta ahora ha sido piadoso con los mortales que resistimos los veranos en la República Indígena. No. Lo verdaderamente tórrido es el congreso del PP que elegirá -este mediodía- al sucesor de Rajoy. Puede pasar de todo. Incluso que todo siga igual (o peor), aunque algunas caras cambien de sitio en el tablero de ajedrez. Lo que se dice renovación, no cabe esperar demasiada: tanto Casado (por la Iglesia) como Santamaría (célebres nupcias en Brasil) son cachorros del partido al que ha expulsado del poder una sentencia judicial -categórica- por corrupción, moción de censura mediante. Es indudable que la guerra (entre iguales) proseguirá con independencia del resultado. Si alguien espera que de este cónclave salga un partido unido alrededor de un líder puede irse despidiendo. Las opciones no son de futuro. Se enfrentan dos formas de pretérito: Aznar versus Rajoy a través de escuderos. No es un menú apasionante ni para un hambriento.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
Un burdel con orquesta
A los periodistas nos han educado (es un decir) con una sentencia mítica cuya autoría se atribuye a Tom Wolfe: «No le digas a tu madre que te dedicas a hacer periódicos. Es mejor que le cuentes que trabajas de pianista en un burdel». La frase resume, de forma irónica, la escasa consideración social que tenía nuestra profesión antes de la revolución digital, que en determinados sitios ha transformado el negocio en un sicariato cuya actividad consiste en la obtención de fondos públicos a cambio de malvender una influencia inexistente. Ya se sabe: no hay nada más romántico que la decadencia de unos héroes que nunca existieron. Por eso diríamos que el proxenetismo, un delito según el Código Penal, es una industria mucho más rentable que el periodismo, aunque en el fondo no se diferencien en demasiadas cosas.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
El peronismo es un plato de ducha
Fue en Granada, agua oculta que llora, paraíso andalusí, calle de Elvira, donde viven las manolas, las que se van a la Alhambra, las tres y las cuatro solas, una vestida de verde, otra de malva, y la otra con cintas en la cola; la ciudad de Lorca, el único horizonte de montañas nevadas de la República Indígena. Allí, en la Suiza meridional, sucedió el milagro, aconteció el portento y ocurrió, sí, el prodigio que confirma el poder de la Querida Presidenta para cambiar el curso de la historia y devolverle al Pueblo el bienestar que merece esta su Tierra. Si Neruda, que cantó a las inmensidades americanas, escribió un poema al humilde caldillo de congrio, una oda a la cebolla y otra a los calcetines, y Machado (Antonio) dedicó versos a las moscas, Su Peronísima ha enviado a sus pesebristas, cargos mayores y embajadores menores, a inaugurar, con trompetería gráfica, el plato de ducha que ha tenido a bien conceder -en concurrencia pública, que esto no son los ERE ni los cursos de formación de la CEA- a un octogenario con problemas para acceder a su bañera sin riesgo cierto de caída. Una gesta solidaria que debería abrir el informativo de Canal Sur.
Primarias para todos
La Reina de la Marisma aún anda deshojando la margarita del adelanto electoral, cuya sanción depende de que a sus asesores áulicos no se les atragante el café que toman por las tardes en el Coliseo y de lo que dicten los sondeos a la vuelta del veranillo. Será que sí. No hay duda. Mayormente, por una paradoja: la llegada a la Moncloa de Sánchez, El resucitado, puede beneficiar las expectativas electorales de los socialistas indígenas, a los que hace unos meses las encuestas no les daban demasiada tranquilidad. No es que la cosa haya mejorado, pero no está peor. Eso ya es bastante, piensan en el Quirinale.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
