• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo Indie

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • El Correo de Andalucía
    • Diario de Sevilla
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • La Vanguardia
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Letra Global
    • Revista de Occidente
    • Orpheus
    • Geographica
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Los Aguafuertes
    • Las Tribunas
    • Crónicas Indígenas
    • La Noria
    • Cuadernos Apátridas
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

carlosmarmol

La antorcha de Algeciras

carlosmarmol · 3 febrero, 2023 · Deja un comentario

Dieciséis kilómetros separan Andalucía de Marruecos. Para algunos es una distancia escasa, pero entre las dos orillas más crepusculares del Mediterráneo, allí donde la mitología antigua situaba las legendarias columnas de Hércules, el héroe que aparece en el escudo de la gran autonomía del Sur, existe desde siempre una barrera que no es sólo marítima, sino mental. Dos mundos distintos, dos religiones diferentes, una larga historia de encuentros y desencuentros mutuos, cierto desprecio (en ambas direcciones) y una vecindad irremediable impuesta por la geografía que, lejos de ser modélica, dista bastante de la que existe con Portugal y Francia, los otros dos hermanos territoriales de la Península Ibérica. España y Marruecos han celebrado esta semana una cumbre bilateral –con la elocuente ausencia del rey alauita– que pretende “normalizar” las relaciones diplomáticas tras el volantazo del Sáhara. El término utilizado es singular: lo ordinario es que entre ambos países, cuyos vínculos son seculares, no reine una concordia duradera. En caso de consolidarse, como aseguran desear Madrid y Rabat, tendría la condición de anomalía. Por infrecuente. 

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

La Barcelona ‘zelestial’

carlosmarmol · 2 febrero, 2023 · Deja un comentario

El periodismo es una forma pacífica, sin dejar de ser incendiaria, de sembrar el pánico. A eso, y no a ninguna otra cosa distinta, nos dedicamos los que (todavía) tenemos como único oficio escribir en los periódicos, frente a aquellos que aparecen en los medios –muchachos, habitamos en una maravillosa galaxia transmedia donde disfrutamos de la esclavitud del periodismo multitarea– para darse un poco de lustre (imposible) a sí mismos. En efecto: es la inmensa falta de cariño la que puebla las redes sociales. La distinción entre los primeros y los segundos parece nítida: los periodistas ancien régime –que somos los realmente modernos, porque trabajamos a la contra– sabemos reírnos de nosotros mismos. Siempre. Llevamos años haciéndolo a fuerza de practicar la ruleta rusa de la sinceridad hasta donde tolera nuestra temeridad, que es considerable; los otros, llamémosles nativos digitales, en general funcionan como retrógrados (naturales) dada la exigencia actual de ser correcto y no ofender a nadie. Internet ya no es una república de libertos ni una suma de falansterios. Es una gran red (comercial) donde existe la censura tribal y, para progresar, conviene no importunar a nadie. Extraña manera (imposible, de hecho) de ejercer este viejo oficio de la irreverencia por escrito. Pero, como diría Kurt Vonnegut, “so it goes”.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Mayoría en la sauna

carlosmarmol · 31 enero, 2023 · Deja un comentario

Los tristanes lo auguran (porque les pagan para eso), la tendencia no lo desmiente pero el presagio, igual que la inesperada calamidad, todavía no está por completo en el aire. Todavía no. Queda aún tiempo. Para que el Reverendísimo hiciera un ocho de ocho el 28M, cosa que no parece improbable, pero que ahora mismo dista de ser segura, tendría que producirse no tanto un milagro –que vuelva la lluvia– cuanto un trasvase de votos prestados tan intenso como en junio. Parece difícil. Aquel tren de primera clase, donde los pasajeros de segunda y hasta los maquinistas votaron a los viajeros de primera, ya ha pasado. Quizás para siempre. No es nada sencillo que vuelva a transitar por la estación de las gestas en dirección a Granada. Allí sí es probable que Marifrán (algoritmo) Carazo sea la alcaldesa, al contrario que en Huelva, que es la agrupación más ruda de la derecha indígena, sin que los socialistas del condano sean ilustres erasmistas. El Quirinale va a ver avanzar la marea azul (verde) por las ciudades medias y destacadísimos pueblos de la República, pero ya está. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Petrarca para ‘millenials’ y ejecutivos

carlosmarmol · 27 enero, 2023 · Deja un comentario

“La adolescencia me embaucó, la juventud me desvió y la vejez me corrigió”, escribe en sus Seniles, una maravillosa colección de cartas crepusculares, Francesco Petrarca (1304-1374), poeta toscano del siglo XIV, cuando Italia todavía era una suma de señoríos, condados y ciudades-estado. Un precursor del humanismo y sin cuya influencia –capital en términos históricos– no hubieran existido tal y como los conocemos ni el genio de Shakespeare ni los endecasílabos deslumbrantes de nuestro efímero Garcilaso de la Vega, soldado difunto. El poeta de Arezzo, un absoluto impostor que obtuvo la insigne condición de vate laureado (y, por tanto, pensionado) con un único poema épico sin terminar –dedicado a Escipión el Africano– y un libro (incompleto) de biografías de varones romanos –De viris illustribus–, gracias a su influencia entre la curia católica, es recordado (sobre todo por los especialistas) como el autor de devotísimas poesías de amor despechadodedicadas a una imaginaria Laura y recogidas en su Canzoniere, esemonumento a la seducción no correspondida.

Las Disidencias en Letra Global.

El suelo de la verdad

carlosmarmol · 27 enero, 2023 · Deja un comentario

Es cosa sabida, aunque no siempre comprendida, que el dinero preocupa tanto a los muy ricos como a los pobres en extremo. Los primeros porque deben conservarlo. Los segundos porque no lo tienen en la proporción, con la frecuencia o en la cantidad suficiente. A ambos inquieta porque lo necesitan, ya sea para presumir (antes de irse a la tumba, lo que no deja de ser una extravagancia absurda) o para sobrevivir. Habrá quien se pregunte qué sucede con las famosas clases medias, aquellas que no pasan hambre pero tampoco nadan en la abundancia. Su situación es análoga. Quienes forman parte de este batallón, menguante en la Marisma desde la crisis financiera que provocó el estallido de la burbuja inmobiliaria, inflada con la inestimable colaboración de la eterna corrupción política, piensan –erróneamente– que la ley de la gravedad no rige en términos sociales y que la espuma de la cerveza tiende –y debe– rebosar el borde del vaso. Esto es: nunca se conciben a sí mismas como posibles desclasadas y aspiran de forma casi universal (aunque sea en vano) a convertirse en una clase superior. Este imaginario, por descontado, es una ficción. Isaac Newton es infalible.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 127
  • Ir a la página 128
  • Ir a la página 129
  • Ir a la página 130
  • Ir a la página 131
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 514
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell