Es una ley inmutable de la política, incluida la indígena: los apocalípticos aspiran, más que cualquier otra cosa en el mundo, a convertirse en integrados. A ser posible, pronto, aunque sigan anclados un cierto tiempo a la retórica previa, en general tremendista. En una época en la que las verdaderas revoluciones ya no son factibles porque nadie quiere pagar el sacrificio que implican, y todos los actores políticos desean nadar y guardar la ropa, cada vez que oímos a un Júpiter tronante clamar por la urgente justicia social nos llevamos la mano al bolsillo y nos tentamos la cartera. Just in case. Los revolucionarios de salón tienen la incómoda costumbre de que seamos los demás quienes financiemos sus gestas.
Las Crónicas Indígenas en El Mundo.
