Los eternos problemas del Ayuntamiento de Sevilla con la botellona, esa práctica sociológica que caracteriza desde el origen de los tiempos al adolescente hispalensis, y que se transmite de generación en generación, de forma que los litroneros del lejano pretérito son ahora los padres de los botelloneros del presente y pronto se convertirán en los inminentes abuelos de los borrachos del mañana, tienen un origen óptico. En unos casos, voluntario. En otros, sobrevenido. Rojas Marcos y Becerril veían las botellonas e intentaban controlarlas, aunque con poco éxito. Monteseirín, Zoido y Espadas las ven pero hacen como que no las ven. Y eso que durante sus mandatos no han dejado de aumentar. Todos los fines de semana del año. En los mismos sitios. A las mismas horas. Siempre ahí.
Política
Independencia de Barra Brava
“Cartas iban y venían desde Londres a Madrid”. Eso dice la copla. Las cancillerías española y catalanufa, entre las que aún existe una jerarquía evidente por mucho que los soberanistas se presenten a sí mismos como independientes, se mandan estos días burofaxes llenos de cariño y cortesía. Es entrañable ver cómo mantienen la educación (verbal) en un conflicto que desde hace bastante tiempo se alimenta sólo con las tripas. Puro teatro, por supuesto. Igual que todo en esta tragicomedia infinita. Mientras se resuelve el misterio de si hubo proclamación (jurídica o retórica) y se aclara si la democracia hará cumplir la Santa Constitución, nuestra impresión es que lo único que hubo la noche de autos fue un comunicado como los que cincelaban, después de romper piedras, los gudaris batasunos. Nada más. ¡Y nada menos!
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.
El peso de la autonomía
Deyan Sudjic, exeditor de la revista Domus, escribió hace unos años el guión de una película sobre Norman Foster, probablemente el arquitecto más global del orbe, que se titula ¿Cuánto pesa su edificio, Señor Foster? El documental reproduce la pregunta, tan inteligente como inesperada, que Buckminster Fuller, el inventor de la cúpula geodésica, le hizo un día al arquitecto británico, que entonces no supo qué responder. La interrogación ya llevaba implícita la lección: si quieres construir algo, lo que sea, debes saber antes su peso. Si no, lo más probable es que no puedas sostenerlo. La enseñanza sirve para la arquitectura, se extiende a la vida, esa maestra cruel, y alcanza a la política indígena. Para saber cómo gobernar debes conocer el valor de aquello que pretendes administrar.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
La covacha de los títeres
La euforia antecede al colapso emocional. Es así. Ocurre en la vida y sucede también en la política. El desafío soberanista contra la democracia española, que es bastante imperfecta e injusta pero nos parece preferible al caos tribal que anuncian las arcadias distópicas, ha empezado a chocar con el suelo de la realidad, que desde el principio de los tiempos, e incluso antes, está representado por el mundo del dinero, el único dios verdadero. La creciente fuga de empresas, incluidas las dos mayores entidades simbólicas catalanas, como Caixabank y el Sabadell, confirma el aserto clásico: el dinero es el apátrida más perfecto que existe. En simultáneo, también ilustra hasta qué punto es profunda la fractura social en la que el independentismo ha metido a toda Cataluña.
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.
No me toques la autoestima
La vida es maravillosa. Llevamos dos noches (con sus días) sin dormir leyendo la petalada de condenas, maldiciones, insidias, insultos e imprecaciones que nos dedican los Santísimos Funcionarios del susanato -la Administración es otra cosa- por atrevernos, ¡oh, osadía!, a criticar la reducción de su jornada laboral en un par de horas y media y evidenciar que la norma de las 35 tiene menos sustento legal que la República Catalanufa. Lo decimos desde el gozo porque no hay nada que guste más a un periodista impertinente que recibir muestras de amor apasionado donde los adjetivos intensos no caben en el folio mientras los argumentos no aparecen por ningún lado. En estas reconveniencias tenemos de todo, aunque su común denominador sea salvaguardar privilegios de clase. Nada raro: los grupos privilegiados se tienen por tales en su fuero interno pero niegan tal condición en público para no perderla.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
