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Crónicas Indígenas

El privilegio de la igualdad

carlosmarmol · 7 marzo, 2020 · Deja un comentario

Los conversos son esos individuos que, obviando sus propias decisiones, se ponen al frente de las banderas ajenas como si fueran propias. Es un fenómeno antiguo -su patrón es el apóstol San Pablo- que se ha convertido en una constante histórica, social y política. En la vida, indudablemente, se puede cambiar de opinión. Nadie es preso eterno de sus errores. Cuestión distinta es que muchas conversiones súbitas se produzcan por un afán de ganancia inmediato. Cuando las creencias se convierten en un negocio dejan de serlo para tornarse en intereses.En la política indígena ocurre con frecuencia. Este 28F hemos visto a los herederos de las derechas sociológicas que se opusieron a la Santa Autonomía -con argumentos sólidos- reivindicar un andalucismo de corte (y confección) liberal que, en contra de lo que proclamó en el atrio del Maestranza el Reverendísimo Bonilla, no es nuevo, sino antiquísimo. Todo está inventado. La innovación, de hecho, no es más que la repetición de algo previo en un contexto diferente. Véase el discursito político de la igualdad, mantra durante lustros de los socialistas y, ahora, nueva piedra filosofal del gobierno andaluz con respecto a la batalla territorial.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Amor & primarias

carlosmarmol · 7 marzo, 2020 · Deja un comentario

El culebrón de los susánidas, esos fieles y esforzados devotos de la Iglesia de Su Peronísima en sus Últimos Días, es como una opereta triste. Cada cierto tiempo suenan las notas del Vals de la Muerte –esa extraordinaria melodía escrita por Nino Rota para The Godfather, la soberbia tragedia en tres tiempos que dirigió el gran Coppola– y la tensión crece, el miedo se extiende, el desamparo reina y las lágrimas de la incertidumbre brotan solas; otras veces es el silencio, como la nieve que en la Baja Andalucía apenas si conocemos, quien impone su manto de vacío sobre las belicosas estirpes del PSOE indígena, donde todos se han acostado con todos un instante antes de apuñalarse por la espalda. Pueden llamarlo amor, si quieren. Para entender lo que ocurre en el Partido (que ya no es el Partido) ya no es necesario oír a los célebres heraldos -«nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos» escribió Neruda- salvo si ambicionan saber la versión oficial, pero para averiguar la verdad del cuento es más útil leer a Mario Puzo. Lo clava. El último episodio del serial son las palabras de otro Mario (Jiménez), el hombre que pudo heredar el Reino, que fue relegado por Ella a una de sus vicarías para después ser depurado -¡ah, las viejas prácticas del politburó!- cuando llegó la hora (ingrata) de jurar las reglas en la cofradía de Pedro I, El Insomne (tres pasos, tres). El exportavoz socialista en las Cinque Piaghe ha dicho que cuando lleguen las primarias «habrá varios candidatos y los militantes elegirán de manera libre». Empezando por Huelva.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La patria es una bolita

carlosmarmol · 29 febrero, 2020 · Deja un comentario

La turra amenazaba con ser de categoría. Y, en efecto, así fue. La fiesta del 28F, edición cuadragésima, tuvo algo de chirigota del Selu: «Si me pongo pesao me lo dices, Juan(ma)». Un quinario. Una indigestión de algodón de azúcar. El régimen -que se dice nuevo, pero que está formado por los de siempre, aunque con los papeles intercambiados- se encarnó primero en el Maestranza y después confraternizó en los jardines del Quirinale bajo un envidiable sol primaveral que aconsejaba salir corriendo en busca de la vida auténtica. Al pueblo andaluz, ese unicornio verde, no lo vimos por ningún lado. El único sitio donde encontramos una banderita de la Marisma fue en una pastelería. Mal augurio si se pretende volver a sacar a la gente en la calle. A dos kilómetros del Maestranza ya no podías caminar sin ser interceptado por policías con metralleta. Si eras pueblo, de ahí no pasabas. Se suponía que se celebraba una gesta colectiva, pero allí sólo estaban los que viven de Andalucía.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La nueva batalla del Sur

carlosmarmol · 28 febrero, 2020 · Deja un comentario

Las autonomías, en contra de lo que puede parecer, son -como decía Borges de la ciencia- un género de la literatura fantástica: aquel que confunde lo onírico con lo real y no distingue entre los sueños y la vigilia. Es patrimonio de las ensoñaciones, pese a su falta de adecuación a la realidad, condicionar nuestras vidas. Desde la instauración de la democracia en España, la discusión sobre el problema territorial es el factor que condiciona toda la vida política, orillando al resto de asuntos. Se trata de una discusión tan artificial como relevante. Las cosas nunca son como son. Son como nos parecen, decía el dramaturgo italiano Luigi Pirandello. La causa de este fenómeno, en el que la discusión, lejos de plantearse en términos objetivos -la eficacia de un determinado modelo de descentralización-, acostumbra a abordarse desde la perspectiva sentimental, con exageraciones que se extienden a la identidad colectiva y a la pertenencia cultural, se debe, básicamente, a los intereses de las élites políticas de Cataluña y Euskadi, que mediante proyectos identitarios excluyentes -antes nacionalistas; ahora independentistas- cuestionan una y otra vez un orden que, aunque la Constitución no cerró por completo, tras cuatro décadas de autogobierno debería ser un asunto más que amortizado.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El oro del populismo

carlosmarmol · 28 febrero, 2020 · Deja un comentario

En Sibila, capital de la Marisma, dar pregones y conceder medallas es una tradición popular que simboliza -como pocas- dos grandes mentiras. Una: quien predica sus creencias a gritos acostumbra a ser un trueno (vestido de nazareno). Dos: aquellos que conceden galardones buscan, antes que reconocer los méritos ajenos, celebrar los propios. Ambas certezas permiten entender la forma en la que el gobierno del escabeche maximus ha diseñado los actos del 28-F, marcados por un color en sepia que tira de espaldas. En ellos todo huele a pretérito, a habitación cerrada: la pizarrita con los porcentajes a tiza del referéndum (que perdimos), la estampas entre olivos del Reverendísimo Bonilla y el Adelantado Marínpor el recreo de Blas Infante en Coria, igual que un matrimonio LGTB hacia el altar sagrado de la patria, o el oro populista de los metales del reconocimiento, repartidos para que la Gran Conversión parezca ecuménica. La Iglesia del Cambio (sin cambio) nos ama a todos: ricos y pobres, buenos y malos, abreviadores y rentistas. Todo es concordia junto a Il Redentore. Éste es el tono.

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Ilustraciones: Daniel Rosell