Virgilio Piñera decía que la literatura no es sólo una cuestión de estilo, sino que tiene que ver con la respiración. El estilo, en el fondo, es eso: una forma determinada de respirar, un movimiento propio, intransferible, único. Piñera, homosexual dramático, dramaturgo aún por descubrir, olvidado genio de la literatura cubana, es uno de los personajes que Guillermo Cabrera Infante se encarga de recuperar en el compendio de biografías nostálgicas que forman Vidas para leerlas, una reunión de textos en la que el ilustre exiliado cubano, Quevedo transterrado con habano y monóculo británico, hierático modelo de sí mismo, recupera una parte de la vida que conoció en la Isla antes de que la revolución castrista se hiciera estalinista y dejara de ser cubana; esto es, antes de que el sueño de libertad se enquistase y el paraíso en la tierra se convirtiera en un reino de represión y dogmatismo.
Disidencias
Crónicas bíblicas del continente negro
África, con sus matanzas y su sangre derramada, con sus misterios y su suavidad, tan próxima a la brutalidad repentina, es, en cierto sentido, un camino de vuelta a la infancia. Extraña perífrasis nostálgica. Para Alfonso Armada, autor de los Cuadernos Africanos (Altaïr/ Península), dramaturgo y periodista, es radicalmente así. En el continente negro el escritor encuentra el mismo color de la tierra de su Galicia natal, lo que, además de certificar que en África el sufrimiento es más frecuente de lo que cuentan los periódicos del Primer Mundo,un lugar común, le sirve para hacer un viaje al interior del corazón de las tinieblas –Conrad, junto a Camus y Kafka son algunas de sus referencias narrativas– que casi siempre es el corazón humano. Especialmente el propio.
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Final de viaje #1
Los finales tienen mala prensa. Y fama de tristes. Pero a uno siempre le han gustado los finales, las estaciones término, las metas, el último tramo de las escaleras y los precipicios. Supongo que se debe al pavor ancestral que inspiran las cosas que aspiran a ser eternas, rotundas, indestructibles. La primera condición de los seres inteligentes consiste en evidenciar que en la vida absolutamente todo es finito. La muerte es la única cosa perdurable que nos concede el destino. Todo lo demás es temporal: la familia, los hijos, el trabajo, la salud, la rabia y hasta el espanto. Todos estamos encadenados a esta premisa fatal. Es un hecho: la vida se termina.
Relecturas
La relectura de libros antiguos es uno de esos placeres secretos que, con fidelidad recurrente, practica este articulista. Otros vicios son inconfesables; en cambio, éste puede ser proclamado sin que la reputación –herida ya desde hace tiempo– se vea afectada. Volver a leer las obras literarias que en algún momento nos deslumbraron es un divertimento propio de un rumiante descontento, una forma de escapar a la dictadura de la mesa de novedades, desconfiar de la promoción editorial y huir de la necesidad de estar al día, editorialmente hablando. Digamos que es un valor casi seguro: releyendo te arriesgas quizás a una decepción –no se lee igual un mismo libro– pero es bastante más improbable que te topes con un irremediable desengaño.
Sedentarios & Exiliados
Me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca Dios
pero yo estoy seguro de que es Troilo
ya que Dios apenas toca el arpa
y mal
Mario Benedetti.
El poeta Mario Benedetti, uruguayo de mil días y cien noches, tenía una extraña preferencia por burlar la rotundidad de las letras mayúsculas trastocándolas en minúsculas. En la vida sucede algo parecido: no hay grandes conceptos, sólo personas ordinarias. Esta disidencia versa sobre el exilio, la marcha, la huida. El desplazamiento en cualquiera de sus múltiples variedades. Y viene a cuento ahora que se celebra –es un decir– a Cernuda, a quien en Sevilla se lee mal, casi siempre en clave indígena, y fuera no se le tiene en cuenta todo lo que se debería. Cernuda, por supuesto, es uno de nuestros grandes exiliados. Se marchó –ya sabe ustedes las razones– igual que otros muchos, iniciando con su salida de su ciudad natal –La Muy Ilustre y Leal Doña Hipócrita– un deambular interior, callado, amargo, pero también luminoso, porque nos devolvió, metafísicos ingleses mediante, a un poeta mucho mejor del que se fue.
Noticia de un arte que se muere
A veces aparece uno de esos libros milagrosos que hacen pensar que quizás no todo esté perdido por completo. Que aún es posible la salvación de este arte menor que cada día que pasa parece más muerto y que los periodistas estamos enterrando después de ser, al mismo tiempo, sus víctimas y sus verdugos. Los dolientes y el muerto del ataúd. El periodismo, ya lo hemos escrito muchas veces, es una de las formas más prosaicas de literatura cotidiana que existen. Igual que cualquier otra artesanía, hasta ahora se ha transmitido entre generaciones cuya formación era una mezcla de vocación y convicción, atributos ambos en franco retroceso. La primera, dadas las cosas, pronto será una utopía. La segunda sencillamente se ha esfumado: el miedo pesa más que los principios. Es así. Es la vida.
