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Chirbes, días y noches de misantropía

carlosmarmol · 30 octubre, 2022 · Deja un comentario

“Quieres esconderte de la vida, pero la vida te encuentra y te aplasta”. Rafael Chirbes (1949-2015) anota esta frase, extraída del guión de la película Georgia, de Arthur Penn, en la gloriosa segunda entrega de sus diarios –A ratos perdidos 3 y 4 (Anagrama)–, que incluyen anotaciones de un arco temporal que comienza en 2005 y termina en 2007, ocho años antes de su muerte. En otro pasaje de estas memorias, donde el escritor resume sus días y sus noches, algunos viajes, muchas lecturas, gustos, disgustos y amarguras junto a breves, pasajeras y efímeras felicidades, se cuenta una visita (pseudo-profesional) a Hannover. Allí acude a una sala del rathaus de la ciudad alemana para ver una exposición sobre las representaciones de la urbe en cuatro momentos históricos distantes: el siglo XVIII, 1939, 1945 y 2005. Primero contempla, detenida en el tiempo, la Hannover antigua, encerrada en su almendra histórica. Después descubre los ensanches anteriores a la Segunda Guerra Mundial, donde la primerísima modernidad europea se manifiesta en armonía con la estampa histórica, provocando un efecto de sucesión casi genético: los distintos tiempos históricos se suceden sin violencia, de forma orgánica, igual que se entrelazan las existencias de los vivos con la herencia de los muertos. Unos años más tarde, tras la gran contienda, todo este patrimonio secular de piedra y tiempo ha desaparecido: el paisaje está lleno de escombros y la vieja estructura urbana se ha evaporado por la acción de las bombas y los combates. El desastre.

Las Disidencias en Letra Global.

Queipo de Llano en la Macarena

carlosmarmol · 28 octubre, 2022 · Deja un comentario

El teatro social perdura hasta el instante (definitivo) de la muerte. Cualquier cementerio es una constelación de vanidades yermas, una escenografía con un sinfín de pompas inútiles. Unos difuntos reposan en grandes mausoleos familiares, bautizados con el apellido de la estirpe; otros, en cambio, yacen en nichos humildes o en repositorios de cenizas olvidadas. Todas las religiones antiguas comienzan con el culto (sagrado) a los propios muertos, aquellos que un día nos precedieron sobre la tierra, pero en una sociedad donde las jerarquías no dependen del talento individual, sino de la riqueza legada, los camposantos aún reproducen inútilmente la escala social de los vivos y los deudos. A los muertos estos gestos no les afectan en su silencio infinito: un cadáver es igual a otro. Los restos de ausencias eternas. Apenas unos escasos metros de diferencia separan la tumba de Queipo de Llano, el asesino golpista que tomó el Sur de España para la causa fascista, del lugar donde se fusilaba a sus víctimas, asaeteadas sin juicio contra la muralla de la Macarena. Ese trecho, donde todos los años una inmensa multitud lanza piropos a una Virgen milagrosa, está colmado de oprobio.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Evocar el pasado, perder el presente

carlosmarmol · 28 octubre, 2022 · Deja un comentario

La política en Andalucía, que es un termómetro recurrente del estado de ánimo español, está atrapada desde hace tiempo en un bucle melancólico que se asemeja a la íntima pretensión de los antiguos rituales sagrados: detener el curso del tiempo mediante la repetición mecánica, casi obsesiva, de algunos de los momentos más felices del pretérito. Son los clásicos del repertorio sentimental. Por descontado, se trata de un aspiración condenada al fracaso. El calendario de los días no se detiene, pero a muchos de los actores políticos del Sur este ritornello les consuela del deterioro de su fama, al tiempo que los distrae de los quebrantos inmediatos, que van desde la cárcel –es el caso de los condenados por los ERE– al momento postrero que, por una mera cuestión biológica, cada día queda más cerca. “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso se nos escapa el presente”, escribió Flaubert. Tal parece ser la invariante de la vida oficial en la gran autonomía meridional. 

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Malaka y los eunucos

carlosmarmol · 26 octubre, 2022 · Deja un comentario

No existe nada más indígena que un consejero de Turismo, o un alcalde, pavoneándose por Times Square, supuesto centro neurálgico del mundo (publicitario), para celebrar que su aldea cuenta con una conexión aérea directa con Nueva York. Imagínense la escena: el prócer silvestre intenta parecer cosmopolita, celebra las bondades de la globalización, se felicita por un mundo sin fronteras, apela al orgullo (ridículo) de haber nacido donde no ha elegido hacerlo y festeja, igual que los indepes de Berga, aquello de el mon ens mira. Puede ser pronto una estampa inequívocamente malagueña, porque en los últimos tiempos, sin que nadie tenga el monopolio de esta patología, ya la hemos visto interpretada por hijos de la antigua Malaka, que a efectos simbólicos es como la Sevilla Eterna de los costumbristas hispalenses, que llevan decenios dando la brasa con las maravillas (perdidas) de su infancia.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Elogio y refutación de la cancelación

carlosmarmol · 22 octubre, 2022 · Deja un comentario

Vivimos en un tiempo histórico donde la antigua distinción entre víctimas y verdugos se ha desdibujado hasta casi diluirse. Parece que la humanidad entera –por supuesto, exageramos; existen excepciones individuales– siente diversos tipos y clases de padecimientos (sean reales o imaginarios) y, en correspondencia, no precisamente justa, se cree con el derecho inalienable de responder a este sentimiento (nada honroso, contra lo que acostumbra a pensarse) aplicando sobre los demás algún castigo, que a veces es material y otras puede adquirir la condición simbólica. Ambas categorías también se encuentran en proceso de desintegración: una muerte metafórica puede terminar perfectamente convirtiéndose en un deceso social. Sobre todo cuando una discusión legítima deriva en la imposición de un sambenito en lugar de formularse como un duelo entre inteligencias y argumentos. Una de las manifestaciones de este fenómeno de intolerancia tibia es la denominada cultura de la cancelación, nacida en Estados Unidos al calor de la sensibilidad identitaria de distintas minorías raciales y culturales y extendida, como una peste intelectual contemporánea, hacia las costas de Europa, donde determinados sectores han encontrado gracias a este peregrinaje un terreno propicio y fértil para institucionalizar la obstinación de singularizarse sin excesivos sacrificios. En este juego trastocado de jerarquías, donde la línea dominante se convierte en dominada y viceversa, muchos de estos aparentes outsiders hacen carrera de su indignación profesional (los riesgos son escasos; las ganancias, prometedoras) y las antiguas voces (de la tradición) por vez primera empiezan a reconocerse como periféricas.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell