Nuestro alcalde es un hombre de acción, igual que el Aviraneta de Baroja. No puede ser definido con un único adjetivo. Es un político inasible que muta sin descanso: lo mismo te dice una cosa que otra.
La Noria del lunes en El Mundo
Nuestro alcalde es un hombre de acción, igual que el Aviraneta de Baroja. No puede ser definido con un único adjetivo. Es un político inasible que muta sin descanso: lo mismo te dice una cosa que otra.
La Noria del lunes en El Mundo
Gobernar es tan fácil, y tan difícil, como leer. Hacer política tiene cierta semejanza con el acto de ponerse delante de un libro y escuchar a los muertos con los ojos, como escribió Quevedo.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo
Polibio escribe en su Historia del ascenso de Roma: «La humanidad no posee mejor regla de conducta que el conocimiento del pasado». Todo está inventado hace siglos. El pretérito nos ofrece una imagen inquietante del porvenir pero no resuelve la gran incógnita: ¿será el futuro menos malo que este turbio presente?
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo
JOSEP PLA escribió que la Segunda República española empezó con un gobierno liberal a la francesa, que creía en los negocios y en el confort burgués, encarnación de la Tercera España fallida de Chaves Nogales, y terminó convertida en un régimen populista. Llegó tras unas elecciones locales.Desde entonces nuestra cultura política cree que los comicios municipales son un termómetro social infalible. Es cierto. Antes de un terremoto se producen temblores previos, avisos. En política son las tendencias de voto.
Era cuestión de esperar. El augurio estaba escrito. Por el cauce habitual de la filtración interesada (e inexacta) el alcalde ha anunciado esta semana un principio de acuerdo con Altadis para recalificar los terrenos de su fábrica en Los Remedios. La operación se pinta como un logro del regidor, se supedita a la autorización de la Junta (dentro de la estrategia del gobierno local de culpar a los demás de su incapacidad) y, de postre, se adoba con un llamativo detalle cofrade –la salvación de la capilla de Las Cigarreras– para que nadie ose discutir la gesta.
Sir Francis Bacon decía que los viajes, durante la juventud, son una parte de la educación, mientras que en la vejez constituyen una prueba de la experiencia. Si fuera cierto, cosa que a nosotros nos parece indudable, bien podría decirse que en Sevilla no tenemos demasiadas letras ni la experiencia, al contrario de lo que dice el refrán, es siempre un grado. Por lo habitual, en esta ciudad se viaja poco y mal. Hasta hace unas décadas nuestras élites apenas si salían de los estrictos límites hispalenses. Ahora, cuando las nuevas generaciones se marchan a buscar el incierto futuro fuera a falta de sustento patrio, se viaja por obligación, igual que si fuera una condena. Alejarse de Sevilla para crecer en lo personal y profesional, un cursus honorum que todos deberíamos hacer al menos una vez en la vida, sigue viéndose como una maldición en lugar de como un regalo que nos permite aprender, comparar las enseñanzas adquiridas y reformular nuestra propia idea del terruño.
