En Sevilla tenemos un patrimonio secreto que nadie reconoce: nuestros impertinentes. Los costumbristas, obsesionados con el ficticio mundo de los marquesados seculares, los ignoran, cosa que los hace, si cabe, aún más grandes. La Noria del sábado en El Mundo.
Cultura
Alameda 1998
Lo escribió Shakespeare: «Estamos hechos de la misma materia que los sueños». Cuando Gervasio Iglesias subió al atril de los Goya hace una semana para recoger el premio a la mejor película por La Isla Mínima tuvo un déjà vu: esa sensación que consiste en haber vivido antes el presente.
La Noria del sábado en El Mundo.
Atarazanas
Cuando el poder indígena decide que hay algo que celebrar a lo grande conviene echarse a temblar. Ocurrió hace días en las Atarazanas, el hipnótico edificio de los antiguos astilleros medievales de Sevilla, donde la Junta y la Caixa congregaron bajo un gélido viento nocturno que no movía vela alguna a casi todos los personajes del cuadro de honor del susanato, tanto los de primera hora como los últimos conversos, para festejar «la recuperación» del inmueble destinado al fallido Caixafórum, que gracias a Zoido se va a quedar a mitad de camino entre la memoria (de la infamia) y el futuro imperfecto.
La Noria del lunes en El Mundo.
Todo está permitido
Te despiertas y te encuentras con el vacío. Debes llenarlo. Tienes donde elegir: puedes leer, dejarte caer por el mercado, tomar el sol en un parque sucio, maldecir a los vecinos o preguntarte a quién diablos te toca atracar hoy. La crisis nos ha convertido a todos en asaltantes de caminos: salimos a la calle como tiburones pacíficos en busca de un alimento llamado porvenir que la realidad insiste en negarnos. Es lo propio de estos tiempos mezquinos: los hombres buenos se convierten en santos; los malos, en miserables. Hay gente que incluso vuelve a creer en Dios. Pero nadie puede huir infinitamente del destino ni del tiempo: cuando las cosas se ponen difíciles el índice de la moral propia se relaja, las normas se relativizan y empiezas a ver a esa gente que, mirando al suelo y con cara de beato, te dice que te va a asesinar dentro de un rato, pero que no es nada personal. Ni siquiera son ya negocios, sino supervivencia. O caes tú o los tumban a ellos.
El mundo es ‘ansí’
Fernando Savater, el filósofo, escribió una vez que la enseñanza es inútil si no existe una verdad cierta que transmitir, si todo es más o menos verdad, o si cada cual tiene su verdad igualmente respetable y no se puede decidir –racionalmente– entre tanta diversidad de opiniones. Parece cierto: las jerarquías intelectuales existen aunque la mal entendida política de igualdad a veces insista en confundir las oportunidades con los resultados. No son lo mismo. Todos deberíamos tener en nuestra vida las mismas opciones, pero el resultado de nuestras hazañas dependerá de cómo seamos y del azar, la máquina que mueve el tiempo.
