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The Objective

Walter Benjamin según el duque (consorte) de Alba

carlosmarmol · 2 mayo, 2026 ·

Sostenía Juan Ramón (Jiménez), y acostumbra a repetirlo Andrés Trapiello,  que ha hecho suya la frase, que “en edición diferente los libros dicen cosas distintas”. Es verdad. Acaso por eso, con independencia de la calidad que tenga una obra literaria, que es un debate distinto y, por fortuna, infinito, hay determinadas versiones de los libros que adquieren la condición de sagradas, que no es exactamente lo mismo que la naturaleza canónica. Entre las primeras acostumbra a citarse el manuscrito del autor –que es y no es un libro–, la prueba de trabajo de los impresores y la edición princeps, la primera impresa de cualquier obra y, en ciertos casos, la que adquiere (ante la ausencia de las primeras) la condición de histórica. Son objeto de culto para los bibliófilos y un tesoro para los bibliómanos.  Existen, sin embargo, otras ediciones, ajenas a esta condición germinal, que se tornan míticas no tanto por ser el origen material de una obra de arte cuanto por fijar y difundir –más y mejor– un determinado libro.

Las Disidencias en The Objective.

Karl Rosenkranz y el arte de la vulgaridad

carlosmarmol · 25 abril, 2026 ·

Todas las formas religiosas institucionales –esto es: las iglesias– necesitan de la ortodoxia tanto como el arte, convertido en una religión alternativa por la modernidad, requiere de una preceptiva, práctica que en general asociamos a la cultura clásica pero que, aunque se camufle, también palpita detrás de la revolución romántica y en los manifiestos de las enfáticas, y a menudo fugaces, vanguardias. De una forma u otra, los movimientos culturales y artísticos, igual que los seres humanos, predican sus propias creencias, aunque no siempre las practiquen, porque ansían la hegemonía. No existe religión sin herejes ni ortodoxia sin su antónimo. También el arte aspira –y en ocasiones logra– fijar una doctrina ideal, convertirse en pauta, traducirse en norma. Es entonces cuando su conexión con la vida se quiebra, porque lo que en una determinada época histórica se convierte en convención cultural a la siguiente puede devenir en arqueología. Estos cambios de criterio, que son la materia de estudio de la Historia de las Ideas, deben ser entendidos como un inequívoco síntoma de vitalidad. El arte que no evoluciona y cambia sin cesar, o que no se cuestiona a sí mismo y a su tradición, como los hombres, acaba siendo creación muerta o, en el mejor de los casos, un arte difunto, aunque atesore la esperanza de resucitar bajo otra máscara, otro nombre o en el tiempo del porvenir.

Las Disidencias en The Objective.

Norberto Bobbio y el pie en el estribo

carlosmarmol · 18 abril, 2026 ·

“Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”. Así describe Cervantes, en el venerable prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su historia septentrional, una novela postrera de orden bizantino, que además fue póstuma, el pálpito insidioso de esa hora decisiva que todos llamamos muerte. La expresión no es original, sino herencia de una tradición que vinculaba el final de la vida con la pieza de metal, madera o cuero –dependiendo de los posibles– que ayuda al jinete a subirse o bajarse del caballo y que, en Cuba o en México, da nombre al último trago tras una noche de parranda. “Ayer me dieron la Extremaunción (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia”, explica el escritor –el 19 de abril de 1616– a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, a quien dirige su lamento. Cervantes se sabía mortal –padecía hidropesía: bebía agua sin parar, probablemente debido a una diabetes–, y su endecha no oculta, ni inventa, lo irremediable: “Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. No existe canto más hermoso a la vida que aquel que se entona en el momentum de la muerte o durante su preludio habitual, que es la vejez. 

Las Disidencias en The Objective.

Houellebecq para ‘dummies’

carlosmarmol · 11 abril, 2026 ·

El difunto Francisco Rico, último príncipe de la filología española, al decir de José Carlos Mainer, solía recomendar a sus alumnos, y exigir a sus discípulos, a los que trataba como un Pontifex Maximus, que antes de enfrentarse con un autor o a una determinada obra literaria, sobre todo si se trataba de un clásico, indagaran en el caudal de estudios, monografías y estudios escritos sobre dicho particular, de forma que cuando se las vieran con el original conocieran ya, aunque fuera de forma somera, lo que otros, mucho antes que ellos, y quizás mejores, pensaron sobre esta literatura. Empezar por la exégesis antes de conocer de primera mano un texto literario canónico es causa de herejía para muchos filólogos, pero se trata de un sabio consejo. Evita –como explicaba Rico– descubrir Mediterráneos donde ya existen y obliga al investigador a intentar ser original. De ahí que los ensayos literarios, cuya rentabilidad editorial es discreta, pero cuya función social sí es trascendente (siempre que se sepa elegir al crítico), ayuden, en el mejor de los casos, a descubrir los secretos de la literatura y, en el peor, contribuyan a enseñar a leer con talento, cosa nada sencilla. 

Las Disidencias en The Objective.

Leila Guerriero y las formas del periodismo microscópico 

carlosmarmol · 4 abril, 2026 ·

La realidad no tiene una introducción, ni un nudo y, por supuesto, carece de un desenlace. El mundo es porque sí. Sin más. Un día estamos aquí; al siguiente desaparecemos sin dejar rastro. Entretanto ocurren y nos suceden cosas. Si por donde vamos cada uno lleva consigo su novela, como dijera Galdós, quien no es un novelista profesional –porque todos lo somos un poco– tiene que contentarse con ejercer, al mismo tiempo, de narrador y de personaje, de creador y protagonista, de escritor y lector de sí mismo. Hay quien percibe esta doble condición como un tormento. Otros disfrutan hablando consigo mismos para, como dijera Machado (Antonio), hablar algún día con Dios. A falta de señales celestiales expresas, lo más parecido al Creador Supremo, o a la figura mítica del demiurgo, que solemos tener más a mano son los periodistas. Por eso –antes– el hombre común quizás no leyera muchos libros, pero sí solía buscar en los periódicos, esos arqueológicos animales mitológicos, la trama de los días ordinarios. 

Las Disidencias en The Objective.

El sambenito y la España del furor diabólico

carlosmarmol · 28 marzo, 2026 ·

El pasado es otra dimensión (más) del presente. Las huellas del pretérito, escondidas bajo el disfraz de la desmemoria o ayudadas por la ignorancia, perviven en nuestro imaginario colectivo y se proyectan, para asombro de quienes aún son capaces de percibirlo, en nuestra manera de expresarnos y de contemplar la realidad. Hablamos, sin saber por completo el origen de aquello que decimos –dado el desconocimiento de la etimología–, igual que los difuntos que nos han precedido sobre la Tierra. Donde mejor se nota esta persistencia cultural es en el lenguaje, depositario de nuestra identidad. ¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de tirar de la manta? ¿Por qué poner verde a alguien se interpreta como una amenaza? Todos estos conceptos del idioma vulgar poseen esa rara capacidad de perdurar en el imaginario cultural. Proceden de un universo en apariencia desaparecido pero que sobrevive.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell