El periodismo se nos va muriendo entre las manos como una paloma negra, desfondada, abierta. Algunos, presos de la nostalgia, recuerdan los tiempos míticos, grandes, en los que dirigir un periódico era una tarea reservada a los dioses, no a los mediocres. Otros suspiran por las lejanas noches de delirio y juventud que pasaron en vela leyendo a los padres del new journalism, aquella camarilla célebre de los Wolfe, Mailer, Thomson, Talese y demás. Tiempos pretéritos en los que todavía había tiempo para hacer buenos reportajes, periodismo de carne y hueso. [Leer más…] acerca de Las heridas del cronista
La orden mendicante
La política es una destilación imperfecta de la vida. La vida pública indígena está dominada por los vicios ancestrales: celos, envidia, vanidad, poder. La investidura infinita de Susana Díaz, fallida ya en tres ocasiones, de forma involuntaria, pero eficaz, va a terminar siendo una metáfora del concepto que desde hace siglos rige la vida colectiva en el Sur: el paternalismo in fieri.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
Hinchar el perro
Cuenta Cervantes en el prólogo de la segunda parte del Quijote que en Sevilla había un loco que, además de ejercer dicha estirpe, que en estos pagos meridionales es generosa y poblada, dedicaba el día a inflar a los perros por la puerta trasera, utilizando un canuto por el que soplaba con tal entusiasmo que conseguía convertir a los canes callejeros en pelotas redondas.
La Noria del sábado en El Mundo.
Elogio de la lentitud
¿Por qué ha desaparecido de nuestras vidas el placer de la lentitud? Milán Kundera, novelista checo afincado desde hace años en París, se la hace en su última obra, La Lentitud (Tusquets), un libro que se bifurca, como el jardín borgiano de los senderos, en dos historias paralelas que, al final del volumen, mitad ensayo, mitad tratado de filosofía tenue, acaban confluyendo en un único río y dejando la lector con la incógnita de si lo que ha leído es una novela o un engaño, suponiendo que ambas cosas no sean exactamente lo mismo.
La investidura máxima
Shakespeare escribió que en el juego de la vida somos nosotros quienes jugamos la partida, pero el único encargado de barajar las cartas es el destino. La Querida Presidenta lleva ya dos sonoros rechazos en la versallesca sede parlamentaria después de unas elecciones en las que -proclamaba- iba a gobernar sola. Ya lo dijimos entonces: el infierno son los otros. Sigue sin enterarse de nada.
Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.
