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Disidencias

El mal y otras catástrofes

carlosmarmol · 28 febrero, 2026 ·

Todos los grandes conceptos culturales encierran en su interior un misterio que, a lo largo del tiempo, que en este caso es también el curso de la historia, intentamos desentrañar. No sabemos quién es Dios –los creyentes otorgan verosimilitud a una ficción consoladora– y describimos a la muerte mediante una ausencia o negación –aquello que ya no está vivo– porque se trata de una experiencia individual e incomunicable. Algo similar sucede con el mal, cuyo arco semántico incluye desde las calamidades naturales o las desgracias personales a actos tan abyectos como el terrorismo, la tortura o la crueldad gratuita. Lo maligno, cuya representación alegórica dentro del paradigma occidental es el personaje diablo de la Biblia, señor de todas las pestes, es una invariante de la existencia que, lo que no deja de ser una paradoja, nunca deja de mutar. El mal medieval no es idéntico al de los modernos. Las desgracias antiguas difieren en su significado –aunque no en su capacidad quebranto– de las contemporáneas. Casi cabe decir que a través de la idea del mal y sus sucesivos cambios pueden reconstruirse las distintas edades del hombre.

Las Disidencias en The Objective.

Julian Barnes, telón y adiós

carlosmarmol · 27 febrero, 2026 ·

Existen tantas formas de morirse como clases posibles de difuntos. Cada nacimiento es un hecho único y, al mismo tiempo, similar. Ninguno de los que aún estamos vivos, y mucho menos los muertos, alcanza a recordarlo. Las despedidas, en cambio, son inequívocamente dispares. Las hay de toda clase y condición: súbitas, inmediatas, agonizantes, correosas, crueles y hasta premeditadas. Morirse puede ser un calvario o un descanso, pero el recuerdo de ese instante categórico nunca pertenece al protagonista. Es el patrimonio tormentoso de aquellos que le sobreviven. Lo mejor que puede decirse de la muerte es que no deja ningún recuerdo en el cerebro de quien la espera o la sufre, aunque sus vísperas sean obsesivas, insomnes y tormentosas, incluso para los sabios estoicos, resignados a la irrupción de lo inevitable. El novelista británico Julian Barnes (1946) todavía está –por fortuna– entre nosotros, pero ya se prepara, como hacían los héroes antiguos, para la batalla final que consiste en cruzar al otro lado de la Estigia. Fiel a su educación –la tradición british, siempre discreta– ha decidido decir adiós a sus lectores con un libro –Despedidas (Anagrama)– que es una suerte de memorias conscientes del “principio del fin”, atravesada por una narración (simbólica), y con la voluntad de incurrir en un tercer género: el ensayo.

Las Disidencias en Letra Global.

Voces y vicios poéticos de las Américas

carlosmarmol · 21 febrero, 2026 ·

La literatura es el territorio de la libertad y su reverso, la lectura, la hoguera sagrada donde empieza este fuego. Esto explica que, en materia de gustos literarios, todo esté permitido, lo que no equivale a enterrar uno de los rasgos capitales de la cultura: la selección, el sentido de la jerarquía, el secreto de la distinción artística. En tiempos como los actuales, donde se confunden los desahogos con el arte, la sensiblería con la sensibilidad y cada semana las editoriales nos venden una obra maestra, conviene insistir en que no es posible diferenciar dos cosas sin compararlas a fondo y menos todavía bendecirlas sin argumentar el criterio intelectual o estético que alimenta nuestras propias elecciones, sean éstas las que sean. En el terreno de la cultura no existe la igualdad ni la corrección política. Lo que rige es la ley de la excelencia, que puede ser perfectamente cambiante, como lo es también la convención cultural acerca de lo que es (y no es) la literatura, pero que en absoluto cabe considerar inoperante.

Las Disidencias en The Objective.

Álvaro Pombo, la inequívoca certeza de la luz crepuscular

carlosmarmol · 20 febrero, 2026 ·

Contemplar cómo el sol se pone sobre el mar a la hora del crepúsculo es una experiencia fascinante, en buena medida debido a su efímera belleza, pero no siempre se repara por completo en que este colosal espectáculo de la naturaleza, igual que las obras de teatro, las novelas o los poemas, como cualquier viaje verdadero, tiene un final definitivo. Nada es más difícil para un ser humano, acaso por aquello que dijera Spinoza sobre la perseverancia y la obstinación del hombre en garantizarse su supervivencia, que soportar el tiempo de espera que nos aproxima, sin quererlo, cada día a la muerte. Muchas veces este tránsito está lleno de dolor. Otras aparece cargado de una irremediable melancolía: el tiempo vivido, las horas desperdiciadas, la imposibilidad (deseante) de dar marcha atrás al reloj de arena, antes de que la simetría cósmica –todo empieza y todo acaba– desmienta cada uno de nuestros anhelos. Más raro todavía es pasar el otoño de nuestra vida consciente con sentido del humor, haciendo burla y hasta escarnio de nosotros mismos.

Las Disidencias en Letra Global.

Rostros y retratos de la ‘España ejemplar’

carlosmarmol · 14 febrero, 2026 ·

“Cuando leas una biografía ten siempre presente que la verdad nunca es publicable”. El escritor irlandés George Bernard Shaw, Premio Nobel, advertía de esta manera tan cáustica y sincera sobre los peligros de dar por indiscutibles los episodios y avatares de las grandes figuras de la historia, no digamos ya del ámbito de la cultura con todas sus variaciones. La frase tiene un punto de verdad: ningún biógrafo, por bueno que sea, puede vivir la misma experiencia vital de su biografiado, aunque haya sin duda quienes crean administrar el patrimonio de aquellas figuras a las que alguna vez han retratado. Se trata, por supuesto, de un espejismo desmentido por la sabiduría popular cuando cinceló una de sus sentencias maestras: “Nadie conoce a nadie”. Siendo esto así, como es, no tenemos más remedio que concluir que la biografía, como la traducción, es un arte imposible y que únicamente puede ejercerse por aproximación, sin garantía alguna de exactitud por mucho rigor que se ponga en la tarea. Los mejores biógrafos son, en realidad, escritores cuyas fuentes pueden ser documentales y ciertas, sí, pero cuya lectura e interpretación sobre sus personajes –seres que son o fueron de carne y hueso y tuvieron (o tienen) nombres y apellidos– no puede desligarse por completo de la ficción. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell