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The Objective

Por qué la verdad se ha vuelto subversiva

carlosmarmol · 4 mayo, 2024 ·

En Songs for Drella, el disco que Lou Reed y John Cale dedicaron a Andy Warhol, su antiguo mentor desde los tiempos de The Velvet Underground, al que apodaban con un nombre obtenido de la malévola combinación de las palabras Drácula y Cenicienta, hay una canción (Trouble With Classicists) que evoca los reparos que el maestro del pop art sentía ante los clásicos: “The trouble with a classicist he looks at a tree / That’s all he sees, he paints a tree / The trouble with a classicist he looks at the sky / He doesn’t ask why, he just paints a sky”. En efecto: un clasicista es, sobre todo, un realista, igual que debe serlo un periodista o cualquiera que no tenga por costumbre colgarse todos los días (sin pisarla) del quicio de la luna. Un realista contempla un árbol y pinta un árbol. Un realista mira el cielo y lo que reproduce (en un lienzo) o describe (con palabras) es ese cielo. Todos los maestros antiguos, igual que el gran Antonio López, son artistas figurativos. Se atienen estrictamente al mundo que está a su alrededor, ya sea la Gran Vía de Madrid, un rincón de Tomelloso o una esquina de Nueva York.

Las Disidencias en The Objective.

Walt Whitman: memorias de un mundo hermoso y perdido

carlosmarmol · 2 mayo, 2024 ·

Todos estamos hechos de los mismos materiales: carne y huesos, aunque sean de calidades dispares. Sobre este sustrato común, como dejó dicho por escrito Shakespeare, se proyecta la materia sagrada de nuestros propios sueños, que nos convierten en criaturas tormentosas e inconfundibles. Cada una es igual a su semejante y, al tiempo, distinta. No son los anhelos íntimos los que nos individualizan. También lo hacen las vivencias y los desengaños, los fracasos y los triunfos; las experiencias ecuménicas convertidas en hechos particulares. La lista de las cosas que nos moldean es infinita: el lugar geográfico de dónde venimos o los paisajes (sucesivos) en los que nos hemos mirado. Por supuesto, también los años que hemos malgastado. Cabe deducir, pues, que la existencia, además de un milagro, es una ardua tarea de recopilación y acarreo de materiales tomados de aquí y de allá, como piedras del camino; en su mayor parte, se trata de guijarros domésticos y prosaicos. Con ellos vamos cubriendo como podemos las distintas etapas del sendero. Cada vida se parece. Cada vida es distinta.

Las Disidencias en The Objective.

Los demonios de la escuela moderna

carlosmarmol · 24 abril, 2024 ·

“La misión del poeta no es instruir, sino deleitar”. Se atribuye la autoría de esta frase a Eratóstenes de Cirene, matemático, geógrafo y astrónomo de la antigua Grecia que descubrió, entre otras cosas, que si uno fuera capaz de caminar 31,5 millones de pasos seguidos, cosa para la que hace falta tener fe, mucha voluntad y unas piernas colosales, podría circunvalar toda la Tierra. ¿Tiene importancia conocer esto? Depende. En esta época extraña en la que el conocimiento carece de suficiente espesor y el ser humano presume –con patético orgullo– de haberse vuelto imbécil, todo parece indicar que no demasiado. Si el arte es inútil, la lectura se considera un anacronismo y la concentración mental se ha convertido en un puro vestigio de los antiguos tiempos (difuntos), no es de extrañar que la sabiduría –sapere aude, proclamaban los romanos; lo decían en latín, ustedes disculpen– se considere una bella ruina arqueológica. En esta civilización de las pantallas, preludio de una inminente era post-humana, en lugar de pinturas rupestres, cuadros o fotografías, la única obra de arte que se valora es el emoticono.

Las Disidencias en The Objective.

Ósip Mandelstam, la memoria sensorial de Rusia

carlosmarmol · 4 abril, 2024 ·

La vida, sobre todo para quien la está viviendo en primera persona, parece una narración. Sin embargo, la existencia no sigue trama alguna, dista de tener un rumbo cierto –por mucho que la voluntad quiera gobernar el barco siempre es la tempestad la que se impone– y tampoco dispone de lógica. La novela de nuestra vida (amarga) la escribimos –literal o figuradamente– nosotros. Por eso, al hacer balance de los años perdidos, es mucho más honesto componer un álbum de recuerdos con las escenas que nuestra memoria ha podido salvar de la devastación del tiempo que inventar una peripecia lineal con principio, desarrollo y crepúsculo. Roland Barthes descolocó a sus lectores, y a buena parte del sanedrín académico de su tiempo –años sesenta–, cuando decidió condensar su autobiografía en una selección de imágenes y objetos, como si sus huellas sobre la Tierra que encerrasen en el catálogo de una exposición. Optó además por contar su vida en tercera persona, simulando que el protagonista del relato era otro hombre –en parte, era verdad– y obligando a que su caracterización dependiera de la resolución de un enigma. Toda una misión imposible: no es posible desentrañar un yo que ya no existe porque se ha ido diluyendo con el curso natural de la vida.

Las Disidencias en The Objective.

Andreu Jaume y Eduardo Jordá, dos poetas (maduros) mallorquines

carlosmarmol · 20 marzo, 2024 ·

Leonard Cohen aseguraba que la verdadera edad de los poetas es siempre la misma: 18 años. El escritor y músico canadiense enmendaría –en vida– esta afirmación en forma de verso al prolongar su condición sagrada de vate (minimalista) hasta el último de sus días en la Tierra. ¿Quién que no haya vivido en el mundo de ayer no sintió en algún instante perdido, entre la adolescencia y la primera juventud, la pulsión secreta de escribir un poema? Por fortuna, la mayoría de ellos –existen excepciones, claro está– nunca se publicaron, quedándose olvidados en un cajón y salvando a sus autores del compromiso que supone, muchos años después, tener que enfrentarse a los anhelos de ese desconocido que lleva su mismo nombre. Escribir versos cuando se es joven –porque la vida después va en serio– no es lo mismo que hacerlo en los albores de la primera senectud: lo primero es –o al menos era– natural; lo segundo puede calificarse de excepcional. Sin embargo, no siempre se repara en que la mejor edad para hacer poemas es la madurez, cuando uno ya ha experimentado en su carne lo que de joven imaginaba y la vida no ha terminado por estropearlo.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell