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El Mundo

Aválame, canijo

carlosmarmol · 22 abril, 2017 · Deja un comentario

Su Peronísima eligió Alcalá de Henares, patria cervantina, para iniciar en público la batalla –léase con tono allegro marziale– de captación de avales entre los militantes. Allí proclamó: “Yo quiero que respondáis por mí, yo me voy a comportar como una buena socialista”. Dos yo en menos de dos frases. Tiene mérito. El requerimiento de la Reina (de la Marisma) nos deja sin palabras porque, si se fijan, no pide ni ruega el aval; lo exige. Tiene carácter. Además, reclama al personal que ponga la mano en el fuego por Ella. Así, sin anestesia. A cambio garantiza bondad infinita. Eso mismo prometió a algunos de sus caídos cuando llegó (por herencia) al Quirinale de San Telmo: “Voy a portarme bien”, dijo. Algunos todavía están esperando que cumpla esta promesa. Y las demás.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

Los hijos del pánico

carlosmarmol · 22 abril, 2017 · Deja un comentario

Al parecer, estamos en guerra. Una guerra que nadie ha declarado, por supuesto. No importa. Las cruzadas -lo enseña la historia- no necesitan causas ciertas. Basta el deseo de notoriedad, la mala sangre, el borreguismo, el interés y el oportunismo recurrente de unos políticos que, lo mismo que se escondían durante las primeras horas de desconcierto, tras constatar que la cosa afortunadamente se quedaba en un susto colectivo, han condenado antes que los jueces a los acusados por los alborotos, prescindiendo de cualquier habeas corpus y reclamando, como el alcalde, castigos «ejemplarizantes». Pura retórica de conveniencia.

La Noria del miércoles en El Mundo.

Las banderas del agravio

carlosmarmol · 15 abril, 2017 · Deja un comentario

Benjamin Franklin, que es el tipo que sale en los billetes de cien dólares, decía que las palabras nobles deben fijarse en piedra y los agravios hay que consignarlos sobre el polvo de los caminos. No es un mal consejo: la única manera de que una sociedad mejore es que sus ciudadanos dejen de hacerse las víctimas. El progreso no consiste en culpar a los demás de tus problemas. Implica asumir tu cuota de responsabilidad con respecto a tu vida. Eso es ser libre. En la República Indígena, sin embargo, venimos haciendo lo contrario desde hace ya tres décadas y media. Los resultados son calamitosos.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

‘Downtown’ Cartuja

carlosmarmol · 12 abril, 2017 · Deja un comentario

Todas las grandes ciudades encierran en su interior urbes alternativas, complejas y contradictorias. Sevilla, aunque tiene un tamaño discreto, cumple este requisito a pesar de que ni la ciudad oficial (de los intermediarios a comisión) ni los costumbristas, esos tipos que nos hablan a gritos desde el atril de caoba del pretérito, lo reconozcan. Junto a la ciudad onanista de nuestras élites, en paralelo a la ficción privada de otros, que sitúan el paraíso de la infancia en la Sevilla de los años 50, que sólo era una ciudad triste marcada por la posguerra, el nacionalcatolicismo, el humor chusco, la crueldad seca y la misa diaria obligada, existen otras Sevillas que han ido haciéndose en estos años. Nuevos paisajes cotidianos que no tienen quien les escriba endechas y que son fruto del azar, la desidia o la casualidad.

La Noria del miércoles en El Mundo.

‘Susanabot’

carlosmarmol · 8 abril, 2017 · Deja un comentario

El momento tenía que llegar. Era inevitable: Su Peronísima ha descubierto que el futuro -de los demás- está en manos de la robótica, la gran revolución tecnológica que va a transformar nuestras vidas. Tanto la de quienes todavía conservan su empleo como la de aquellos que lo perdieron en el último naufragio. La Reina (de la Marisma) lleva semanas hablando de la cuestión. El asunto le interesa mucho. De hecho, tanto sus intervenciones públicas como su idea de la lealtad política -llámenla ustedes sumisión- se parecen bastante, diríamos que incluso en exceso, a lo que haría un androide. Para gustarle a la Querida Presidenta hay que ser como un programa informático y asentir con la cabeza en una repetición infinita. Basta ver una sesión de Parlamento indígena, donde los aplausos del grupo socialista hacia su persona siempre le parecen insuficientes, para hacerse una idea cabal del papel que -si gana las primarias- otorgaría a las bases: convertirse en replicantes. Que la gente participe en las decisiones del partido en el que militan le parece una degeneración asamblearia.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

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Ilustraciones: Daniel Rosell