Los monarcas, antes de ceñirse la corona, ejercen como infantes. Detrás de cada rey, sobre todo si practica el absolutismo, no hay más que un niño cruel que desea imponer a los demás sus caprichos marciales. El debate de esta semana sobre el estado de la comunidad meridional, que versaba sobre la salud (maltrecha) de nuestra República Indígena, desveló que la Querida Presidenta sigue guardando en su interior el alma de una niña. Lo decimos con cariño y honda devoción, sin ánimo de ofender, no como en su día hizo (para su desgracia) el cura Chamizo. Lo aclaramos ante los malpensados.
Crónicas Indígenas
Los amigos de la nieve
Tenía que ocurrir. Era inevitable. Los susánidas, fervientes creyentes en la Reina (de la Marisma), llevan desde la vuelta del verano reivindicando por tierra, mar y aire la urgente mejora de la financiación autonómica al mismo tiempo que ocultan -sin éxito- los recortes que desde hace cinco años aplican sin piedad en la sanidad y la educación andaluzas, castigadas como nunca hasta ahora y origen de las mareas civiles más activas que se recuerdan en la historia de la República Indígena desde los lejanos albores de la autonomía, cuando unos (los ingenuos) salieron a la calle agitando sus banderitas y pidiendo trabajo y otros (los intermediarios) rentabilizaron este esfuerzo colectivo con el cobro -encadenado- de nóminas públicas, sostenido durante tres décadas.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
El peso de la autonomía
Deyan Sudjic, exeditor de la revista Domus, escribió hace unos años el guión de una película sobre Norman Foster, probablemente el arquitecto más global del orbe, que se titula ¿Cuánto pesa su edificio, Señor Foster? El documental reproduce la pregunta, tan inteligente como inesperada, que Buckminster Fuller, el inventor de la cúpula geodésica, le hizo un día al arquitecto británico, que entonces no supo qué responder. La interrogación ya llevaba implícita la lección: si quieres construir algo, lo que sea, debes saber antes su peso. Si no, lo más probable es que no puedas sostenerlo. La enseñanza sirve para la arquitectura, se extiende a la vida, esa maestra cruel, y alcanza a la política indígena. Para saber cómo gobernar debes conocer el valor de aquello que pretendes administrar.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
No me toques la autoestima
La vida es maravillosa. Llevamos dos noches (con sus días) sin dormir leyendo la petalada de condenas, maldiciones, insidias, insultos e imprecaciones que nos dedican los Santísimos Funcionarios del susanato -la Administración es otra cosa- por atrevernos, ¡oh, osadía!, a criticar la reducción de su jornada laboral en un par de horas y media y evidenciar que la norma de las 35 tiene menos sustento legal que la República Catalanufa. Lo decimos desde el gozo porque no hay nada que guste más a un periodista impertinente que recibir muestras de amor apasionado donde los adjetivos intensos no caben en el folio mientras los argumentos no aparecen por ningún lado. En estas reconveniencias tenemos de todo, aunque su común denominador sea salvaguardar privilegios de clase. Nada raro: los grupos privilegiados se tienen por tales en su fuero interno pero niegan tal condición en público para no perderla.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
‘Marisma strawberry’
Nuestra señora de los infinitos dominios presupuestarios, la dueña de los predios fecundos que han dado fama en el orbe a Andalucía, la Reina de la Marisma, vive días felices entre aceitunas y berries, que son las frutas del bosque de toda la vida, aunque los empresarios de Huelva ahora usen este nombre para denominar a las bayas. Por supuesto, Ella está encantada. Las bayas son deliciosas y los hombres de negocios le demandan, con una sequía en ciernes, que invierta el dinero (de todos) en infraestructuras para poder nutrir con el agua (común) sus explotaciones (privadas). Argumento: la fresa crea mucho empleo and all this stuff.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
