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Disidencias

Memorias de una Europa en marcha

carlosmarmol · 5 septiembre, 2020 · Deja un comentario

Hay libros de otra época que certifican, simplemente mediante su existencia, los crueles efectos del paso del tiempo. En contra de lo que muchos postulan, no siempre es para mejor. Entre otras razones porque la celada de las horas, que siempre nos amenaza, es irremediable. Uno de estos títulos es Orient-Express. El tren de Europa (Acantilado), unas memorias personales que Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), escritor cosmopolita, judío pelirrojo, perito en vinos, hombre culto y civilizadísimo, enamorado de la Europa de entreguerras, ha construido como un jalón más de su asombrosa y sucesiva literatura sensorial, que es aquella que, frente a la parquedad de estilo que tanto se estila (la redundancia es expresiva), opta por poner en escena, igual que en una ópera galante, todo aquello, imperfecto y hermoso, que una vez existió y que el calendario ha arrasado. Por supuesto, este tipo de libros se sustenta en la amplificación verbal –de hechos, instantes, situaciones, historias– y en la práctica de la nostalgia como una más de las bellas artes, pero dada la pobreza de algunas obras que hoy se dan a la imprenta, constituye una maravillosa anomalía. Una flor extraña.

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Borges, instantes de vida

carlosmarmol · 29 agosto, 2020 · Deja un comentario

Borges, el otro, como escribiría con su inteligente ironía el gran escritor argentino, le confesó a Soler Serrano, en una de sus últimas entrevistas crepusculares, que la mañana previa a su encuentro había soñado que se moría y que, en ese instante, al despertar de tan terrible sueño, sintió una inefable felicidad. El entrevistador, descolocado por la confesión, improvisa: “Será porque se trataba de una pesadilla, ¿no?”. Borges niega la mayor y precisa que su alivio procedía de la indudable certeza del sueño, de la presencia de una muerte inminente. Soler Serrano le pide entonces que formule un epitafio, un testamento de urgencia. El escritor argentino responde: “Olvídense de Borges y lean a otros, a mis superiores”. Treinta y cuatro años después de su muerte, tan elegante como su literatura, el consejo del poeta y prosista argentino, cosmopolita sin apuro, enemigo declarado del nacionalismo y del peronismo en cualquiera de sus infinitas formas, confeso anarquista spenceriano, no ha tenido la misma fortuna que su obra. Todos seguimos hablando de él, evocándolo, recordándolo mediante esa especie de victoria efímera frente a la muerte que es la posteridad. Borges vive. Está. Permanece. Es leído y admirado. Ha vencido a las ruinas circulares del calendario y comparece ante nuestros ojos de cuerpo entero. En sus libros y en el extendido recuerdo.

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Menéndez Salmón, memorias y devastación

carlosmarmol · 22 agosto, 2020 · Deja un comentario

Lo descubrimos tarde y casi siempre con sorpresa. La muerte, tan temida, es un asunto esencialmente prosaico. Vulgar. Nos pasamos toda la vida cavilando sobre su trascendencia, imaginándonosla como un gran misterio, amplificando lo que tiene de irremediable y, cuando llega, con su inconsciencia blanca, apenas si se manifiesta. Pasa como un suspiro o un silencio sostenido. Como un tiempo exacto que se detiene para siempre. Un non plus ultra sin épica, ni versos, ni música. Quien la probó (en la figura de los demás) lo sabe: morirse es una mala costumbre y, como tal, acontece igual que un instante perdido en el calendario, sin hacer excesivo ruido, pero emitiendo al mismo tiempo un silente grito prehistórico. De este descubrimiento versa No entres dócilmente en esa noche quieta (Seix Barral), las memorias que el escritor Ricardo Menéndez Salmón ha escrito –en su madurez– sobre su relación como hijo con su padre, que es, en el fondo una descripción particular, pero también universal, de los sentimientos que quien sobrevive siente por aquellos que antes habitaban entre nosotros, aquellos que durante décadas fueron nosotros sin serlo por completo. Una historia triste sobre esas ambiguas relaciones entre un progenitor concreto y su descendencia.

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De Maistre, absolutismo e impertinencia

carlosmarmol · 15 agosto, 2020 · Deja un comentario

“El estilo define al hombre”, escribió Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, en una disertación pública tras haber sido nombrado uno de los cuarenta inmortales de la Academia Francesa. La frase hizo fortuna y, desde entonces, se repite como una fórmula matemática, tan indudable como exacta. Algo de cierto hay. Veamos un caso práctico:

“¿Es realmente una desgracia tener conocidos en vez de amigos? Gran error. ¿Qué es un amigo? Lo más inútil del mundo para la fortuna. Para empezar, nunca se tiene más de uno y siempre es el mismo; lo mismo valdría para un matrimonio. No hay nada que sea más útil que los conocidos: se pueden tener muchos y, cuanto más se tengan, más se multiplican las posibilidades en cuanto a su utilidad (…) Todo se reduce a conocer a un gran número de hombres. Jueguen mucho para que se les pueda ver mucho. El resto de los medios son menores en comparación». 

¿Qué personalidad se oculta tras semejante afirmación? ¿Es la voz de un cínico que revela la impostura (y la utilidad) de las relaciones sociales o se trata acaso de una naturaleza sincera hasta la brutalidad? ¿Nos habla un loco o un cuerdo? Diríamos que la frase representa a una personalidad que encarna ambas cosas al mismo tiempo.

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Marsé, el último gran deicida

carlosmarmol · 9 agosto, 2020 · Deja un comentario

Juan Marsé (1933-2020) escribía novelas y relatos pero, en contra de lo que acostumbra a decirse, lo hacía como un poeta. Un poeta extraño. Alguien que no se consideraba tal, de igual manera que rechazaba, incluso de forma violenta, la ridícula condición de intelectual y todas las asociaciones y tópicos sobre el arte literario. Él no perseguía instaurar un ritmo al construir una frase y, desde luego, no parecía ser aficionado a componer versos o regodearse en lirismos, aunque en sus libros –si los leemos con detenimiento– subyace, como un sustrato milagroso, uno de los rasgos que definen a la poesía moderna: la construcción mediante palabras de un universo vivencial particular. Suele decirse, y en su momento lo escribió Vargas Llosa en el extraordinario ensayo que dedicó a la obra de Gabriel García Márquez–Historia de un deicidio (Barral Editores)– que un novelista es un asesino de ídolos sagrados. Alguien que suplanta a Dios para reemplazarlo mediante la creación de criaturas y geografías imaginarias. “Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, que es la creación de Dios”.

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Ilustraciones: Daniel Rosell