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Literatura

Francisco Umbral y el punto de fuga

carlosmarmol · 4 junio, 2022 · Deja un comentario

de los anhelos íntimos de cualquier escritor es fijar, de forma absolutista y soberana, la exégesis de su obra. Su interpretación canónica. El significado del legado que, casi siempre de forma egoísta, aspira a dejar a la posteridad, en caso de que exista semejante cosa. Esculpir la huella individual y condicionar –para siempre– el sentido de sus palabras ante sus posibles herederos, principalmente los lectores, puede ser una tarea tan obsesiva y tiránica como la práctica de la escritura, esa tortura (gozosa) que se vive en soledad. No deja de ser un afán contradictorio: quien se dedica a escribir literatura debería aceptar de buen grado, aunque rara vez suceda, la servidumbre que implica que su obra pueda ser comentada, discutida, incluso manipulada; una vez escrita, es propiedad moral de su público, aunque los derechos de autoría, antes de caducar y pasar al dominio público, reverberen en su persona o vayan en beneficio sus deudos, especialmente las viudas, cuando se trata de un hombre. La tarea, sin duda, tiene algo de quimera: los guardianes del tesoro –la ley de cualquier vida terrestre es la extinción– desaparecerán antes o después e, incluso si otros suceden a los precursores en estas funciones de custodios y cancerberos del patrimonio ajeno –el talento, ya se sabe, no se hereda–, las huellas personales irán desdibujando sus límites en esa playa de arena mojada que es el tiempo.

Las Disidencias en Letra Global.

James Ellroy: nadie es hermoso de cerca

carlosmarmol · 22 mayo, 2022 · Deja un comentario

La violencia, según Max Weber, es un instrumento esencial de la acción política. También de la literatura, por mucho que la galaxia de ofendidos (con la realidad) que nos rodea imponga su adolescente anatema a todo aquello que les hace parecer mejores, sin serlo y, en el fondo, sin cambiar absolutamente nada. Conviene recordarlo: los primeros versos de la Iliada cantan la cólera de Aquiles, causa de una guerra sin la que no puede entenderse el nacimiento de la cultura occidental. ¿Vamos a cancelar a Homero por contar en hexámetros milagrosos esta evidencia? ¿Por no ser el primer apóstol del pacifismo? Sólo pueden pensarlo los ignorantes.La vida real, por desgracia, es generosa de calamidades sinnúmero e injusticias constantes, pero ignorarlas como materia artística, incurriendo en la adolescente catequesis cultural, equivale a instalarse en una nube y habitar en un mundo artificial alejado del barro de la verdadera existencia. Por eso resulta tan saludable el vigor que todavía conserva la novela negra en un contexto editorial entregado a las convenciones de lo políticamente correcto y condicionado por discursos que buscan la entronización de una ideología dogmática instalada en el monopolio industrial del victimismo y alérgica al pensamiento crítico.

Las Disidencias en Letra Global.

La literatura menguante

carlosmarmol · 7 mayo, 2022 · Deja un comentario

Ars longa, vita brevis. La célebre frase de Hipócrates, padre de la medicina en la Atenas de Pericles, ha pasado a la historia con su formulación latina, pero fue pronunciada originalmente en griego . En una traducción expansiva podría interpretarse así: aprender consume toda una vida, y la nuestra tiene el tiempo tasado. El sabio griego advertía de esta manera a sus discípulos –y también a su clientela– de que para sanar a un enfermo un médico debe tener un conocimiento preciso de su oficio y de su materia, pero no es suficiente con saber mucho para poder salvar vidas. Es necesario además que las circunstancias ayuden. Con la lectura, que es la gimnasia del cerebro y la madre del entendimiento, por decirlo a la manera cervantina, sucede algo análogo: existen muchos más libros que horas tiene nuestra existencia. De antemano sabemos que no podremos leerlos todos. Ni siquiera los que ya están en nuestras bibliotecas. Los anaqueles son infinitos y nuestros pasos por las galerías de este universo terrestre, contados.

Las Disidencias en Letra Global.

Gabriel Ferrater, retrato de un semejante

carlosmarmol · 1 mayo, 2022 · Deja un comentario

A Andreu Jaume, editor ejemplar, le hemos oído decir más de una vez que uno de los libros potencialmente más interesantes sobre la cultura catalana –que no es exactamente la que se expresa en este idioma, sino la que nace del cruce y la promiscuidad fecunda con otras influencias, especialmente todas aquellas que proscribe el nacionalismo– sería una biografía intelectual del Gabriel Ferrater (1922-1972), un niño bien de Reus venido a menos y con el eterno síndrome de Peter Pan que, tras su suicidio, consumado antes de los cincuenta años, con la alevosía de ser anunciado de antemano, como si fuera la obertura de una obra de arte, trágica y perfecta, se ha convertido en uno de los mitos recurrentes del malditismo de salón. Acaso se deba a que no existe nada más seductor que esa hegemonía que conceden, muchas veces como autoabsolución, los demás con independencia del peso de los méritos y la carga de los deméritos. El suicidio no tiene nada de poético, a pesar del arquetipo cultural creado por el Romanticismo, como tampoco la poesía guarda una relación de equivalencia exacta con el sufrimiento y la frustración. Todos padecemos cosas, pero sólo los grandes poetas hacen de su dolor el de todos. Ferrater, que trastocó su apellido –su hermano Joan, siguiendo la tradición de la antítesis fraternal conservó el original: Ferraté–, responde con facilidad a esta mitología del vate atormentado, brillante como lector, políglota diletante, escritor que no (siempre) escribe, inútil para desenvolverse en la vida doméstica y alma fatalmente perdida –salvo en la búsqueda del consuelo de las mujeres– para una existencia vulgar y terrestre.

Las Disidencias en Letra Global.

Borges ‘on stage’

carlosmarmol · 24 abril, 2022 · Deja un comentario

Ninguno somos como aparentamos. Nadie es cien por cien auténtico. Todos cincelamos nuestra imagen, aunque su reverberación sobre los demás no coincida siempre con el fondo de nuestros anhelos. La eterna discusión sobre la identidad, esa cuestión ancestral, es una impostura irremediable. Todos mentimos incluso cuando decimos la verdad. Si esto ocurre en el caso de cualquiera, no digamos ya si se trata de un escritor, cuyo oficio precisamente consiste en construir ficciones, alzar medias verdades enunciadas como falsedades consentidas gracias al mágico sortilegio de las fábulas. Vargas Llosa afirma –en su última aproximación literaria a Galdós– que el primer personaje de un autor es el narrador de sus historias. Diríamos más: un escritor, si lo es de verdad, no tiene más remedio que inventarse a sí mismo, aunque sea mediante el procedimiento de desdibujarse. Unos lo hacen mediante el énfasis y la emoción (pathos), otros optan por el laconismo y el misterio. Al primer grupo pertenecen Quevedo, Cela o Umbral; en el segundo podríamos encuadrar a Cervantes, Salinger o Juan Rulfo. En cualquiera de los casos, la interpretación de la literaturaaparece condicionada por el carácter (ethos). Existen escritores que transitan entre ambas orillas. Es el caso de Jorge Luis Borges, el indiscutible centro del canon hispanoamericano, principio y ocaso de la literatura escrita en español durante el pasado siglo XX. Uno de los últimos realmente grandes. Un clásico por anticipado.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell