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Letra Global

Gaziel, ‘Cathalonia’ y el libro de los espejismos

carlosmarmol · 29 junio, 2024 ·

El anhelo (secreto) de los intelectuales heterodoxos es convertirse (algún día) en ortodoxos. Todos los disidentes, sobre todo los profesionales, pertenecen a una de estas dos estirpes: por un lado están los apocalípticos sinceros, que impugnan el mundo en el que habitan movidos por la convicción, la fe en sus valores y un loable espíritu combativo –poca broma: la Historia es generosa en episodios donde se nos relata su martirio y exterminio–; por otro tenemos a los integrados in fieri, aquellos que hacen industria de su rebeldía con la confianza de que, una vez hayan sido derribadas las inmensas y vetustas columnas del templo de Jerusalén, igual que hizo Sansón, podrán alzar un tabernáculo acorde a su gusto. No son familias incompatibles: a menudo ambas se entreveran y se confunden a lo largo del tiempo. Agustí Calvet (1887-1964), más conocido por el pseudónimo de Gaziel, dedicó su tesis doctoral (en filosofía) a la figura de Fray Anselmo Turmeda, un fraile mallorquín de la orden franciscana que vivió entre el siglo XIV y el XV. Turmeda fue un personaje singular: escribió indistintamente en catalán y en árabe y, tras renunciar a la fe católica en favor del Islam, se refugió en Túnez, donde ejerció como traductor comercial (trujamán) y dirigió la aduana portuaria. La elección del personaje no parece casual: un teólogo bilingüe, hombre sabio del Medievo, capaz de combinar la alta cultura con la utilidad secular del comercio. Casi se diría que Turmeda fue una especie de lejanísimo precursor del catalanismo cultural que profesó Calvet desde tiempo antes de convertirse en uno los periodistas más brillantes de España a comienzos del siglo XX, junto a personajes tan colosales como Julio Camba, Manuel Chaves Nogales, Eugeni Xammar, Josep María de Sagarra, o Josep Pla.

Las Disidencias en Letra Global.

Lord Byron: óxidos de plata en el espejo del mito

carlosmarmol · 21 junio, 2024 ·

“Los que viven de las rentas, se dice, / mueren más tarde, Dios sabe por qué, / quizás para suplicio de los prestamistas, cierto / que algunos, según creo, nunca mueren”. Estos versos del Don Juan de Byron, considerada la obra maestra del gran poeta romántico inglés, que lo era en espíritu y en actitud más que en estricta materia métrica –su poema sobre el mito del burlador de Sevilla, creado por Tirso de Molina, está escrito en ottava rima, una estrofa de ascendencia italiana de ocho versos yámbicos, fieles a un patrón endecasilábico– sugieren, en una primera lectura, cierta sensación de extrañeza. Hablan en un lenguaje que puede parecer alto y remoto. En realidad son un presagio. Las líneas que leemos tratan sobre nosotros: “De entre todas las bárbaras Edades Medias / es la más bárbara la edad media del hombre. / Se trata no sabría muy bien decir de qué; / pero cuando oscilamos entre el bufón y el sabio / y no sabemos en verdad qué nos espera, / un periodo algo parecido a página impresa, / letra gótica en folio, mientras el cabello / se nos vuelve canoso y no somos ya lo que éramos”. Son versos que, en su momento, expresaron un espíritu inequívocamente moderno. El Don Juan de Byron no es exactamente un personaje galante. O, al menos, no lo es de idéntica manera que sus antecesores. Encarna otro arquetipo diferente: un ser desarraigado, ilustre y asilvestrado, que se guía según sus pasiones, pero que, inmerso en ellas, no desdeña el retrato burlesco ni la meditación sobre el mundo.

Las Disidencias en Letra Global.

Javier Cercas: ser académico sin darse importancia

carlosmarmol · 14 junio, 2024 ·

No está del todo claro, porque los testimonios públicos –y privados– de los directamente concernidos son ambivalentes a la hora del describir el trance, y difieren, como es natural, según fuera el desenlace, si la designación de un escritor como académico de la lengua –existen otras nobles corporaciones culturales, pero son secundarias en la jerarquía institucional, por decirlo de manera elegante– es un regalo o una inmensa celada. Depende, igual que sucede en las novelas con el punto de vista (desde el que se aborde la cuestión) o si de lo que se trata es de leer una decisión (no impugnable y arbitraria, igual que la elección de un Papa, hecha por los mismos miembros de la congregación) en el sentido social o cultural. Hay quien suspira durante toda una vida de esfuerzos y vanidades terrestres por disfrutar de tan altísimo honor –ser admitido en la institución que vela por la pureza de la lengua española– y otros que, sabiéndose de antemano al margen de los mandarinatos, denostan la obligación, descrita por algunos de los secretos aspirantes fallidos, de recabar –directa o indirectamente– el nihil obstat del sanedrín. Uno a uno. El proceso, que alguno ha calificado como una absoluta humillación, de ser cierto, no debe ser agradable, a menos que uno sea un profesional del arte (veneciano) de rogar favores y pedir mercedes.

Las Disidencias en Letra Global.

Roger Wolfe: poesía (realista) para gente normal

carlosmarmol · 7 junio, 2024 ·

Existe una fértil zona de sombra, que es consecuencia también de la ternura traicionada, en esa poesía que decide construirse a sí misma, igual que hacemos los seres humanos con sentido de la voluntad, con los materiales desechados del clasicismo. Los poemas surgidos del desencanto, hijos bastardos del desarraigo o frutos de los desajustes existenciales, gozan de una condición singular que raramente aparece en la literatura razonable: buscan la verdad a toda costa, en contra de todas las convenciones culturales y las preceptivas retóricas. Esta naturaleza rebelde hace que muchos de los poetas de la estirpe del enfado, herederos de ese hastío ancestral que es presente sin dejar nunca de ser pasado, registren con una exactitud meridiana la vida (verdadera) de nuestra época, siempre en fase de descuento. Acaso quien mejor encarne este raro talento en la poesía española de los últimos treinta años sea Roger Wolfe (1962), un poeta de origen inglés, criado en Alicante, perfectamente bilingüe, que irrumpió en el territorio sagrado de la lírica castellana –donde los poetas oficiales se disputaban la menguante monarquía de un reino diminuto– a mitad de la década de los ochenta. Su primer libro –Diecisiete poemas (1986)–, editado en un sello de Málaga propiedad de Ángel Caffarena, el sobrino-librero de Emilio Prados–, y especialmente el segundo –Días perdidos en los transportes públicos (Anthropos, 1992), causaron desazón y sorpresa en el reducido universo insular de la poesía patria por no adscribirse por completo a ninguna de las dos pandillas que entonces competían por la hegemonía cultural.

Las Disidencias en Letra Global.

Franz Kafka o la polifonía (narrativa) del tormento

carlosmarmol · 24 mayo, 2024 ·

Lo más asombroso de la literatura de Franz Kafka (1883-1924) no es que su apellido terminase dando origen a un adjetivo común –lo kafkiano, esa suerte de pesadilla que encierra dentro de una prisión semántica los tormentos de la existencia cotidiana– sino que, un siglo exacto después de su desaparición, que él hubiera anhelado que fuera un hecho absoluto, sin prolongación posible ni protagonismo en la agenda de la posteridad, todavía identifique, con un rigor meridiano, el eterno sinsentido de la vida. Debemos semejante hallazgo, como es sabido, a la proverbial traición de Max Brod, su amigo y albacea, que violó la promesa de destruir todos sus papeles de trabajo, donde el escritor checo, bajo la forma de una sucesión de apuntes, esbozos e infinitos borradores, dejó una parte más que considerable de su sustancia creadora y el resto, amargo, de sus íntimas premoniciones. Brod no respeto su última voluntad y, acaso para redimirse de este pecado, escribió a continuación una biografía de Kafka que lo acerca a la santidad. Se permitió a continuación acondicionar las primeras ediciones de su obra, añadiendo títulos que el escritor checo nunca puso en sus escritos. Una alteración que han ido corrigiendo las ediciones posteriores, obsesionadas con un imposible: devolver su integridad a los manuscritos que Kafka nunca publicó y que jamás quiso ver editados.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell