La primavera llega a la República Indígena con 15.100 parados más. Una estadística (negra) que nos acerca, de nuevo, a la línea psicológica del millón de desempleados. Una cuarta parte de los andaluces -esos animales mitológicos, según la Junta- no pueden vivir de su propio esfuerzo laboral porque nadie quiere contratarlos. Sólo nos superan las dos plazas africanas -Ceuta y Melilla- y Extremadura, cuya bandera apenas tiene una barra de color diferente a la nuestra. Que haya gente peor no es consuelo: el 43% de los ciudadanos de la Marisma viven de rentas que no generan. Pueden llamarlo solidaridad intergeneracional o asistencia social, pero señala el grado de autonomía real de Andalucía mucho mejor que el Estatuto.
Andalucía
Embajada triunfal a la Moncloa
La Reina de la Marisma ha vivido una semana plena de contrastes. Como a Ella le gusta. Una vez más, con la misma actitud marcial de todos los años, se ha paseado por la Feria de Sevilla, presumiendo de porte y fingiendo falsa cordialidad con un Pedro Sánchez que parece haber sustituido sus antiguos planes de reconquistar el Sur por la salsa albero. Eso se llama ir a menos. Apenas un día después del beso fraternal con el secretario general, por supuesto a la manera bíblica de Judas, la Querida Presidenta se marchaba, ataviada con un terno gris, a la Moncloa, donde Rajoy la recibía durante un ratito -no hay que pasarse; Ella está encantada de conocerse y habla por los codos- para tratar el asunto de la financiación autonómica.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
Sinfonía de toses & olvidos
La salud de una democracia, a veces, es una pura cuestión de laringe. Manuel Chaves, el histórico presidente de la Junta de Andalucía, cuya efigie tras casi dos décadas de poder omnímodo ha adquirido una inexpresividad románica, casi hierática, igual que las estatuas de los próceres decimonónicos, compareció ayer en el juicio de los ERE durante más de tres horas entre una sinfonía de toses -propias y ajenas- que mostraban su incomodidad (genética) por tener que dar explicaciones sobre sus decisiones políticas. Nunca quiso verse en tal trance y allí estaba. Obligado, molesto y dispuesto, exactamente igual que su sucesor, José Antonio Griñán, a exculparse absolutamente de todo. Sin excepciones.
Una crónica para El Mundo.
Amor cortés, desamor planetario
Nuestra Reina se ha vuelto occitana. Por descuido o confesión previa, que lo mismo da, sabíamos que entre sus aficiones juveniles, esas que cada día van quedando más lejos, figura la escritura de piezas líricas, pero no podríamos asegurar si sus versos han sido compuestos en clave íntima o hermética. Pero nunca, jamás, sospechamos que un buen día se presentaría en las Cinco Llagas, con el vicario mediante, vestida a la manera de Don Mendo para dedicarle a la oposición -con la que tiene un acuerdo para ir en una embajada petitoria a llorar a Moncloa-, y especialmente a Teresa Rodríguez, la portavoz de Podemos, coplas desafinadas de cariño cortesano; al principio sincero y esforzado, después, ma non troppo.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
La perdición es una maleta
Misa Mayor sin acto de contrición. Griñán se encontró a las 10.40 de la mañana donde nunca quiso estar. Justo tres años después de pasearse a cuerpo galante por el Supremo, cuando aún disfrutaba de la condición de aforado de la patria y estaba convencido de que, cambiando al instructor, la causa se vendría abajo. No sucedió. La prueba es el duelo teatral que este miércoles vimos en la Audiencia de Sevilla. El prócer demediado trató de disimular tal condición sustituyéndola por una locuacidad pedagógica que afectó hasta a su abogado, al que llegó a corregir varias veces. Era el acusado, sí, pero venía a sentar cátedra. El expresidente del PSOE inició su testimonio tranquilo y muy seguro de sí mismo: «Voy a explicarle, señor fiscal». Incurrió en extensísimas parrafadas para explicar sus decisiones y describir la crisis mundial. Disfrutaba, con comprensible nostalgia, al escucharse a sí mismo, pero cuando el fiscal comenzó a exhibirle documentos y a reprocharle sus declaraciones en sede parlamentaria la clase magistral mudó en discusión.
Una crónica para El Mundo.
