Jonathan Swift, escritor satírico, dejó dicho que la politica exige tres cosas: insolencia, dotes para el soborno y capacidad para engañar a tus semejantes. Nuestros próceres cumplen sobradamente esta tríada. Jamás nos dirán una verdad. Todos, sin excepciones, practican la simulación pertinaz. La partitocracia donde medran no es sino una cofradía de mentirosos organizada mediante la hábil gestión de los susurros. Los líderes más dotados se manejan bien en este bosque lleno de silencios. Los mediocres necesitan disimular sus contradicciones con propaganda institucional. Pero incluso así, se les nota todo. Fíjense en la ‘noticia’ sobre el (hipotético) final del impuesto de las herencias, ese atraco del ‘susanato’ a las familias cuyo único sustento argumental era una perversión conceptual: la ‘doble tributación’.
Política
El narcisismo y el terror
Los atentados de Barcelona y Cambrils son la variante posmoderna de los crímenes nihilistas que Dostoievski situó en el corazón de algunas de sus grandes novelas, las mejores que existen para entender las sombras últimas del alma humana. Al contrario que cualquier suicida atormentado, que se da muerte a sí mismo en solitario, ejerciendo un último acto de voluntad, los yihadistas casi adolescentes que han aterrorizado estos días a Cataluña eligieron matar de forma comunal, indiscriminada, azarosa y banal. Con la misma normalidad que hacemos un chiste. La trivialidad ante el dolor ajeno es uno de los múltiples rostros del espanto. Y probablemente sea además el factor diferencial que convierte en pavorosa esta desgracia colectiva en la que, como era de esperar, la manipulación política hizo acto de presencia desde el primer momento, dando mucha más relevancia pública a los atributos del patético orgullo patriótico de los nacionalistas que al dolor infinito de las víctimas.
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.
La ‘Santa Financiación’, dos pasos
Por la presente se convoca a todos los ‘susánidas’ a la reunión de trabajo (es un decir) que celebrará la comisión de organización del solemne ‘guateque patriótico’ que tendrá lugar en primera convocatoria el 4-D y, en segunda, el 28-F, siempre la voluntad de ‘Ella’ mediante. La contraseña que les pedirán para acceder al Parlamento es: “Nadie llevará a Andalucía a la preautonomía”. Se les recuerda que deben acudir a la convocatoria con su papeleta de sitio en curso so riesgo de ser expulsados de la Marisma. El orden del día tiene un punto único: toma de conocimiento sobre los pormenores de la procesión en honor del quinario, antes triduo, reivindicativo de la ‘Santa Financiación’. Tiembla, Rajoy.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
La Cataluña de Caín
A estas alturas les supongo informados con todo lujo de detalles, aunque no sea para bien, de quién es Josep Abad, el autor del informe encargado por el Ayuntamiento de Sabadell para medir –científicamente– el porcentaje exacto de españolismo que todavía pervive en el nomenclátor de la antigua capital industrial del Vallés. Un trabajo de riesgo, sin duda. En una guerra de identidades culturales, cualquier prevención es poca. Abad, miembro de la ANC y dirigente de la Plataforma per la Llengua, ha tenido los bemoles (nacionalistas) de escribir a cambio de un óbolo de 600 euros un diktat donde afirma –categórico– que Antonio Machado, junto a Goya, Góngora, Quevedo, Larra y Lope de Vega deben ser depurados del callejero municipal por encarnar a personajes del modelo «pseudo-cultural franquista».
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.
La Reina busca el ‘flow’
Sépanlo todos: ‘Su Peronísima’ necesita amigos. ‘Ella’ prefiere los súbditos a los aliados, pero este curso político se presenta tan anómalo que está dispuesta a hacer una excepción. Necesita atrezzo y figurantes para el teatrillo de la neoautonomía, esa música que desde el espacio sideral del pretérito, igual que una copla de Carlos Cano –‘Lord have mercy’–, debe acoger el sainete que las huestes ‘susánidas’ pondrán en escena hasta el mes de diciembre y más allá aprovechando el carajal catalán. Es la estrategia en sepia que han concebido para conjurar los augurios que amenazan su hegemonía menguante en la República Indígena. La lírica ‘tardosetentera’ de las banderas, los pantalones de campana y los girasoles está bastante viejuna, pero no tienen otra cosa a mano. Aunque no da la impresión de que así vayan a solucionar nada: los andaluces valoran a la Junta por la sanidad y la educación. Y en estos dos ámbitos la opinión general es negativa. La administración paralela y la corrupción no tienen coste electoral. El impuesto de las herencias y los recortes sanitarios, sí. Toca pues sonreír, buscar compañeros (circunstanciales) de viaje y cosechar amiguillos en el ‘Facebook’.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
