• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo Indie

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • El Correo de Andalucía
    • Diario de Sevilla
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • La Vanguardia
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Letra Global
    • Revista de Occidente
    • Orpheus
    • Geographica
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Los Aguafuertes
    • Las Tribunas
    • Crónicas Indígenas
    • La Noria
    • Cuadernos Apátridas
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

carlosmarmol

Los huérfanos del desencanto

carlosmarmol · 15 marzo, 2021 · Deja un comentario

vendaval de calamidades. Una guerra sin cuartel por prevalecer ante el contrario. La mayoría de las veces no arregla nada de lo importante y complica lo esencial. Probablemente por eso sea tan rentable –en el corto plazo– para su actores principales y una desgracia (recurrente) para los cómicos secundarios, ese grupo en el que estamos los que (todavía) votamos. Desde 2008, cuando la crisis económicacomenzaba a clausurar la etapa de prosperidad y estabilidad más larga de nuestra historia reciente –el portazo definitivo tuvo lugar en 2010, el día en el que Zapatero se suicidó (simbólicamente) en el Congreso, aplastado por el peso inmisericorde de la realpolitik–, las cosas se han sucedido a una velocidad de vértigo. En general, para peor. España es mucho más pobre que antes. Tiene bastante más deuda, más desempleados e infinitos sepelios y lágrimas pendientes. El futuro es más incierto que nunca. Y la muerte, entendida como un hecho comunitario en lugar de individual, parpadea todos los días en las pantallas de los teléfonos móviles –nuestros nuevos señores feudales– camuflada en las estadísticas de la pandemia.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Analogías sobre el ‘Camelot’ falangista

carlosmarmol · 13 marzo, 2021 · Deja un comentario

“Somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. La frase que pronunció Jaime Urrutia en la sala Rock-Ola de Madrid en 1981, la noche de la puesta de largo del grupo, que había tomado su nombre de la película expresionistadirigida sesenta años antes por Robert Wiene en Weißensee, al Noreste del Berlín recién salido de la Primera Guerra Mundial, sonó como una descomunal provocación. Y lo era. Desconcierto y silencio. Acto seguido, un sonido de guitarras oscuras abrigó la proclama punk de tres músicos fascinados por la estética nazi, devotos de la tauromaquia y que en sus canciones hablaban, en aquellos años inciertos, de la grandeza de «la sangre española». Ninguno de ellos era nacional-socialista, pero la impertinencia retumbó en esa España recién salida de una dictadura asesina, sólo un año antes de ser gobernada por el socialismo de Suresnes, como un cañonazo. De repente, eran el centro de la atención. Lo que en ese instante de la Santa Transición parecía una irreverencia, tras cuarenta años de represión y ausencia de libertades, seis décadas antes había sido interpretado y acogido por una masa social más que relevante como uno de los fenómenos sociales que expresaban la irrupción en Europa de la modernidad y el principio de la era de las vanguardias. Es la prueba de que un mismo hecho –el ascenso de los nacionalismos agresivos– puede ser contemplado, en un lapso de tiempo no excesivamente largo, apenas algo más de medio siglo, de forma divergente y hasta contradictoria.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Fran(cisco) Carrillo, ‘il sofista’

carlosmarmol · 13 marzo, 2021 · Deja un comentario

El parlamentarismo indígena no es estrictamente un arte, sino un pasatiempo excelentemente pensionado. En la Marisma, donde como dejó dicho Guerrero (Francisco Javier), difunto señor de los ERE, las cosas siempre se han hecho pormisco, no es necesario poseer el don de la palabra. No. Basta tener capacidad de influencia, una pandillita que te sostenga toda tu vida –aunque te someta– y algo que ofrecer (a los que colaboran con quienes colaboran). La oratoria es innecesaria porque aquí no importa argumentar, sino manejar el presupuesto. En este contexto, un personaje como Fran(cisco) Carrillo (Córdoba, 1981), portavoz adjunto de Cs y, hasta la pandemia, senador en Cortes, es una perfecta anomalía. Pues bien, este diputado ha tenido esta semana su minuto de fama después de proclamar, desde el atrio sagrado del autogobierno, aquello de “Señorías, estoy hasta los cojones de todos nosotros”, la frase de Estanislao Figueras, presidente de la I República (1873).

El Bestiarium en El Mundo.

El baile del ‘Gatopardo’

carlosmarmol · 12 marzo, 2021 · Deja un comentario

“El amor abre un paréntesis; el matrimonio, lo cierra”, escribió Víctor Hugo con un evidente sentido de la ironía. De ser cierta tal afirmación, podríamos decir que el gobierno de las tres derechas reunidas en Andalucía ha asumido por primera vez en los últimos dos años que los sentimientos (incluidas las pulsiones políticas) son un material excesivamente voluble. Casi explosivo. Lo que un día aparenta ser tan sólido como la piedra de las catedrales una jornada después puede diluirse perfectamente entre las manos, como la arena seca de la playa. El vendaval político provocado por la decisión de Cs de apoyar al PSOE para sacar adelante una moción de censura en Murcia –en contra del PP–, y su correspondiente reflejo en Castilla y León y en el súbito adelanto electoral de Madrid, ha causado réplicas en la gran autonomía del Sur, hasta ahora exenta de la inestabilidad que marca la política española mientras el coronavirus continúa matando, contagiando y destrozando el país. Se trata de turbulencias relativas –que por ahora no amenazan con derribar el avión de la Junta– pero que han hecho recordar a los pilotos de la nave que no existe la travesía tranquila. Aunque el plan de vuelo diga una cosa, cualquier singladura aérea supone un riesgo hasta que se alcanza el destino.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Las castas familiares

carlosmarmol · 10 marzo, 2021 · Deja un comentario

La gran debilidad de la democracia indígena, que tiene en la Marisma uno de sus más ilustres pozos negros, no está ni en la Corona ni en el lamentable funcionamiento institucional. Reside en las asociaciones (de intereses) que todavía llamamos partidos, entidades privadas con una inaudita relevancia pública, al tener asignada por la Constitución -que aquí no lee casi nadie- funciones de «relevancia política primaria». Lo de «primaria» es bien cierto: nuestros partidos no son organizaciones democráticas -salvo que se crea en la democracia orgánica, tan cultivada por el franquismo- sino una suerte de castas familiares que, movidas por los instintos más bajos e inmediatos, cada cierto tiempo confrontan para designar a sus caudillos. Igual que el Papa, aspiran a nombrar al cuerpo electoral que los designa.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 224
  • Ir a la página 225
  • Ir a la página 226
  • Ir a la página 227
  • Ir a la página 228
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 514
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell