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Crónicas Indígenas

Naufragios y ensoñaciones

carlosmarmol · 11 abril, 2020 · Deja un comentario

Aunque no lo crean ciertas almas cándidas, escandalizadas por haber tenido que contemplar hace unos días en la primera página de este periódico la elocuente foto de un silencioso depósito lleno de ataúdes, el coronavirus mata personas. Muchas. Bastante más de las que indican las estadísticas oficiales. En Nueva York, donde los últimos decesos por la pandemia superan ya a los registrados en cualquier otro país del orbe, han empezado a excavar fosas comunes en la isla de Hart (Bronx) para dar tierra a la multitud anónima ahogada por el virus, que también ha aniquilado las últimas esperanzas de que nuestras instituciones democráticas funcionen como es debido o, simplemente, nos cuenten la verdad de este drama. Nuestros políticos han demostrado ser incapaces de controlar y atenuar la crisis múltiple del COVID-19, que es sanitaria, económica y cultural. Una vez comprobado que el naufragio que sufrimos será duradero, parecen haber resuelto además, con las víctimas de su incompetencia encima de la mesa, ponerse medallas. Unos y otros. Los héroes de esta guerra, por supuesto, son otros distintos, pero las evidencias en el obsceno juego de medias verdades y narcisismo que es la política de los simples no importan demasiado. La verdad oficial, que es la mentira elevada a la cumbre, se fija por decreto.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El luto de los boleros

carlosmarmol · 8 abril, 2020 · Deja un comentario

¡Líbrenos Dios, el Misericordioso, de la gente demasiado amable y bondadosa! Detrás de la santidad superlativa acostumbra a esconderse el diablo, que, como dejó escrito Dylan, tiene la costumbre de disfrazarse de hombre de paz. La máxima puede aplicarse, y de hecho conviene hacerlo, a la gestión política de la crisis múltiple del coronavirus en Andalucía, que algunos presentan como modélica (les pagan por hacerlo) y otros, en cambio, vemos como un rosario de quebrantos presentes y venideros. En estos tiempos apocalípticos, la gente demanda a los políticos eficacia y ciertas verdades, aunque sean amargas. En el Quirinale de San Telmo presumen de lo primero y simulan hacer lo segundo, pero, por desgracia, los hechos desmienten la idílica estampa que nos dibuja cada día el gobierno del cambio (sin cambio). Decir que en la Marisma los datos de la enfermedad son esperanzadores (los más de 500 muertos parece que nunca nacieron) es contar una media verdad. No se han hecho pruebas diagnósticas ni a todos los sanitarios que todavía están en los hospitales ni a la mayoría de la población. ¿Cómo diablos se puede sostener que la pandemia se encuentra bajo control? Pues lo dicen. Resulta ridículo ver a alguno ponerse medallas -«nuestras UCIS disponen de plazas libres»- cuando todos estamos viviendo, y no gracias a la transparencia de San Telmo, un auténtico exterminio en las residencias de ancianos, donde nuestros viejos, preludio de lo que nosotros seremos (con suerte) algún día, mueren bajo el muro de silencio impuesto por los dueños de los geriátricos y la Junta, unidos en una vergonzosa alianza que consiste en ocultar a los familiares de los ancianos su situación sanitaria hasta que ya es tarde.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La dictadura de los santos

carlosmarmol · 4 abril, 2020 · Deja un comentario

El infierno, tan temido, no es un visitante que se haya presentado ante nosotros sin avisar y acompañando al coronavirus. Siempre estuvo aquí. No lo veíamos no porque no existiera, sino porque lo teníamos demasiado cerca. Las instituciones lo disimulaban con eufemismos, propaganda y los engaños con sonrisas, pero bastaba pisarlo –como visitante, sin alcanzar el último círculo del Dante– para darse cuenta de que cuando te sacan de tu casa, aunque sea pensando que será por tu bien, en ese instante en el que ya no puedes llamar hogar al lecho en el que duermes, cruzas un túnel que tiene una estación término. Las residencias de ancianos son la zona cero del COVID-19. Nuestros viejos se están muriendo solos, enterrados sin duelo y abandonados por el sistema que prometió cuidarles hasta el último aliento. Sus familias, salvo llorar, no pueden impedir este desenlace. Están impotentes frente al naufragio.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Cadáver exquisito

carlosmarmol · 31 marzo, 2020 · Deja un comentario

Las tragedias, en ocasiones, adoptan la forma de un juego de ingenio o se manifiestan como divertimentos del azar. Igual que la partida de ajedrez de El Séptimo sello, la película de Bergman. O como un cadáver exquisito, ese entretenimiento intelectual creado por los poetas surrealistas que, congregados en el Café Voltaire de Zurich, creían que el arte supremo, igual la existencia, no es una creación individual, sino una obra casual guiada por la desordenada fortuna que rara vez versa sobre otros temas que no sean el amor, la vida y la muerte, los tres asuntos en juego en esta crisis del coronavirus, que nos recuerda que somos frágiles ante los caprichos del destino, enseña que la vida cotidiana puede alterarse sin razón y evidencia -para quienes lo hubieran olvidado- que la muerte puede visitarnos sin salir de casa. El juego funerario de los vanguardistas obedecía a un método simple: se anotaba una palabra, o una frase, en un papel y se escondía ante los ojos de los demás, que debían completar la enunciación de partida sin conocer su sentido. El resultado era una suma de versos creados por contagio -el término es de Max Ernst- cuyo verdadero significado es el sinsentido. No se nos ocurre una equivalencia mejor para definir el trance por el que todos estamos pasando: partes diarios de muertes, medias verdades, hipocresía y ruedas de prensa; cada región actuando en función de sus intereses y todas siendo estafadas en un mercado sanitario infame, lleno de bandidos, donde el dinero no sirve para salvar vidas porque la desgracia y el egoísmo, cuando llegan, prevalecen. Sobre todo si no se ha tenido la más mínima previsión.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Gente que se ahoga

carlosmarmol · 28 marzo, 2020 · Deja un comentario

Los viejos muriéndose en los geriátricos. Más de cuarenta fallecidos es el saldo en la Marisma de esa negligencia llamada ley de dependencia, de la que tanto presumían los gobernantes que nunca se preocuparon por sus víctimas. Llamas que se apagan. Los enfermeros y los médicos denuncian ante unos tribunales sordos y ciegos que los políticos no les entregan el material de protección que necesitan para salvar a sus pacientes. Lágrimas y espanto. Cáxar de la Vega, La Zubia, Alcalá del Valle, La Línea y sus pedradas llenas de infamia. El miedo temprano del Apocalipsis. El sonido de la cuarta trompeta del canto de la Biblia. Las solemnes profecías en las que nunca creímos, los chistes que de repente han dejado de hacernos gracia, las peluquerías vacías, todas aquellas antiguas oraciones que confiábamos haber olvidado. Un dolor íntimo. Los teléfonos inteligentes llenos de luces, las videoconferencias. La melodía de la vida desafinada. El pedazo de pan por el que te juegas la vida. El viento que cabalga autista. Un perro que saca a su dueño a la calle. La policía, que existe. Las redes virtuales que se derrumban. El encierro, el hastío, la impotencia tras las ventanas, los balcones solitarios donde cada esqueleto calibra el tamaño de su propia desgracia. Predicadores hueros que nos dicen que ahora no es el momento de pensar, sino de ser optimistas. La cháchara cotidiana.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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Ilustraciones: Daniel Rosell