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Subida al Parnaso, descenso al Maelström

carlosmarmol · 23 junio, 2018 · Deja un comentario

Zeus sigue en plena forma, aunque la misa (solemnis) se impartiera esta vez detrás de un hermoso piano negro de cola que le servía de defensa (ante el público) o como aquel barco a la deriva, azotado por la furiosa tempestad nórdica, del famoso cuento de Edgar Allan Poe. Bob Dylan, el poeta popular (sin libro sancionado) al que la academia sueca situó hace dos años para escándalo de los puristas en la misma estirpe sagrada de Homero y Shakespeare, reapareció en Salamanca​ el sábado pasado después de tres largos años de ausencia en las Españas con la misma pose que un venerable Dios griego. Puntual como el tiempo, hierático como una estatua y poderoso como una criatura mitológica.

Las Disidencias del martes en #LetraGlobal

La cornada de la financiación

carlosmarmol · 23 junio, 2018 · Deja un comentario

Los susánidas, tribu de naturaleza belicosa, son especialistas en coger banderas, convocar a la gente para que las agiten al viento en un campo preñado de girasoles -al estilo del documental de Carlos Cano que en los setenta rodaron los narcisos- y, a continuación, dejarlas tiradas en el suelo. Es una prerrogativa del dogma de la Santa Autonomía: lo público siempre empieza (y acaba) por ellos mismos. No hay más. Por supuesto, no se trata de algo personal. Sólo son negocios. Las convicciones resultan ser malas compañeras en la industria de la intermediación política. Es mejor cambiar de utopías. Ya lo hicieron -en su día- con el espíritu del 4D, que llevan decenios manipulando en su beneficio particular. Más tarde lo extendieron a otras cuestiones, desde la convergencia europea a la ordenación del territorio, pasando por la sanidad que -según su relato ficcional- por lo visto en España no existía antes de 1982.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

La Sevilla superlativa

carlosmarmol · 23 junio, 2018 · Deja un comentario

Cada vez que uno oye decir a algún pregonero que en la capital de la República Indígena existe una extraordinaria calidad de vida muere un poco la (escasa) inteligencia disponible. Adam Smith, el filósofo que estudió la riqueza de las naciones, escribió: «No puede existir una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados». La única excepción a esta norma es que los habitantes de esa nación sean unos perfectos ignorantes o unos absolutos inconscientes. Parece ser nuestro caso. De dar credibilidad a esta máxima, Sevilla, que ya sabemos que no es ni Muy Leal ni Muy Noble, sólo puede defender a su favor el título de Muy Mariana. Aquí a algunos les entusiasman las vírgenes de cera, lo que no quiere decir -ni de lejos- que sean buenos cristianos. Católicos, quizás sí. Porque ilustres creyentes sevillanos tienen entre sus virtudes sociales una capacidad infinita para la hipocresía y la ceguera ante aquello que tienen delante de los ojos.

La Noria del miércoles en elmundo.es

Epístola al partisano Colomines

carlosmarmol · 18 junio, 2018 · Deja un comentario

Subvencionado ideólogo (es un decir) de la causa:

Como las insidias no deben quedar sin cumplida respuesta, aunque su solidez argumental sea más bien escasa, nos hemos decidido a coger la pluma, instrumento insigne donde los haya, para escribirle esta epístola improvisada que quisiéramos que entendiera como cordial, aunque V.M. no practique esta sana costumbre, ya que es imposible componerla de otra forma dados los encendidos epítetos –“manipulador, nacionalista español, rancio y racista”– que nos dedica, con tanto cariño, tanto al arriba firmante como a este diario digital –Crónica Global–, que ejerce el periodismo en un entorno hostil marcado por el sectarismo independentista (el de su querida famiglia), tarea que además financia a pulmón, sin recibir ni un euro de las arcas catalanas, al contrario que V.M., que lleva nutriéndose del presupuesto de la que llama su patria siendo –como es– la misma de todos. Confiamos en que su vocación independentista, pese a que en realidad jamás se la haya aplicado a sí mismo –no cabe mayor independencia que vivir del esfuerzo personal–, no le habrá cegado (aún) el entendimiento hasta el punto de perder el seso, aunque todo pudiera ser si fuera la última voluntad del Señor, nuestro criador.

Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.

Barcelona, la Troya de don Quijote

carlosmarmol · 16 junio, 2018 · Deja un comentario

La muerte de don Quijote, uno de los pasajes más tristes de la historia de la literatura, sucede, exactamente igual que en la vida, cuando su protagonista ya está muerto; ido, según la terminología piadosa. Así son las cosas: uno se muere mucho antes del instante postrero, por lo general sin adivinarlo; y, casi siempre, con anterioridad a sus propias exequias. Cervantes manda a don Quijote a morir a su aldea –la Argamasillafigurada de los académicos– pero quien dispone allí del lecho largamente perdido no es ya el caballero andante, sino un Alonso Quijano al que unas extrañas calenturas, o la melancolía, el más nocivo de los humores del cuerpo, extinguen tras hacer testamento y renegar –ante testigos– de sus locuras. Don Quijote, que no es una persona, sino un espíritu con la forma difusa de un memorable personaje, no muere en realidad en la Mancha. Lo hace mucho antes en Barcelona, aunque esto sólo se comprende si se repara en el preludio que el hidalgo demediado pronuncia en el momento de decir adiós a la Ciudad Condal, el lugar de su caída:

–“¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!”.

Las Disidencias del martes en #LetraGlobal

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Ilustraciones: Daniel Rosell