Me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca Dios
pero yo estoy seguro de que es Troilo
ya que Dios apenas toca el arpa
y mal
Mario Benedetti.
El poeta Mario Benedetti, uruguayo de mil días y cien noches, tenía una extraña preferencia por burlar la rotundidad de las letras mayúsculas trastocándolas en minúsculas. En la vida sucede algo parecido: no hay grandes conceptos, sólo personas ordinarias. Esta disidencia versa sobre el exilio, la marcha, la huida. El desplazamiento en cualquiera de sus múltiples variedades. Y viene a cuento ahora que se celebra –es un decir– a Cernuda, a quien en Sevilla se lee mal, casi siempre en clave indígena, y fuera no se le tiene en cuenta todo lo que se debería. Cernuda, por supuesto, es uno de nuestros grandes exiliados. Se marchó –ya sabe ustedes las razones– igual que otros muchos, iniciando con su salida de su ciudad natal –La Muy Ilustre y Leal Doña Hipócrita– un deambular interior, callado, amargo, pero también luminoso, porque nos devolvió, metafísicos ingleses mediante, a un poeta mucho mejor del que se fue.
