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Letra Global

Manuel Arroyo-Stephens, milagros de un dilentante

carlosmarmol · 12 julio, 2024 ·

“Las autobiografías deberían escribirse después de muerto. Las memorias, nunca. Da serenidad y perspectiva a lo que no la tiene. Es posible que desde fuera tenga sentido la cosa, la vida. Que se vea clara la causa, la raíz, la madre del cordero”. Cualquier escritor desearía, si es que la inseguridad no lo ha convertido hace tiempo en su prisionero, mandar el mundo a paseo y ponerse a escribir sin tonterías, sin teorías, prescindiendo de un guión establecido, a la buena de Dios, entregado al deslumbramiento del instante y guiado por el vendaval –no siempre piadoso– de la improvisación. Escribir sin que importe el género, ni la sintaxis –que nace y brota sola, se enreda y se desenreda sin admitir más dueña ni señora que ella misma– y, simplemente, dejar para siempre por escrito las palabras que bailan en tu cerebro. No es una tarea fácil: a muchos autores (españoles) les sucede con la literatura lo mismo que aquellos que no terminan nunca de hablar bien otro idioma, aunque dominen a la perfección las reglas gramaticales y sepan el léxico: el infinito miedo al ridículo, que es el más tonto de todos, acaba frustrando sus deseos, al hacerlos incapaces de imitar (como hacen los niños) la melodía y la dicción de la lengua extranjera.

Las Disidencias en Letra Global.

Las edades de la novela

carlosmarmol · 7 julio, 2024 ·

Pensamos gracias a la magia del lenguaje. Describimos –y concebimos– la realidad a través de narraciones. Siendo cosas indudables, resulta inconcebible que en los planes educativos oficiales, en el posterior ejercicio profesional, e incluso en los avatares vitales, la literatura haya sido relegada , a un espacio secundario por los pedagogos –¡vade retro, Satanás!– y por una parte de la sociedad, orgullosa y segura de su ignorancia. La tecnología, al fin y al cabo, no es más que una forma de lenguaje (entre las máquinas). La ciencia no deja de ser un gran relato sobre la naturaleza. Todo esto ya lo sabían los clásicos, que establecieron como principios de la formación el trivium y el quadrivium, los ciclos de las siete artes liberales que fueron sistematizadas –cosa bastante curiosa– a partir del siglo VI gracias a Casiodoro, el discípulo de Boecio, cuando Grecia ya era un remoto recuerdo y Roma no existía. El trivium comprendía la tríada que forman la gramática, la retórica y la dialéctica. Todas disciplinas de la expresión. El quadrivium completaba esta formación en letras, que es la esencial, con la aritmética, la geometría y la música. Códigos que explican los números, las formas en el espacio y los sonidos.

Las Disidencias en Letra Global.

Gaziel, ‘Cathalonia’ y el libro de los espejismos

carlosmarmol · 29 junio, 2024 ·

El anhelo (secreto) de los intelectuales heterodoxos es convertirse (algún día) en ortodoxos. Todos los disidentes, sobre todo los profesionales, pertenecen a una de estas dos estirpes: por un lado están los apocalípticos sinceros, que impugnan el mundo en el que habitan movidos por la convicción, la fe en sus valores y un loable espíritu combativo –poca broma: la Historia es generosa en episodios donde se nos relata su martirio y exterminio–; por otro tenemos a los integrados in fieri, aquellos que hacen industria de su rebeldía con la confianza de que, una vez hayan sido derribadas las inmensas y vetustas columnas del templo de Jerusalén, igual que hizo Sansón, podrán alzar un tabernáculo acorde a su gusto. No son familias incompatibles: a menudo ambas se entreveran y se confunden a lo largo del tiempo. Agustí Calvet (1887-1964), más conocido por el pseudónimo de Gaziel, dedicó su tesis doctoral (en filosofía) a la figura de Fray Anselmo Turmeda, un fraile mallorquín de la orden franciscana que vivió entre el siglo XIV y el XV. Turmeda fue un personaje singular: escribió indistintamente en catalán y en árabe y, tras renunciar a la fe católica en favor del Islam, se refugió en Túnez, donde ejerció como traductor comercial (trujamán) y dirigió la aduana portuaria. La elección del personaje no parece casual: un teólogo bilingüe, hombre sabio del Medievo, capaz de combinar la alta cultura con la utilidad secular del comercio. Casi se diría que Turmeda fue una especie de lejanísimo precursor del catalanismo cultural que profesó Calvet desde tiempo antes de convertirse en uno los periodistas más brillantes de España a comienzos del siglo XX, junto a personajes tan colosales como Julio Camba, Manuel Chaves Nogales, Eugeni Xammar, Josep María de Sagarra, o Josep Pla.

Las Disidencias en Letra Global.

Lord Byron: óxidos de plata en el espejo del mito

carlosmarmol · 21 junio, 2024 ·

“Los que viven de las rentas, se dice, / mueren más tarde, Dios sabe por qué, / quizás para suplicio de los prestamistas, cierto / que algunos, según creo, nunca mueren”. Estos versos del Don Juan de Byron, considerada la obra maestra del gran poeta romántico inglés, que lo era en espíritu y en actitud más que en estricta materia métrica –su poema sobre el mito del burlador de Sevilla, creado por Tirso de Molina, está escrito en ottava rima, una estrofa de ascendencia italiana de ocho versos yámbicos, fieles a un patrón endecasilábico– sugieren, en una primera lectura, cierta sensación de extrañeza. Hablan en un lenguaje que puede parecer alto y remoto. En realidad son un presagio. Las líneas que leemos tratan sobre nosotros: “De entre todas las bárbaras Edades Medias / es la más bárbara la edad media del hombre. / Se trata no sabría muy bien decir de qué; / pero cuando oscilamos entre el bufón y el sabio / y no sabemos en verdad qué nos espera, / un periodo algo parecido a página impresa, / letra gótica en folio, mientras el cabello / se nos vuelve canoso y no somos ya lo que éramos”. Son versos que, en su momento, expresaron un espíritu inequívocamente moderno. El Don Juan de Byron no es exactamente un personaje galante. O, al menos, no lo es de idéntica manera que sus antecesores. Encarna otro arquetipo diferente: un ser desarraigado, ilustre y asilvestrado, que se guía según sus pasiones, pero que, inmerso en ellas, no desdeña el retrato burlesco ni la meditación sobre el mundo.

Las Disidencias en Letra Global.

Javier Cercas: ser académico sin darse importancia

carlosmarmol · 14 junio, 2024 ·

No está del todo claro, porque los testimonios públicos –y privados– de los directamente concernidos son ambivalentes a la hora del describir el trance, y difieren, como es natural, según fuera el desenlace, si la designación de un escritor como académico de la lengua –existen otras nobles corporaciones culturales, pero son secundarias en la jerarquía institucional, por decirlo de manera elegante– es un regalo o una inmensa celada. Depende, igual que sucede en las novelas con el punto de vista (desde el que se aborde la cuestión) o si de lo que se trata es de leer una decisión (no impugnable y arbitraria, igual que la elección de un Papa, hecha por los mismos miembros de la congregación) en el sentido social o cultural. Hay quien suspira durante toda una vida de esfuerzos y vanidades terrestres por disfrutar de tan altísimo honor –ser admitido en la institución que vela por la pureza de la lengua española– y otros que, sabiéndose de antemano al margen de los mandarinatos, denostan la obligación, descrita por algunos de los secretos aspirantes fallidos, de recabar –directa o indirectamente– el nihil obstat del sanedrín. Uno a uno. El proceso, que alguno ha calificado como una absoluta humillación, de ser cierto, no debe ser agradable, a menos que uno sea un profesional del arte (veneciano) de rogar favores y pedir mercedes.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell